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Zabludovsky, conquistador de amigos y de críticos

observatorio politico

Como es de comprenderse, poco o nada se puede agregar a lo ya dicho en el impresionante alud de narrativas a la muerte del fundador del mundo noticioso televisivo, que fue y seguirá siendo referencia obligada de aquel México ido, del omnímodo poder presidencial y la hegemonía de un solo partido en el poder. Otros tiempos. Para analizar y juzgar a un hombre, debemos entender también el contexto que le tocó vivir.
Para mi generación, el periodista más completo del siglo XX, que ha nacido en México, es sin duda el Lic. Jacobo Zabludovsky Kraveski, a quien en una apretada síntesis podemos hacer su crónica en unas cuantas líneas. Necesarias para que los jóvenes hagan un recuento de la dimensión exacta de este personaje.
Se trata de un mexicano nacido en el año de 1928 en la Col. Doctores, su infancia y primera juventud transcurrió en la Col. La Merced, del viejo Distrito Federal y egresado como Abogado de la UNAM. Periodista desde 1946, iniciándose como reportero de “·3 radio” y articulista en la Revistas semanales “Siempre” y en “El Redondel”. Más tarde en el periódico “El Universal”.
Ya se ha dicho, pero justo es recordarlo en esta relatoría, fue un apasionado taurino de por vida, enamorado del tango como pocos, de una cultura envidiable, amante y cronista vivencial del Centro Histórico de la Ciudad de México, acucioso conocedor de la ciudades Madrid, España; Buenos Aires, Argentina y La Habana, Cuba; sabido es, que era de un fino humorismo, profesional de facto de la gastronomía internacional y poseedor de un pleno dominio del lenguaje aplicado con gran propiedad.
Otros de sus placeres: Consumir su inmensa biblioteca, como lector infatigable que era; recorrer el mundo, conocer caminando las ciudades, como contumaz viajero que fue, afecto al buen vestir, coleccionista de pinturas, y su compulsión por seguir los acontecimientos mundiales.
¿Quiénes, de nuestra época, no vamos a recordar las geniales trasmisiones que hizo al Comandante Fidel Castro, a unas horas de la revolución cubana triunfante? ¿O la trasmisión que hizo al arribo del poder de Winston Churchill en Inglaterra, o la del primer paso del hombre en la Luna desde la base espacial de Cabañeral en los Estados Unidos, o sus testimonios en el funeral de John Fitsgerald Kennedy desde Washington? La entrevista al Papa Juan Pablo II, y la del primer candidato independiente que ganó la presidencia de Perú, Alberto Fujimori.
Memorable su espléndida entrevista con Nikita Khrushev y sus testimonios en la caída del Muro de Berlín, sus diálogos con los presidentes estadounidenses Jimmy Carter y Ronald Reagan y otros jefes de Estado que marcaron el rumbo del mundo. O su espléndida narrativa durante todo el día en medio de aquel fatídico terremoto de la Ciudad de México en el inolvidable 19 de Septiembre de 1985, con sus imágenes en vivo derrumbándose los edificios o ya convertidos en cenizas, trasmitidas desde el teléfono satelital de su automóvil. No hubo un mexicano que no las viéramos.
Su histórica entrevista con el guerrillero Ernesto “Che” Guevara que recorrió el mundo y la polémica entrevista con Andrés Manuel López Obrador en pleno desafuero. Donde sí le ganó Julio Scherer una entrevista, fue con el Subcomandante Marcos del Ejército Zapatista. O cubriendo desde un hospital de Tijuana el asesinato de Colosio a unos minutos de suceder.
Qué decir de sus programas más vistos que fueron los “Noticias Nescafé”, “Eco” y el memorable “24 Horas” de Televisa que se transmitió invariablemente durante 27 años en sus ediciones que salían al aire a las seis de la mañana, luego, de 1 a 3 de la tarde y a las once de la noche. Iniciaba su trasmisión con el sonido de las campanas de la Catedral y la terminaba con la interpretación de un tango, de preferencia los de Carlos Gardel. Y se daba tiempo para leer un libro a la semana, dicho por él mismo.
Después de adolecer en tres ocasiones el cáncer, que lo superó, regresó a “Cable Visión”, simultáneamente tuvo su última incursión en el periodismo escrito como director general del periódico OVACIONES, el Diario más leído en la Capital. Optó luego por la Radio, en “Radio Centro” donde hizo famosa su frase “Usted llame, yo siempre le contesto” dedicado a los taxistas del DF.
Sencillamente, el periodista que hizo escuela en la prensa escrita, radio y televisión durante más de 70 años, entre sus pupilos y excolaboradores que siguen teniendo vigencia, se cuenta: el madrileño Joaquín López Dóriga Velandía, Lolita de la Vega, quien lloró “en cuadro” al dar la noticia de su deceso; Guillermo Ortega Ruiz, su relevo en Televisa; Juan Ruiz Gil, Pepe Cárdenas, Ricardo Rocha, Jaime Almeida, Maxine Woodside, Félix Cortez Camarillo, Jorge Berry, Graciela Leal, Heriberto Murrieta “el joven Murrieta”, como le llamaba Jacobo. Una peña de talentosos comunicadores.
Una época de grandes personalidades.
Sus amigos del mundo de las artes, las letras y del espectáculo más entrañables: los excepcionales pintores Salvador Alí, Diego Rivera y José Luis Cuevas. Escritores Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, artistas como Mario Moreno “Cantinflas”, María Félix, Antonio Badú, Chucho Gatica y amigo de los “matadores de la Fiesta Brava”: “El Curro” Rivera, Eloy Cavazos, Rodolfo Gaona, Joselito Huerta, “Armillita” Garza y Manuel Capetillo. No hay que olvidar su amistad con José Pagés Llergo.
Pero como todo en la vida, no sé si merecida o inmerecidamente, se le construyó una leyenda negra. Los “contraluz” son inevitables. Pero era un periodista que se volvía noticia, por las primicias noticiosas y la cobertura mundial, un hombre que influía en la opinión pública; la elegancia para decir las noticias de manera concisa y maciza, sin hacer comentarios al margen, sencillamente marcó un estilo; con una relación muy estrecha con los hombres del poder. Finalmente, la polémica envuelve a todos los hombres públicos.
Puntual en su forma profesional de dar las noticias. Sabía contextualizar sin editorializar, no afecto a los adjetivos ni a las descalificaciones. Inexpresivo e inmutable en las pantallas sin asomo de emociones. Personaje controvertido ciertamente, de muchas facetas y aristas también, pero de un señorío irrepetible y de una disciplina férrea, de ese tamaño era la estatura de Jacobo Zabludovsky, con su infaltable corbata negra en honor a su padre fallecido.

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