Loading

Vayan nuestros parabienes para todos

La sociedad de consumo poco a poco va minando tradiciones y culturas, la religión no se puede quedar atrás, la Navidad se ve según lo que se tenga, lo que se consuma, lo que se presuma. El espíritu religioso es desplazado por la voracidad del comerciante y la euforia del que puede consumir.
Seguramente no siente el mismo fervor religioso, la misma fe, la misma esperanza, quien percibe un salario mínimo o menos, que quien recibe un bono de doscientos mil pesos solo para pasar la Navidad, aparte de su ingreso de 150 mil pesos mensuales, con el seguro médico para ellos y sus familias en las mejores clínicas del país, con la posibilidad de que los manden al extranjero si la enfermedad lo requiere; mientras el de uno, dos o tres salarios mínimo va a que lo atiendan a clínicas y hospitales del sector salud, con filas para hacer citas, con espera de meses para que sean atendidos por el especialista, mientras sus enfermedades agravan.
El sector educativo en crisis, sin pies ni cabeza, sin una política educativa clara no obstante la llamada reforma educativa impuesta, no consensuada. Y ahí están los resultados, nuestro país en lugares internacionales que da pena y los responsables de le educación se quieren justificar con jóvenes brillantes que sacan distinciones del conocimiento a nivel internacional, se les olvida decir que se forman al margen de la basura educativa que reciben.
En materia económica no se diga, este país es un fracaso, con niveles que llegarán a los setenta millones de pobres y se disparará el número de jóvenes que no trabajaran ni estudian, seguiremos viendo profesionistas con salario de dos o tres mil pesos mensuales, un país que se convierte en drama social, aumentará la delincuencia y la inseguridad porque es directamente proporcional a la falta de oportunidades.
La clase gobernante busca explicaciones para su fracaso, el argumento más socorrido es que la economía global en crisis nos arrastra, se acostumbraron a vernos la cara de tontos, a insultar nuestra inteligencia, hoy a la sociedad le preocupan dos cosas, la inseguridad y la corrupción, los dos factores que aniquilan nuestro país.
Junto a la corrupción que va minando a nuestra sociedad se levanta la desigualdad más atroz, la aristocracia política se empodera, cualquier parecido con la nobleza medieval europea, con el zarismo ruso, con los emires y califas de medio oriente o las dinastías chinas no es mera coincidencia, es algo pensado, maquinado desde la perversidad del poder, la clase política se vuelve despiadada y violenta, encumbrada, lujosa, soberbia e insensible.
Así llegamos a esta Navidad, tratando de ocultar nuestras preocupaciones con abrazos y besos, con el intercambio de detallitos, ahogar nuestra incertidumbre con ponches, tamales y buñuelos, pasarla bien, ya después “haber que sale” dice el mexicano agredido, explotado, denigrado, marginado.
Escuchamos que hay que tener fe, en quien, en los gobernantes, suena ridículo, en el proyecto de nación, cual, en la religión, en cual, la de ellos o la nuestra, la nuestra es la guadalupana, la de las peregrinaciones, la de los sacrificios, la de la imploración, la del llanto, o la religión que huele a perfume, que viste ropa de marca y a la que se llega en carro último modelo.
Pese a este escenario tan desigual y perverso, enviamos nuestros para bienes a nuestros lectores, a nuestros amigos y familiares, a los que coinciden y discrepan con nosotros, a todos los trabajadores de esta empresa editora igual que a sus directivos y a la familia empresarial que mantiene esta fuente de trabajo, a mis compañeros escritores, a todos les deseamos una Feliz Navidad. O no.

Comenta con Facebook