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GRAN TORINO

Por Marco Antonio Olaguez Bayona

Hay películas que suelen ser entretenidas y que nos terminan por enganchar por la forma visual que nos presentan, el ejemplo más claro es el cine de superhéroes, cómics, y demás agregados, regularmente estas historias son superficiales salvo contadas excepciones, y ese es justamente el problema del cine blockbuster, historias sin alma, por eso hoy reseño ‘Gran Torino’ del genial Clint Eastwood. Una historia extraordinaria que nos habla de pérdida, aceptación y respeto.

La historia nos sitúa en la vida de Walt Kowalski, un anciano veterano de la guerra de Corea, jubilado y que acaba de enviudar. Walt vive solo con su perra Daisy en Míchigan. Su barrio antes estaba poblado por familias blancas y trabajadoras, pero según Walt este vecindario ha sido “invadido” por inmigrantes de procedencia asiática, pertenecientes a la comunidad hmong, lo cual desagrada enormemente a Walt, hecho que provoca que se muestre frío y malhumorado con sus nuevos vecinos. Sin embargo, todo cambia cuando descubre a un joven llamado Thao intentando robar su más preciada posesión, su Gran Torino. Esto con el fin de poder pertenecer a una pandilla que molesta a la familia de Thao. Es aquí donde Walter empieza a empatizar con Thao y su hermana.

La sinopsis no suena demasiado, lo sé, a mí me pasó cuándo mi padre me la recomendó, sin embargo, tengo que decir que esta película es una joya absoluta en lo que se refiere a narrativa, pues la cinta cuenta con muchos factores bien conjugados: Un Clint Eastwood con un papel que le sienta como un guante, el señor está fantástico, una dirección y un manejo de cámara brutales, obra también del mismo Clint, una historia simple, concreta, efectiva y con mucho pero mucho oficio. He de reconocer que este señor sabe lo que hace, es congruente y nos enseña que sabe compensar al espectador, lo sabe guiar, no es rebuscado, pero es capaz de emocionarlo y sabe transmitirle algo.

Y es que ‘Gran Torino’ es eso, un choque frontal de culturas, es abrirse a lo nuevo, es romper paradigmas, es hacer lo correcto, es defender lo tuyo, es hacerse grande, es crecer, es desarrollarse, es cerrar ciclos, es aceptar y adaptarse a las circunstancias, es morir y vivir, es darse cuenta que es necesario cambiar. Sin embargo, ahí no radica su genialidad, lo que hace fantástica a ‘Gran Torino’ es que a pesar de que transmite todas estas ideas no es moralista, no es el típico producto Hollywoodense que pretende vendernos un mundo rosa, todo lo contrario, Eastwood se limita a mostrar la realidad de un mundo en el que pocas personas se atreven a hacer lo correcto y, una vez terminado, deja que el espectador medite y obtenga sus propias conclusiones. Créanme ‘Gran Torino’ vale la pena, no por nada está en mi colección personal. Anímense a verla y que disfruten la película.

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