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Una historia de injusticia

El Segundo Tribunal de Distrito Unitario absolvió del delito de portación de armas de uso exclusivo del Ejército a José Manuel Mireles, exlíder de las autodefensas de Michoacán. Un tema que pretende pasar desapercibido y los medios de comunicación le dan mucho más fuerza a la difusión de la real o inventada manipulación del fideicomiso para apoyo de los damnificados del sismo del pasado mes de septiembre y que pudo ser manipulado por Morena para utilizarlo de soporte de las campañas electorales de sus candidatos, o bien una calumnia absoluta.
José Manuel Mireles estuvo dos años y seis meses internado en diferentes cárceles de máxima seguridad, a donde van a parar los más peligrosos delincuentes. Un año incomunicado y aislado de todo contacto con el exterior, sin recibir ni mensajes de su familia más cercana.
Como quienes se han lanzado en diferentes momentos a la guerrilla rural y urbana ante la cerrazón de un modelo político que el pueblo aniquiló con su voto el pasado primero de julio. Así, las autodefensas en Michoacán, Guerrero, se habla de Oaxaca y hasta del Estado de México, surgieron ante el acoso que la delincuencia tenía sobre las comunidades rurales.
Víctimas del asesinato, el secuestro, la extorsión, el reclutamiento forzoso de jóvenes, la violación de sus mujeres y otras atrocidades, obligó a organizarse en comandos armados para enfrentar a los malosos. El Estado les dio apoyo, los alentó, los protegió… luego los abandonó y acusó de delincuentes inventando delitos y sembrando supuestas evidencias para encarcelarlos. Aún hay decenas de campesinos presos que encontraron en su integración a las autodefensas una posibilidad de sacudirse la delincuencia y sus actividades criminales, como a Mireles, les han fabricado delitos.
A José Manuel Mireles lo detuvieron en un pequeño comedor de la sierra donde con otros compañeros estaban ingiriendo alimentos, el video que se difundió es claro, Mireles sí estaba armado, con tremendo muslo de pollo en tortilla serrana hecha a mano y cocida en comal. El operativo de quienes lo detuvieron fue el clásico que han hecho miles de veces y que ha enviado inocentes a prisión, sembrar armas y drogas. El doctor Mireles ha denunciado su posible asesinato.
Este método de detención el Estado mexicano lo ha utilizado como venganza para encubrir culpables, para presentar ante los medios de comunicación a personas inocentes acusadas de delitos que ellos mismos cometen, para mandar anuncios a los enemigos, y quizá hasta por diversión.
Otra historia es la de Nestora Salgado García, estuvo en prisión casi cuatro años por haber comandado la policía comunitaria de Olinalá en el estado de Guerrero. A Nestora le ofrecieron algunos millones de pesos porque se retirara de la policía comunitaria, se fuera a Estados Unidos. Nestora rechazó el ofrecimiento, a cambio, recibió amenazas de muerte, resistió. Finalmente fue acusada de secuestro como vía represiva tanto del poder político de Guerrero, detención que también beneficiaba a quienes mantienen los intereses más oscuros de esa región, ligados a la delincuencia y al poder político. Una vez más se vio cómo los ciudadanos están atrapados entre la ferocidad de una delincuencia asesina y la intolerancia del gobierno que los reprime.
Una de las esperanzas en el cambio decidido por los ciudadanos el pasado primero de julio es que se respete la ley, que no se castigue a inocentes, que se deje de manipular tanto la impartición como la procuración de la justicia en perjuicio de los más pobres. Lo casos de José Manuel Mireles y Nestora Salgado no deben seguir ocurriendo, el pueblo ha dicho basta, llegó la hora de escucharlo y no atender intereses de quienes se han servido de nuestro país por sobre los ciudadanos. O no.

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