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Violencia que genera violencia

Los desmanes y actos vandálicos ocurridos el pasado fin de semana en la Ciudad de México, en el marco de las manifestaciones en contra de la violencia hacia las mujeres, pone de manifiesto dos grandes temas para el debate: el hartazgo e impotencia de un grupo que descree del gobierno que no les brinda condiciones para sentirse seguras por su condición de género y, otro, la manera en cómo puede desvirtuarse un movimiento social genuino por la participación de grupos de radicales, que con sus acciones mueven el foco de atención de la causa que dio origen a la manifestación.

Durante la manifestación, que inició de manera pacífica, con el correr del tiempo se fue tornando violenta. A su paso fueron vandalizando edificios, rompiendo vidrios y obstruyendo el trabajo de reporteros y camarógrafos que cubrían el evento. Las cámaras captaron el momento en que Juan Manuel Jiménez, periodista de ADN 40, fue golpeado cobardemente en el momento en que daba un reporte en vivo. A Melissa del Pozo, reportera de Milenio Televisión, le fue arrebatado su celular.

Los datos duros exhiben el tamaño de la problemática de la violencia de género. En nuestro país se cometen 270 feminicidios en promedio al mes. En Durango la cifra se elevó hasta en un 200%. De hecho el pasado sábado en el municipio de Guadalupe Victoria se registraron dos asesinatos a mujeres. Una de las víctimas era una joven 15 años, la otra, tenía 19. A principios de mes, la joven Dafne Gómez fue privada de su libertad, asesinada y enterrada de manera clandestina, por si todo esto fuera poco, fue tundida en las redes sociales.

Es indudable que el riesgo que entraña una mujer en nuestro país es elevado. Se carece de una cultura de equidad y género, así como leyes que penalicen de manera más estricta los delitos cometidos contra mujeres. Las llamadas alertas de género deberían de estar activadas en todo momento en el territorio nacional. En los años noventa cobraron notoriedad las muertas de Juárez. En la actualidad, la fatalidad en contra de las mujeres no distingue geografías.

El movimiento del fin de semana en la Ciudad de México mostró que quienes lo integran asumen posturas diferentes hacia la misma problemática. Hay posturas más conservadores y otras totalmente radicales. La periodista y escritora Elena Poniatowska, ante los sucesos ocurridos durante la manifestación posteó en Twitter: “la brutalidad y el destrozo jamás pueden estar ligados a la acción de la mujer”. Como era de esperarse, dividió opiniones.

El gobierno de Claudia Sheinbaum, ante estos sucesos, ha sido ineficaz, permisible y contradictorio. Amaga con fincar responsabilidades ante quien resulte responsable por los actos vandálicos. Posteriormente, se desdice.

El feminicidio es el último grado de afectación que una mujer puede sufrir. Discriminación, acoso, violencia psicológica y física, violación, son pasos que quedan en medio. El desamparo, la impotencia y el coraje que sienten contra las autoridades tiende a buscar algún punto de fuga y generar violencia.

Superar esta situación, encontrar soluciones para crear contextos más favorables en la equidad de género es tarea de todos. Si contribuimos todos con el esfuerzo de ellas, será más fácil.

ladoscuro73@yahoo.com.mx

@ferramirezguz

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