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A Flor de piel

Javier Moro

“Ninguna voz, ningún sonido humano, ningún ladrido salía del interior de la casa usualmente atestada de animales y gente. Qué raro, pensó Isabel”.

Por Rosa Eugenia Valero

A raíz de la muerte de su madre a causa de la viruela, el mundo de Isabel Zendal es trastocado; a partir de ese día y como hermana mayor, tendrá que ocuparse del bienestar de su familia, la cual vive en condiciones realmente miserables. Será entonces cuando su padre después de estar convencido de que la situación es insostenible, decidirá enviarla a servir a la ciudad.

Fue así como esta joven deja a su padre y hermanos con la esperanza de que gracias al salario que obtendrá empleándose al servicio de una familia acomodada, podrá ayudarlos ya que prácticamente estaban muriendo de hambre.

Al llegar a la cuidad, Isabel se enfrentará a un mundo completamente diferente al que estaba acostumbrada; ágilmente se integrará a sus labores de manera impecable por lo que es bien acogida, ganándose rápidamente la estima de los habitantes de la casa. Sin embargo, presa de su inocencia, cometerá un error imperdonable para la época, convirtiéndose este acontecimiento en decisivo en su vida y hará que a la postre busque proteger lo más querido para ella.

Años más tarde Isabel tiene a la oportunidad de corregir su error y pese al peligro que pudiera significar, decide embarcarse en el María Pita con destino a América aceptando una tarea titánica, su misión será colaborar en una expedición que pretende llevar la vacuna contra la viruela a esas tierras por demás lejanas, y combatir los estragos que esta enfermedad estaba causando. El papel de Isabel consistirá en cuidar a 22 niños que serán los portadores del terrible virus, y bajo el mando de Francisco Xavier Balmi un médico consagrado a su profesión, y su segundo Josep Salvany, vivirá situaciones inimaginables, tanto profesionales como personales.

El autor a través de esta magnífica historia y valiéndose de personajes entrañables, nos hablará de los años clave en los que se llevó a cabo esta expedición, en donde gracias a un arduo trabajo de médicos y colaboradores se logró la inmunización de la terrible enfermedad, la cual se extendía rápidamente y cuyos efectos secundarios eran terribles para aquellos que lograban sobrevivir.

Pero no todo fue tan fácil, los expedicioncitas tuvieron que enfrentarse en primer lugar, a las condiciones realmente peligrosas de un viaje tan largo, aunado a ello poder controlar el carácter irascible de niños abandonados o que provenían de familias marginadas y cuya rebeldía hacía más compleja la travesía; así como también soportar la codicia y corrupción que impedía que el fin benéfico se alcanzara, poniendo en peligro incluso el éxito del transporte del antígeno vivo, y por si fuera poco, la falta de financiación y colaboración de aquellos se supone deberían apoyarlos.

Todas estas emociones llevadas al límite, llevarán al lector a conocer las historias personales de los protagonistas, conservando estas el segundo plano respecto a la trama principal, pero entretejida con tal acierto que se convertirán ambas en una misma; logrando así que en ningún momento la lectura pierda ritmo, ni el lector interés.

Héroes de carne y hueso sobrevivirán a temporales y naufragios, al clero, a los funcionarios coloniales, a la codicia de quienes buscaban favorecerse de los más necesitados, pero al final de la aventura, esta expedición se convertirá en la mayor proeza humanitaria de la historia, gracias a la ayuda de personas increíbles y entregadas a su profesión médica, así como a valientes niños que colaboraron con esta gran labor.

A Flor de piel, es sin duda una gran novela histórica que ha sido realmente un placer leer gracias a la labor documental de Javier Moro y que en definitiva rescata un episodio de la historia que al menos para mí, era completamente desconocido.

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