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El acorde de la discordia

Por Miguel Ángel Burciaga Diaz

El famoso y polémico filósofo Karl Marx en algún momento acuñó la frase “El capitalismo lleva dentro de sí el germen de su propia destrucción”, y a partir de sus teorías no cesaría hasta nuestros días la confrontación en todos los niveles y contextos de dos corrientes políticas que parecen irreconciliables.

Hago referencia a ello no porque quiera cambiar el tópico de mi columna, sino porque fue muy curioso que en 1911, no mucho tiempo después del “apocalíptico” libro “El capital” de Marx, aparecería en un famoso tratado de armonía austríaco la siguiente frase “todo sistema guarda dentro de sí el germen de su destrucción”, y en este caso en vez de atacar al capitalismo, se refería al tan arraigado sistema tonal, preponderante en la música occidental por varios siglos.

Este “Tratado de armonía” hasta la fecha sigue siendo uno de los más útiles para el estudio de tan importante disciplina musical, curiosamente a pesar de ser tan extensivo en el conocimiento del sistema tonal, irónicamente fue escrito por un hombre que crearía un sistema que acabaría radicalmente con la tonalidad de un modo más radical que todos los vanguardistas que hemos citado hasta ahora.

Dando muestras de tener un talento especial para la música desde niño, este músico judío debe abandonar sus estudios musicales para trabajar como burócrata y mantener a su familia, convirtiendo su relación con la música en la de un mero espectador. Nadie imaginaría que a diferencia de la mayoría del público, él no iba a las salas de ópera o concierto solo a deleitarse con las obras, sino a estudiarlas a profundidad, más allá de intentar tomar cursos formales en composición, su aprendizaje más profundo sería de manera autodidacta estudiando a fondo los más emblemáticos compositores de la tradición austrogermana: Bach, Mozart, Beethoven, Brahms, Wagner e incluso los más modernos como Mahler o Richard Strauss.

Después de tanto estudio meticuloso y obsesivo, este músico encontraría su veta de oro y empezaría a resonar en el mundo un nombre que terminaría siendo muy importante para la historia: Arnold Schoenberg (1874-1951).

Schoenberg o Schönberg, descubrió el uso redundante de un acorde que les permitió a compositores como Wagner, Mahler o Strauss, recorrer caminos sinuosos en su música que les hacían perder referencia a los elementos más claros de la tonalidad, generando posibilidades expresivas totalmente nuevas.

A partir de ese acorde, Schoenberg comenzó un estilo musical que era poco ortodoxo con el sistema, pero que generaba un sinfín de contextos emocionales que no tenían mucha cercanía con el legado del romanticismo.

Este nuevo lenguaje sería vinculado al expresionismo pictórico por sacrificar lo considerado universalmente bello para expresar sentimientos más extremos y chocantes en el espectador.

Sin demorar tanto, Schoenberg crearía un estilo musical conocido actualmente como “atonalismo libre”, y después de componer breves piezas de piano haría la principal expresión de dicho lenguaje en su obra conocida como Pierrot Lunaire para voz femenina, flauta, clarinete, violín, cello y piano.

Esta obra compuesta por 21 poemas de Albert Giraud que tratan temas como la religión, la violencia, el amor o el sexo de un modo escandaloso, presenta a la cantante en un novedoso modo de cantar que mezcla la melodía con la narración y hace peculiares intercambios de roles entre el particular instrumental que dispone.

La obra es una mezcla siniestra de sarcasmo, violencia, angustia y apatía, que lógicamente la convirtió en un terrible fracaso y un gran escándalo para el público de la época, a lo cual Schoenberg solo respondió “Prefiero esta reacción a la de un público que se va con una sonrisa silbando melodías”.

Sin embargo, la caja de Pandora ya estaba abierta para los músicos del mundo, esta obra fue una gran revolución y la música de ahí hasta la fecha no daría vuelta atrás. Las vanguardias dominaron el mundo y el mismo Schoenberg crearía un sistema aún más radical que su “atonalismo libre” que difundiría como una de las escuelas más radicales del siglo XX: el dodecafonismo.

Dudas y comentarios: miguel.burciaga92@hotmail.com

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