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La Capilla Ardiente de la Mansión del Reposo

Parte I

La capilla ardiente de la Mansión del Reposo, es un elemento propio de los panteones asentados en los panteones durante la segunda mitad del siglo XIX, principalmente en ciudades conservadoras, consecuencia de la influencia española de evangelización en los periodos virreinales. En la Ciudad de Durango debido a la tradición e ideologías de apego al catolicismo, indicaban la necesidad de la sociedad de quedar sepultado en atrios, capillas o altares de las iglesias o catedrales, según haya sido el apego, devoción y apoyo a los mandatos eclesiásticos y a la propia iglesia.

Existía un temor por quedar exento de la gracia de Dios si los restos humanos no eran sepultados en lo que antes se le conocía como “ Campo Santo “, ubicados en espacios adosados a las iglesias, en el caso de Durango espacios como Analco y Santa Ana. La administración de los mismos era efectuada por los mismos clérigos, quienes administraban misa, renta de ataúd y sepultura en las propias iglesias.

Sabemos que a partir de la entrada en vigor de las leyes de reforma a partir de 1857, en el año de 1860 se establece lo que sería por decreto de la Municipalidad la Mansión del Reposo, que coloquialmente y hasta la actualidad conocemos como Panteon de Oriente.  A su vez, se decretan los “ Reglamentos de panteónes Municipales y particulares “, los cuales regulan la norma sanitaria sobre como debe administrarse la sepultura de cadaveres en el propio espacio, sin embargo el apego a las ideologías cristianas por la sociedad decimonónica, ya habiéndose efectuado los entierros de un considerable numero de personas en los primeros cuadros de la Mansión del Reposo, se lleva acabo la solicitud por parte de la sociedad durangueña para la realización de una Capilla. Según consta en el Archivo Histórico Municipal, el presidente de la junta Juan B. Olagaray firma “el pormenor de los gastos erogados en la construcción de una capilla en e Panteon de Oriente durante los seis primeros meses del presente año ( 1873 )”.

El 18 de enero de 1873, se comienzan los trabajos para la construcción de una capilla, la cual se dispuso ser ubicada al centro de los primeros cuadros de la Mansión del Reposo, que de acuerdo a la traza dentro de los parámetros de Manuel Tolsá, la capilla ardiente viene a ser el eje del recinto, el centro de una cruz griega dentro del terreno funerario, convirtiéndose así en un camposanto. De esta manera concebimos un carácter religioso preponderante en la sociedad duranguense, pero necesario incentivar el carácter ilustrado de la época inculcando con las nuevas constituciones un cierto desapego por la sociedad decimonónica, o un carácter trasistorial al movimiento ilustrado; ya que el carácter de esta misma ideología en cuanto al espacio funerario era la de establecer un “ Panteón “; etimológicamente definido como; Diversidad de dioses, y que buscaba representar esa libertad religiosa, como eran venerados los dioses en el periodo Greco-romano. 

Por tal motivo el Panteón y su iconografía ornamental, vendría a ser la oportunidad de entregar a los difuntos a un pre-paraíso bajo la ideología o veneración de la deidad que cualquier individuo profesara. Evidentemente observamos que predomina el conservadurismo católico, y la Capilla Ardiente, propiamente es ornamentada con los elementos religiosos que son distintivos en los altares de las iglesias y Catedrales.

Según aparece estipulado en un legajo de: la Jefatura política de la serie panteón, 1846-1889, del Archivo Histórico Municipal: Se destina para la construcción de la capilla ardiente de la Mansión del Reposo la cantidad de: Mil doscientos ochenta pesos y siete centavos.

Aniceto Hornelas aparece en dicho pormenor como responsable del trabajo de labrado de cantera, marcando en ello la llegada de cantera blanca y rosada, ademas de los materiales de construcción.

Después de cuatro años, en 1877 se finaliza su construcción, presentando un decoro ornamental neo-clasicista.

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