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Vida y muerte del TLCAN

Así va a ser porque Trump ya lo mató. “Nos vamos a librar de ese nombre (NAFTA, por sus siglas en inglés) y lo vamos a llamar el Acuerdo Comercial Estados Unidos-México”, sentenció el todopoderoso desde el despacho Oval de la Casa Blanca. En el que Donald Trump con cara de perdonavidas volvió a imponerse en la batalla mediática al jalar cámaras y micrófonos para hablar con Enrique Peña Nieto al que solo se escuchó vía telefónica.

Se cierra así un ciclo de 13 largos meses de negociaciones, en el que la trilateralidad que le dio sentido desde 1994 fue puesta a prueba y finalmente se quebró. Ahora Canadá está fuera y se ve difícil que permanezca luego de que Trump llamó “deshonesto y débil” a Justin Trudeau, cuando fue el anfitrión de la fallida Cumbre del G-7, apenas en junio.

A partir de entonces y sobre todo en estas cinco semanas recientes los canadienses, aunque no lo dijeran en voz alta, se quejaron de la “traición de México” que se sentó a negociar por su cuenta con Washington que era lo que siempre había deseado Trump: acuerdos bilaterales con cada uno de los dos países.

Por lo pronto, el anunciado este lunes parece un gran triunfo político para Donald Trump, Enrique Peña Nieto y hasta para Andrés Manuel López Obrador.

A ver: Trump apenas puede con una sobrecarga de escándalos que amenazan aplastar su presidencia: excolaboradores cercanos en juicio, el rusiagate creciendo día a día; el silencio comprado a estrellas porno y conejitas y un libro sobre todas sus aventuras sexuales, que en una de esas rebasa las 600 páginas. Así que al magnate le urgía un salvavidas de cara al naufragio que lo amenaza en noviembre; el proceso electoral donde además de 30 gubernaturas se renueva un tercio del Senado y más de la mitad de la Cámara de Representantes donde, si se impone una mayoría demócrata, se aceleraría el “impeachment” o juicio político contra el propio Donald Trump por todas sus trapacerías.

En el caso de Peña Nieto, el todavía Presidente de México encara la aprobación más baja en décadas. A menos de cien días de la conclusión formal de su gobierno, el acuerdo es sin duda alguna un paliativo para un cierre que le permita salir mejor librado.

Y por supuesto que López Obrador también se beneficia de un convenio en el que ya intervino a través del señor Seade como observador activo apoyado en la imagen que su jefe ha generado en el propio Trump, quien confiesa una enorme simpatía y reconoce que “estoy muy impresionado con él”.

Ahora falta ver cómo cada una de las partes habla de la feria. Ya el presidente republicano ha dicho que después del “peor tratado de la historia”, ahora tenemos “un gran acuerdo comercial”.

Por su parte, nuestro Secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, asegura que “es un tratado que no aceptó cuotas ni restricciones ni tarifas”. Enfatizando que se mantendrá el libre comercio en el controvertido sector automotriz y prevalecerá el capítulo 19 sobre la solución de controversias. Igual destacó que la vigencia será de 16 años, aunque se “modernizará” cada seis. Falta ver si no hay letra chiquita en inglés en cada uno de estos rubros.

Y está pendiente la aprobación en nuestro nuevo Senado de la República. Aunque con la mayoría abrumadora de Morena y la “increíble simpatía” de su líder, este arroz —como el de julio— ya se coció.

Periodista

ddn_rocha@hotmail.com

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