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Y a usted: ¿le gustó su regalo?

Se va volando el mes de diciembre y lo esperado se convierte en anécdota y nostalgia. Es común que para los rucos surja un hondo suspiro y un “una navidad más”, como temerosos que para el otro año no carguen los peregrinos.

Un mes de fiestas y euforia, la moda es irse a Mazatlán a pasar el año nuevo, que al cabo con la supercarretera esta ya cerquita, dicen, y a sacar el guardadito, pedir un préstamo, o hacer una trácala, al cabo ahí está el monte de piedad que no raja, por lo pronto que siga la fiesta, hay después haber que sale.

No importa ir a acampar y luego buscar a un cuate que de chance de bañarse y usar el WC, quizá hasta una invitada a comer le saquen, y así van de saludo en saludo con la raza de Durango: ¿y ustedes cuando se van? ¿En qué vienen?, ¿Cuántos son? Una manera de indagar si hay posibilidades de rait, el chiste es cotorrear soñando que se encontrarán una gringa que les “piche” todo.

Un mes de mucho rezo para los rucos y rucas que de jóvenes fueron bien locos y ahora muy religiosos, así es la vida, se van a misa con el coraje que ninguno de los jóvenes de la casa los quiso acompañar, así que se van con alguno de los niños bajo la promesa de la compra de un chocolate, porque ahora ya nada es gratis.

Mes de dar y recibir regalos, del intercambio, de las sorpresas, de ir y venir, de entrar y salir a las tiendas buscando una oferta, algo que sin gastar mucho los haga quedar bien, y buscan y buscan y vuelven a buscar, finalmente fatigados y después de ir a las mejores tiendas departamentales terminan en el ex cuartel Juárez comprando “chácharas”, y cuetes, desde palomas hasta tamales para hacer escándalo la noche buena.

Y se acerca el día del intercambio, todos llegan con sus regalos, coloridos y con grandes moños. La charla se pone buena con los ponches cargaditos, y empieza el  “recortadero” ¿Y Chole?  aquí estaba con nosotros el año pasado, pues hoy no quiso entrar al intercambio, anda muy “sangroncita”;  hay sí, a mi me toco que me regalara el año pasado, dijo que venía de prisa y había dejado el regalo en casa, pero me lo daba después, aún la estoy esperando pues ahora ni nos peló, a mí me tocó regalarle hace un año, interviene otra, le compré un perfume bien caro (lo compró en la explanada). Con eso que tiene novio y dice que pronto se van a casar ya ni quiere hablar; ni sabe que es su noviecito es una joyita, el primo de un amigo lo conoce re bien, es un patán, mujeriego y flojote, tiene treinta años y todavía vive con sus mamá.

Un botana, unos ponchecitos con ron y a intercambiar regalos después del abrazo de parabienes y buenos deseos. Que lo abra, que lo abra, que lo abra, y con cara bobalicona se van abriendo los regalos: Una pijama para verano porque está bien sencillita, una pantuflas de las que teje la mamá, una blusa verde con adornos de lentejuelas moradas, unos pants inmensos, y así, de las bonitas cajas van surgiendo las cosas más impredecibles, que todos reciben con grandes muestras de felicidad y agradecimiento, tan emotivo es el momento que casi se derraman lágrimas.

Apenas llegan a casa y se comunican.

– Hola ¿te gusto el regalo?

– Como crees, que mal gusto, una blusa verde con morado, que le pasa.

– Bueno pues te toco la mas “naquita” del grupo, ni modo.

– Pero ni crea que me la voy a poner, que horror ( en misa de gallo la mamá la luce con gran sonrisa).

Pues a mí el pants que me regalaron es un asco, contesta la amiga, imagínate, no le queda ni a mi papá, que me quiso decir, que estoy gorda como ella o qué, yo tampoco lo usaré, además que gustos tan chafas, una corrientada. Efectivamente, el pants le queda grande y se lo lleva a la costurera Para que “le agarre tantito”, es el único que tiene, al cabo en la casa nadie se lo ve, piensa.

Y la cena baile que tanto han esperado, olvídense, el jefe ya entrado en ponches bien cargados de tanguarnis  saca a  su secretaria a bailar, que oso, se quiso hacer el roquero bailando de “tirnocito” y zaz que se le suelta y hasta la mesa de la contadora fue a dar, tirando todo.

Y el diseñador muy entrado con doña “soco”, la del aseo, bailando de a cartoncito de cerveza, los dos con los ojos vidriosos de tanto ponche, y así las fiestas navideñas se convierten en puro reventón, al final, todos felices y contentos. Y a usted ¿Le gustó su regalo? Con nuestro mejor deseo de que siga disfrutando estas fiestas navideñas. Va.

 

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