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¿Que el Estado ya no financie los partidos y desaparecer plurinominales? ¡Cuidado!


Lo anterior, a bote pronto se oye bien, pero veamos, en el fondo, hay truco. Del desencanto de los mexicanos al gobierno de Enrique Peña Nieto que empezó a manifestarse en hartazgo antes de llegar a la mitad de su gobierno, pasamos a la desaprobación mayoritaria de los mexicanos a la clase política mexicana, particularmente a los partidos, a unos más, a otros menos.
Pero después del gasolinazo del 1 de enero, de los escándalos cada vez más frecuentes de corrupción escenificados por los ex gobernadores y, lo de Odebrecht, OHL y lo denunciado por “Animal Político” con datos escalofriantes de todo un esquema nacional de corrupción y… de los temblores del 7 y 19 de septiembre, del hartazgo pasamos al repudio de la sociedad hacia el gobierno y su clase política.
En las prisas por congraciarse con el electorado ante el evidente rechazo social a los partidos políticos y a todo lo que huela a poder, así como por no verse rebasados por Andrés Manuel López Obrador, quien fue el primero en renunciar al 20% de sus prerrogativas, ante el primer temblor del 7 de septiembre y luego del segundo sismo, del día 19, al 50%, los demás partidos políticos pronto ofrecieron en subasta “Las perlas de la virgen”.
El PAN, PRD y MC, dicen querer renunciar al 100% de las prerrogativas, mediante una proceso de reforma electoral y constitucional, siempre y cuando el gobierno también se ajuste el cinturón en el costo burocrático y gastos suntuosos.
Morena no confía en la honestidad del gobierno y plantea la creación de un Fideicomiso integrado por personajes de intachable honorabilidad, para hacer la entrega directa a damnificados, pero agrega que se venda el avión presidencial, se quiten las pensiones millonarias a los ex presidentes y se vendan edificios sub utilizados del gobierno.
El PRI, ofrece devolver a la Secretaría de Hacienda sus prerrogativas para que se apliquen a los damnificados y, aprovecha el viaje y propone desaparezcan los diputados plurinominales. Pero las supuestas ayudas partidarias a los damnificados, siguen empantanadas en la guerra de dimes y diretes entre y los ofrecimientos se los lleva el viento.
Pero el tema de los plurinominales se cuece aparte, la idea original era buena, a través de los plurinominales se daba representación, voz y voto a las minorías en la vida parlamentaria, en teoría estaba correcto. Pero … el pero de siempre, los partidos políticos abusaron de esa bondad democrática.
Ahora, todos estamos ciertos que los ciudadanos detestamos la figura jurídica de “Los plurinominales”, porque se fue degenerando, apareció de nuevo la deshonestidad de los partidos y lo distorsionaron, fue la rendija por la que unilateralmente las cúpulas de los partidos a su antojo metieron de diputados y senadores plurinominales a sus hijas e hijos, yernos y a sus cuates más cercanos e incondicionales.
Por eso el enojo contra los plurinominales es mucho, pero ese tema tiene sus bemoles desaparecer los plurinominales, también dejaría sin representación a las minorías y sin contrapesos, regresaríamos a los tiempos anteriores a la reforma política de los 70s. y las de los 90s. Casi nos iríamos a un bipartidismo tipo Estados Unidos.
¿Por qué no mejor, prohibir por ley el nepotismo en las candidaturas y fijar un esquema de elección interna en los partidos en plurinominales, ya no por designaciones cupulares?
Por otro lado, que el Estado Mexicano ya no financie a los partidos políticos, sería tanto como privatizarlos, porque, aunque los únicos partidos que sí tienen otras fuentes de financiamiento son el PRI con recursos del erario y el PAN, con apoyos tradicionales de corporativos y empresarios que todavía los apoyan, pero, ¿Y los demás? No sé si el golpe lleva dedicatoria, pero parece que al que más le afecta es al naciente partido Morena de López Obrador.
Al resto de los partidos, se les pondría contra la pared, porque carecen de una estructura propia de autofinanciamiento y estarían destinados a desaparecer, que algunos lo tienen muy merecido por cierto. Pero quitar plurinominales y prerrogativas sería regresar a la década de los setenta, a los tiempos del autoritarismo, de candidatos únicos a la presidencia, a la sobre representación del partido “oficial”, dejando en manos de los poderes fácticos y delictivos la política, en tiempos neoliberales en que sólo falta privatizar los partidos.
Pero particularmente le afectaría a Morena, porque estando tan bien posicionado en las preferencias electorales, le quitarían el recurso para poder hacer campaña y cancelar o reducir drásticamente sus giras por todo el país.
Pero como lo anterior para que proceda tiene que pasar por un proceso legislativo y apoyarlo la mayoría, lo cual no sucederá, porque el PRI sólo no tiene mayoría en la Cámara amén, que estamos en pleno proceso electoral que ya se instaló el pasado 8 de septiembre y nuestra legislación contempla que ya no se pueden hacer reformas o cambios en materia electoral, no deja de ser un recurso discursivo de coyuntura que no prosperará al menos de inmediato. Y eso el PRI lo sabe muy bien.
Entonces, la salida que yo veo, es, incrementar el actual mínimo de votación para los partidos pequeños y reducir, no desaparecer, los diputados plurinominales. Y en cuanto al financiamiento de los partidos, encontrar una rendija legal y consensuada, para reducir las prerrogativas, no desaparecerlas, que eso es demagogia, pero lo mismo el INE, que predique con el ejemplo y renuncie a sus monumentales montos millonarios y reduzca su burocracia y todos, hacer una democracia más barata para un pueblo tan pobre y en contingencia.
Mi temor es que el repudio social se traduzca en abstencionismo, porque entonces las cosas seguirían igual.