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Violencia, ¿complot contra AMLO?

Juan Manuel Asai

Diversos analistas, sobre todo plumas afines a la 4T, comienzan a esparcir la idea de que los hechos de violencia de alto impacto registrados en días recientes en el país tienen la intención política de mostrar que el equipo de López Obrador no puede con el paquete de gobernar, comenzando por la responsabilidad elemental de brindar seguridad a los ciudadanos, que es la raíz del pacto social: “tú me cuidas, yo te obedezco”.

Dándole una vuelta a esa tuerca, “si tú no me cuidas, yo no tengo la obligación de obedecerte”. Así surgiría la posibilidad de mandar al gobierno a las regaderas incluso antes de que concluya el primer tiempo. No estaríamos ante eventos de violencia producto del colapso de las instituciones policiacas y de la incapacidad del nuevo gobierno para enfrentar un desafío que a todas luces lo supera. Estaríamos ante un complot de fuerzas oscuras con ganas de desprestigiar el trabajo del presidente y las decisiones que ha tomado.

Usted ¿qué piensa?  Desde mi punto de vista la actual administración recibió un cochinero a nivel nacional en materia de seguridad y casi seis meses después no sólo no ha podido darle una limpiadita, sino que se ve más sucio. Tampoco era justo suponer que por arte de magia las cosas cambiarían, aunque muchos personajes del actual gobierno, cuando estaban en campaña, aseguraron que sería cosa de sentarse en la silla para comenzar a ver resultados. Sobra decir que mintieron.

No se puede culpar a AMLO del desastre en materia de seguridad en el país, pero sí se le pueden exigir mejoras desde el día que comenzó a tomar las decisiones. Lo mismo puede decirse del gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García o de Cuauhtémoc Blanco, de Morelos. No está de más recordar que Veracruz viene saliendo de gobiernos encabezados por Duarte y Yunes: peor, imposible. En el caso de Morelos, antes de Blanco el gobernador era Graco, del PRD, y antes Marco Adame y Estrada Cajigal, estos dos últimos panistas que alcanzaron el poder gracias a los desastres inenarrables de los gobiernos del PRI. De modo que en todos los casos la descomposición comenzó hace mucho tiempo y hoy se recogen los frutos podridos de todos esos años.

Y no obstante ni AMLO, ni García, ni Blanco pueden eludir su responsabilidad. Desde luego la valoración de sus actos tiene que ser equilibrada, tomando en cuenta las circunstancias, pero es obvio que sus adversarios políticos van a tirarles con todo como ellos, en su oportunidad, lo hicieron con quienes estaban en el poder. Pero el cambio se puede y debe notar en el fin de la impunidad. El caso de matanza de Minatitlán es un buen ejemplo. Haber capturado a varios de los responsables es un buen primer paso. Lo siguiente es cuidar con rigor el debido proceso y que los responsables de la atrocidad pasen el tiempo que la ley disponga en prisión.

Lo mismo puede decirse en el caso de Morelos. Blanco no es responsable del clima de violencia que impera, pero sí lo es de dar con los autores intelectuales del doble crimen de la Plaza de Armas. Si lo consigue ese clima de violencia mejorará. A nivel federal ocurre algo similar. En suma, descreo del complot político contra AMLO, aunque advierto la descomposición previa e incompetencia de los nuevos gobernantes. La exigencia es que en los casos que ocurren dentro de su periodo se aplique la ley, que es a lo que se comprometieron cuando asumieron sus cargos.

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