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Unos minutos con Don Carlos

Que la gente salga de sus casas y de los comercios y en forma espontánea aplauda y grite ¡Viva Don Carlos! al paso del cortejo fúnebre, nos da un acercamiento al calibre de este ser humano excepcional.
La primera ocasión que hablé con él me dijo entre otras cosas que sí le gustaría ser gobernador de Durango; como se dice en el medio periodístico, me dio la exclusiva. Ya se especulaba ese tema, pero era la primera ocasión en que se daba en forma de declaración para ser publicada; desde luego fue noticia.
Era la inauguración del centro de rehabilitación Misión Korian; para la ceremonia se esperaba la asistencia de la entonces primera dama Martha Sahagún de Fox y como siempre en esos actos, citaron a los invitados y a la prensa con mucha anticipación.
Yo iba como reportero y a los pocos minutos de llegar me molesté por tener que estar confinado a una silla, por tener que esperar y no poder hacer nada. Me levanté y me salí.
En la puerta del lugar pude saludar a algunos de los personajes que llegaban rezagados y recabar algunas declaraciones; asistía la crema y nata de la política y de la iniciativa privada.
Y mientras algunos llegaban apresurados vi que alguien caminaba en sentido contrario, hacia la salida, era Don Carlos Herrera Araluce; desde luego me presenté y le pedí conversar con él unos minutos. Accedió y me invitó a ir hasta su camioneta y platicar ahí; subimos mientras el chofer se alejó un poco del vehículo.
Los reporteros hoy saben que una entrevista con Don Carlos aunque fuera breve o de banqueta, siempre era la mejor entrevista del día y de muchos días. Yo era consciente de la enorme deferencia que estaba teniendo conmigo, del privilegio de hablar con Don Carlos Herrera y desde luego estaba nervioso, pero desde el primer intercambio de palabras me hizo sentir cómodo y confiado; me habló con naturalidad y cordialidad. No entendía yo cómo un personajazo de esa talla podía mostrar tal apertura, hablar conmigo, con un modesto reportero, de manera tan abierta, mostrando hacia mí un genuino interés; comentarme temas en una forma tan intensa y usar palabras y dichos, profundos y, cosa tan difícil, divertidos a la vez.
Luego de un rato, le pedí permiso para grabar un poco de esa charla (siempre me ha gustado encontrar información al conversar con las personas más que “entrevistarlas”) accedió de buena gana .
Después de esa ocasión tuve la fortuna de saludarlo y escucharlo en varias ocasiones más, siempre respondió a mis preguntas en el mismo tono, claro, sencillo, con un afiladísimo sentido del humor, un admirable, envidiable conocimiento de los temas; y siempre con un lenguaje y un tono solo propios de él. Con harta frecuencia la entonación en su voz, su mirada y sus gestos llevaban mensajes igualmente claros… para el buen entendedor.
Con él no hubo temas vedados ni medias tintas; respondía sin cortapisas y aceptaba la crítica.
Y después de escucharle, aunque sea unas cuantas veces, la conclusión es inevitable: más que conocimiento, información, poder o sagacidad, lo suyo era… sabiduría.
Con el tiempo, me dispensó detalles de abrumadora gentileza, pero la mayor generosidad que tuvo hacia mí fueron los minutos de aquella primera conversación a solas.
Twitter: @MCervantesM

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