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Con el barro en la sangre: Trino Núñez, un artesano con trayectoria

Trinidad Núñez, mejor conocido como “Trino”, a la edad de 8 años descubrió cómo modelar el barro, y desde entonces a la fecha, ha tenido con él una relación tan cercana que le ha traído grandes satisfacciones, incluido el reconocimiento de los duranguenses y discípulos suyos diseminados por muchos países, ya que a lo largo de casi 4 décadas se ha dedicado a trasmitir sus conocimientos tanto en la Escuela de Pintura, Escultura y Artesanías (EPEA), de donde ya se jubiló después de 38 años de servicio, así como en la Casa de la Cultura, lugar en donde imparte los talleres de cerámica y alebrijes desde hace más de 30 años.

Nacido en el campo, rodeado de la Madre Naturaleza, Trino es un hombre sencillo, sincero, trabajador, dicharachero y generoso. Algunas de las facetas que desarrolló en la infancia, después de llegar de su pueblo, San José de Gracia, Canatlán, Durango, a la ciudad capital, de una manera inesperada,  y asentarse en lo que hoy conocemos como la colonia Morga, fue vender periódicos, como muchos niños de su edad, posteriormente ingresa a la Escuela de Pintura, de la que se sale faltándole 2 de los 5 años para graduarse,  para emprender una aventura como militar.

Después de haber cambiado su lugar de residencia a la capital del país, y haber aprendido lo que es la milicia, de haberse graduado como paracaidista y haber participado en múltiples encomiendas, decide regresar a su tierra,  y el maestro Francisco Montoya de la Cruz lo recibe con los brazos abiertos,  incorporándolo de nuevo a la Escuela de Pintura. Una vez dentro, es invitado a constituir el primer sindicato universitario y de ahí en líder, delegado de los administrativos y los maestros.

Sin embargo, lo que destaca en Trino el artesano, el artista,  es esa cercanía con el barro (tema que domina a la perfección), lo cual lo ha llevado a viajar por diferentes municipios de Durango, entre ellos, El Mezquital, en donde se asentó en La Guajolota y comenzó con la investigación de mantos arcillosos; esto, como parte de un programa del DIF Estatal. La contribución en este municipio, como en la de otros,  fue la de establecer la autosuficiencia alimentaria de las familias campesinas a través de sus propios medios, sin venir a la ciudad, por medio de la creación de talleres familiares para que las personas de escasos recursos económicos pudieran autoemplearse. Hasta la fecha, esta etapa forma parte de las que más satisfacción le han traído.

Desde 1964 a la fecha, Trino ha participado en innumerables exposiciones tanto de manera individual como colectiva en lugares como: Galería de Arte Los Tlacuilos, Auditorio Universitario, Casa de la Cultura, Biblioteca Central del Estado, Museo Regional de la UJED, Edificio Central UJED, entre otros más, tanto dentro del estado como allende sus fronteras.

Asimismo, este artista apasionado por el barro, la arcilla y la cartonería, ha sido Jurado en concursos de artesanías y ha participado también como facilitador de cursos tanto en la ciudad como en otros municipios de Durango. También ha sido pionero en su ramo, ya que fundó en 1980 el taller de cerámica en la Casa de la Cultura, así como su propio taller de cerámica instalado en su domicilio particular, el cual trabaja junto a su familia. Su amplia producción artística incluye: máscaras, peces, tortugas, calaveras,  jarrones, e innumerables piezas ornamentales que deleitan la vista y conmueven el espíritu.

Entre los numerosos reconocimientos a su trayectoria que ha recibido el Maestro Trino, destaca uno: en el año 2012, merecidamente, la Casa de la Cultura de Durango, en ceremonia especial, colocó en el Taller de Cerámica y Cartonería, la placa con la que rinde homenaje a su labor como docente.  ¡Larga vida al Maestro Trino!

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