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Hechos en Durango: Manuel Villa, el pequeño con un gran corazón


Diego Manuel Villa Espinoza, que radica actualmente en la ciudad de Durango, se ha caracterizado por ser un joven con muchos sueños y metas en la vida y que a pesar de todas las duras pruebas que le han tocado ha podido salir adelante y continuar persiguiendo sus sueños.
En unos inicios el futbol fue su vida y su pasión, ya que es un deporte que atrapa a la gente y en el caso del joven Manuel no fue a excepción y terminó atrapado en este mundo del balompié.
Cuando era más pequeño intentó por todos los medios posibles entrar al futbol y a pesar que debido a su corta estatura se convirtió en la burla de todos sus compañeros y amigos, esto jamás lo detuvo, al contrario asegura que todo esto le sirvió como motivación para salir adelante y por medio de la disciplina y la entrega, demostrarles a todos esos que se burlaban que estaban en un error.

CALLANDO BOCAS

Su determinación, entrega y compromiso lo llevaron a lograr ser parte del equipo de la localidad, los Alacranes de Durango, equipo con el que practicó durante mucho tiempo y con el cual se sentía feliz de haber logrado lo que nadie hubiese pensado que el “pequeñín” pudiera lograr.
A pesar de que esto ya era un gran logro a nivel personal, no le bastaba al ambicioso Manuel, quien en los intentos de alcanzar su sueño siguió buscando oportunidades en otros lados, hasta llegar a lo que fue su experiencia en la fuerzas básicas de un equipo profesional de primera división: los “Tuzos” de Pachuca.
Se mantuvo durante un breve pero productivo tiempo en este club pero la falta de oportunidades y lo que parecía sería un obstáculo más, lo llevaron a buscar suerte en otro saldo y fue así como logró llegar a las fuerzas básicas de otro equipo de primera división, esta vez fue con los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León, donde tuvo la oportunidad de crecer mucho futbolísticamente al estar conviviendo con grandes elementos del futbol nacional.

PRIMER DURA PRUEBA

Cuando todo estaba marchando de maravilla para este joven que estaba en el camino de lograr cumplir su sueño, la tragedia tocó por primera vez su puerta, pues la vida había decidió llevarse a sus padres, lo cual lo dejo muy solo y devastado, pero con el paso del tiempo se dio cuenta que esto solo le serviría para madurar en muchos aspectos que le ayudarían en un futuro para su vida personal pero sin lugar a dudas ese primer impacto es algo que jamás olvidará.
“Fue muy duro definitivamente, perder a tus padres no es nada fácil y cuesta mucho trabajo el entender por qué pasan las cosas, pero una vez que lo logras te das cuenta que todo pasa por el algo y hoy me doy cuenta que eso me sirvió para convertirme en el hombre que soy ahora” comentó Manuel, quien no pudo evitar que sus ojos se humedecieran al recordar a sus padres, a los cuales les prometió sería el mejor en todo lo que hiciera en la vida.

UNA MOTIVACION MÁS

Una vez superada la terrible pérdida de sus padres, (cabe mencionar que para este joven su abuelo fue como su padre), decidió seguir en la búsqueda de la realización de sus sueños y fue ahí cuando en esa búsqueda conoció a una muchacha, de la cual no quiso mencionar el nombre, pero de la cual quedó completamente enamorado al grado de que esta muchacha le regaló lo que es su motor y su inspiración: una pequeña niña que es la luz de los ojos del joven Manuel y que desde ese entonces supo que con mayor razón debía salir adelante para llegar a ser un gran ejemplo para la pequeña princesa, quien apenas celebró su primer año de vida.

CERO Y VAN DOS

Con el nacimiento de la niña y por la muerte de sus familiares tuvo que ponerle una pequeña pausa a sus sueños de convertirse en uno de los mejores arqueros de la zona, porque cabe mencionar que a pesar de ser pequeño de estatura su habilidad bajo los tres palos era sobresaliente; en el transcurso de esta pausa y ya de regreso en Durango la vida nuevamente le puso un nuevo reto en su camino, el cual le costaría muy caro.
Cuando todo parecía mejorar, Manuel sufrió un terrible accidente automovilístico el cual no solo causó daños a su vehículo sino que le costó sus sueños, ya que el impacto tuvo consecuencias graves en sus rodillas, al grado de que no podría volver a jugar futbol.
Este golpe fue durísimo para él y a pesar de la depresión que lo aquejaba sabía que tenía que encontrar la forma de sobreponerse y fue así como las puertas del arbitraje llegaron a él y no lo pensó dos veces para aceptar esta nueva señal del destino.
Con apenas 17 años, Manuel ya ha vivido de todo: es el orgulloso padre de una pequeña, perdió a sus dos ejemplos a seguir: su abuelo que fue como un padre para él y su madre que lo crió, y ahora la vida lo alejaba de su sueño de convertirse en un jugador destacado; sin embargo si algo ha caracterizado a este guerrero es que jamás se dio por vencido y la vida no tardaría en recompensarlo tras todo el sufrimiento.

LA VIDA DEL ÁRBITRO

Han pasado ya tres años desde que el ahora conocido como árbitro Villa encontró en el silbato una oportunidad de hacer lo que le gusta, estar en un campo de futbol y ya próximo a concluir sus estudios para ser un árbitro oficial ya ha logrado cosechar algunos triunfos, como el hecho de que fue rescatado de una colonia llamada “La Luna” para llegar a la liga del Sao Paulo, en donde ya fue reconocido en una ocasión como el mejor árbitro de la liga.
Esto sería solo el inicio ya que una vez concluidos sus estudios tendrá el privilegio de llegar a pitar a la Segunda División profesional y tendría la oportunidad de ser el juez del equipo que le dio su primera oportunidad en el ámbito profesional, Los Alacranes de Durango.
“Nunca se rindan, persigan sus sueños y no dejen que nadie ni nada los aleje de su meta y verán que las cosas solas se irán dando”. Con esta frase de motivación y superación personal concluyó este joven árbitro, quien es la clara prueba de que sin importar lo difícil que se ponga la vida, cuando uno quiere algo tiene que luchar para alcanzarlo.

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