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¿Y si acaso Meade..?

Yuriria Sierra

Hace unos días, como tantos otros colegas, leímos en la renuncia de Luis Videgaray una suerte de voto de Enrique Peña Nieto en favor de Miguel Ángel Osorio Chong en sus cálculos sucesorios. Durante estos cuatro años de gobierno, para nadie fue un secreto que la rivalidad entre el secretario de Hacienda y el de Gobernación tenía como telón de fondo no sólo la influencia en la toma de decisiones de EPN y el control del mayor número de activos políticos en los Poderes de la Unión, y en las gubernaturas, y hasta en la oposición. Durante ese lapso, Videgaray, cual ajedrecista, fue ganando casi todas las batallas. Por eso la de anteayer parecía un inesperado triunfo para Osorio. Sin embargo…
Déjeme traer a colación un texto que escribí hace unos meses, cuando el exdirigente del PRI, Manlio Fabio Beltrones, dijo que en su partido no descartaban la posibilidad de una alianza electoral para 2018 ante la fragmentación del voto previsible a partir de las encuestas. En aquel momento, citamos la aritmética electoral posible: “Si la elección fuera hoy estaríamos peor que España: en una elección de tres, casi cuatro. PRI, PAN, Morena y un PRD muy lastimado. Pero ninguno de ellos obtendría más de 27% de los sufragios. Una cifra de risa si lo que se pretende es construir gobernabilidad. Y en todas las democracias la construcción de puentes es un asunto natural: las famosas ‘coaliciones gobernantes’, como les llaman en los regímenes parlamentarios. El PRI es hoy el partido en el gobierno, no la tiene fácil frente a dos candidatos posicionados. El tricolor se ha tardado en construir su apuesta para la sucesión presidencial. Pero aunque fuera ya un precandidato con la misma exposición mediática que Anaya o AMLO, se antoja difícil que hasta el más conocido de sus suspirantes pudiera competirle con holgura a El Peje…”. Y ahora también a Margarita Zavala. Aseguré que el único candidato que tenía el PRI capaz de abanderar una posible alianza, con el PAN o el PRD, era José Antonio Meade. No sólo porque de los secretarios de Estado de Peña era el único que contaba con la trayectoria necesaria para dirigir a un país, sino con algo de lo que los demás alfiles de Peña carecían: capital moral.
Para 2018, más importante que el capital político, económico y partidista será el capital moral. Vuelvo a pensar lo mismo. A pesar de que en las últimas dos encuestas Osorio no apareció tan lejos de AMLO y Margarita, su partido tendrá un escenario difícil para la elección presidencial. La marca PRI está dañadísima y los electores están sedientos de opciones que les recuerden que su voto sí puede marcar una diferencia. O un castigo. Y no sólo los electores, también los empresarios. Y las organizaciones civiles. Y los medios. Y la academia. Pero, sobre todo, la gente de a pie, que está harta de sentir que la clase gobernante se ha vuelto descarada e insensible. Carlos Loret de Mola escribió en El Universal: “Para un perfil como el de Meade, pasarlo de Sedesol a Hacienda es un reimpulso a sus aspiraciones (…) Es también una señal de Peña al PAN: poner en primera fila de carrera dentro del PRI a alguien con quien la base panista tiene vasos comunicantes…”. Los priistas han comenzado a ponerse las pilas pensando en lo que sucederá en 2018. Si bien las encuestas marcan como el mejor posicionado de su partido a Osorio, habrá que seguir de cerca a Meade. Porque, sin segunda vuelta, a ningún partido le alcanzará para ir solo y garantizar una victoria electoral. Al PRI le conviene más un candidato capaz de tender puentes y con buena interlocución que cerrar filas contra quien apenas puede lograr entre un 23 y un 26% de votos, si bien le va. En Los Pinos, tal vez, estarán pensando en ello, quiero suponer.
Por lo pronto, Meade ya entregó el Paquete Económico 2017: “Es un momento en donde se ve debilidad en el mundo, se ve volatilidad, y lo que sí puede controlar México es qué señales manda… México tiene que mandar señales de certeza, de fortaleza y de orden, y señales de que es capaz de consolidar sus finanzas públicas, que es capaz de hacer los esfuerzos que requiera para que mantenga la credibilidad que se ha venido ganando en el mercado…”, me dijo en Excélsior Televisión. Y a ello habrá que añadir que si, efectivamente, EPN cumple con la promesa de no subir ningún otro impuesto, Meade podría estar en capacidad de ser el candidato que le dé a Peña Nieto la salida más decorosa en las urnas en 2018… así sea, por primera vez, con una alianza electoral más allá del Verde o Nueva Alianza.

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