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El yugo del régimen

Por Miguel Angel Burciaga Diaz

La nueva Unión Soviética no trajo buenas noticias para los grandes músicos rusos, vimos por un lado el exilio que asumirían Stravinsky o Rachmaninoff, y a su vez el encierro y condicionamiento al que sería sometido Prokofiev después de una ascendente carrera internacional. Cuan terrible no sería el destino para los nuevos compositores que les tocaría educarse dentro de las puertas de la URSS.

El sistema soviético que si bien constaba de una educación casi perfecta a nivel musical, tenía en oposición una cruda persecución y regulaciones contra el arte de los creadores, y los compositores no fueron la excepción. Ir en contra del “Partido” implicaba desde la prohibición total de las obras de un autor hasta incluso la cárcel, el exilio a una zona agreste o incluso la muerte.

Muchos compositores talentosos se perdieron en la represión del régimen a fuerza de amenazas y torturas, otros con un miedo justificado se ajustaron a los lineamientos del gobierno, unos pocos lograron sacar a la luz obras magníficas, pero sin duda alguna hubo uno que a pesar de todo, se convirtió en uno de los compositores más geniales y prolíficos del siglo XX: Dmitri Shostakovich (1906 -1975).

Shostakovich siempre deseó ser pianista, pero antes de alcanzar su último grado en el conservatorio fue calificado de inmaduro para seguir tal especialidad, por lo que solo le permitieron seguir en los cursos de composición y se limitó a formarse en el instrumento particularmente. A pesar de ir en contra de sus deseos iniciales, a los 19 años estrena su Primera Sinfonía, la cual fue laureada en un importante concurso y a partir de entonces sería uno de los compositores de interés para el régimen.

A pesar de que las persecuciones contra intelectuales y artistas empezaron en los primeros años de la URSS, durante el mando de Lenin se tenía la visión de crear una música moderna e innovadora, que marcara el nacimiento de ese nuevo imperio. Esos años que coinciden con la juventud de Shostakovich, le permitieron crear diversas obras rebeldes y vanguardistas que fueron aclamadas por la crítica, especialmente su ópera humorística “La nariz” basada en el cuento homónimo de Gogol. Pero el apoyo a la novedad no duraría mucho, y a los comienzos de los años 30’s la dictadura Stalinista fue implacable y consideró en principio que las vanguardias no eran más que desviaciones y perversiones de los sistemas capitalistas occidentales, de modo que los compositores fueron obligados a crear obras formales, que se mantuvieran en los cánones de la tradición clásica y romántica.

Shostakovich siempre odió al régimen, aunque a veces por las presiones e intimidaciones aceptaba los lineamientos y encargos, sin embargo, tal represión contra su fuerza creadora lo hacía rebelarse y siempre con resultados inconvenientes. En 1934, escribe una ópera genial “Lady Macbeth del distrito de Mtsenk” y fue un gran éxito, pero el mismo Stalin la calificó al poco tiempo de elitista, antipopular e incluso pornográfica, lo que implicó que fuera prohibida por casi 30 años.

A la llegada de su 5ta sinfonía en 1936, tal vez la más popular hoy en día, Shostakovich se reivindica ante los ojos del régimen y se le vuelven a encomendar trabajos importantes, dado que aún para esa dictadura tan brutal, un talento de esa magnitud era indispensable.

Hacia 1941, el ejército nazi invadió Leningrado, y en ese traumático período Shostakovich compuso su 7ma sinfonía, que lleva el nombre de esa ciudad. La obra que mezcla profundamente el dolor con el heroísmo, se convirtió en un himno de resistencia para las tropas Aliadas de todo el mundo, a tal grado que para 1945 cuando Stalin quería conmemorar el gran triunfo de la URSS después de la Segunda Gran Guerra, encomendó a Shostakovich la composición de una obra monumental apropiada para dicha ocasión. Sin embargo, Shostakovich sabía que el triunfo era una fachada, puesto que la opresión y la sangre se seguía derramando alrededor de todo el territorio soviético, de modo que su Novena Sinfonía resultó en un crítica sarcástica al régimen, pues era una obra basada principalmente en melodías circenses, propias de payasos y bufones.

Ante tal osadía, se le restringieron todos los privilegios a Dmitri y su familia, y para 1948, por un decreto que condenó a varios artistas fue prohibida toda la música de Shostakovich durante 10 años.

A la muerte de Stalin, la dictadura se volvería menos severa para el compositor y retomaría su trabajo, aunque el dolor y las humillaciones le dejarían una marca imborrable en su vida, al punto de considerar en varias ocasiones la posibilidad de suicidarse, como cuando al enterarse que padecía poliomielitis escribió su trágico cuarteto No. 8 a manera de epitafio.

La salud de Shostakovich cada vez fue peor, a pesar de seguir componiendo obras notables que recién después de los 60’s pudieron darse a conocer al mundo fuera de la URSS, hacia 1975 contrajo un fulminante cáncer de pulmón que no le permitiría vivir un año más.

El legado de Shostakovich no es solo su ejemplo de resistencia, sino su obra, la cual a pesar de tener que ajustarse a los lineamientos del régimen, nunca dejó de ser progresista y novedosa, a la par de trágica y profundamente emotiva.

Recomiendo ampliamente que ahonden en la música de este gran compositor, obras tales como las sinfonías 5 y 7, el trío con piano No. 2, el quinteto con piano, el segundo concierto para piano, el primer concierto para violín, el primer concierto para violonchelo o su cuarteto No. 8, son algunas de las aportaciones más valiosas de este hombre que hizo que sus ideas se sobrepusieran a un régimen comandado por uno de los hombres más sanguinarios de toda la historia.

Dudas y comentarios: miguel.burciaga92@hotmail.com

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