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La cultura y el pueblo

Según Marco Antonio Chávez Aguayo, México sigue siendo un país centralizado donde necesitan más impulso y más atención las instituciones estatales y municipales que tienen, por el principio de subsidiariedad, mejor capacidad de atender problemáticas más cercanas a la población. Para contribuir a descentralizar las políticas culturales mexicanas, dice, podría comenzarse por prestar más atención a los organismos de los estados, estudiarlos, cuestionarlos y analizarlos para adaptarlos mejor al actual contexto político y social y buscar reformarlos de tal manera que adquieran una mayor capacidad de atender las necesidades de la población local.

Asimismo, dice que el esquema institucional de las políticas culturales a nivel federal es prácticamente el mismo que en la época de la hegemonía priísta. Es decir, en este campo no ha habido modificaciones o reformas importantes ni estructurales, ya que las instituciones actuales son una herencia de ese periodo, algunas de las cuales tienen su origen varias décadas atrás, y que aún no se han actualizado ni a los nuevos escenarios ni a las nuevas tendencias desde un punto de vista de políticas comparadas.

Algunos ejemplos que me parecen muy interesantes por la gran participación de la ciudadanía, lo cual no se ha visto reflejado en Durango, son los casos de Oaxaca y Querétaro, sin dejar de lado Tijuana. En los primeros dos, Nivón Bolán destaca que los agentes culturales han encontrado un espacio de intervención en las políticas públicas, tras varios años de esfuerzo descentralizador:  Nos da como ejemplo las siguientes 3 tendencias:

  • La primera es la vocación, tal vez la necesidad, de buscar espacios de intervención en la gestión del patrimonio, la memoria o los símbolos de identidad regionales. A través de los museos, los monumentos, los archivos y, principalmente, los espacios del centro histórico se han establecido sinergias que tratan de aprovechar el impulso local y federal en favor del patrimonio.
  • La segunda tendencia es la estrecha relación entre la política local y las manifestaciones populares. Oaxaca pone el acento en la búsqueda de la creatividad de las comunidades indígenas, y Querétaro, en la organización de pequeños aparatos culturales municipales. Un cierto peso burocrático ha impedido que en este último estado se desaten las fuerzas creativas de los grupos y comunidades locales.
  • Por último, están los nuevos modos de intervención en la cultura y los agentes. La escasez de recursos obliga a la innovación. Oaxaca ha buscado que los artistas e intelectuales lideren este proceso. Más que nuevas formas de organización, se trata de nuevos liderazgos que están dejando su huella en la sociedad. En Querétaro, los tres museos se han visto forzados a la cooperación y a buscar formas alternativas que les provean de recursos extraordinarios.

Finalmente, respecto al caso de Tijuana es de resaltar, pese a tener todo en contra, la creación del Centro Cultural de Tijuana (CECUT), el cual, a decir de Cuauhtémoc Ochoa, es una de las más interesantes experiencias de trabajo conjunto entre instituciones culturales federales, estatales y municipales, comunidad cultural y sociedad civil en general.

Este organismo tiene una diversidad de proyectos que abarcan desde apoyo a la creación, la difusión, la profesionalización de la actividad cultural, la educación artística hasta el impulso a actividades de entretenimiento de carácter comercial. El CECUT ha sido ejemplo de la tradición del Estado como gran promotor cultural.

Tiene como objetivo ampliar el acceso igualitario de individuos y grupos al disfrute de los bienes y servicios culturales que existen en la sociedad a través de la difusión y popularización del arte, la alta cultura y el conocimiento científico (García, 1987: 46-50). Destaca también que la comunidad cultural tijuanense ha sido un agente relevante sobre el quehacer y las orientaciones de esta entidad cultural.

Asimismo, se destaca Tijuana también, la creación del Instituto de Arte y Cultura Municipal (IMAC). Este organismo fue producto de la conjunción de diversos factores. Por una parte, la existencia de una comunidad cultural e intelectual más participativa e influyente que planteaba la necesidad de instancias locales que atendiera el campo cultural. Otro factor fueron las reformas administrativas que se implementaron en la gestión municipal. Estas adquirieron un cariz eficientista y proempresarial, lo cual se reflejó en la forma de justificar la creación del Instituto. No obstante, la lógica burocrática con la que nace, los encargados de armar y poner en marcha el proyecto le imprimieron una dinámica muy particular, ya que muchos de ellos eran promotores culturales, académicos y creadores.

Estas lecturas, sobre diferentes casos en cuanto a la creación de diferentes instituciones culturales, resaltan el papel tan importante que juegan los promotores culturales y la sociedad interesada en que las cosas se hagan bien, en estos ejemplos, en el área de cultura. Para ello, la unión hace la fuerza. Caso contrario hasta ahorita ha ocurrido en Durango, en donde todo se lo queremos dejar al gobierno y sinceramente, éste no puede hacer mucho, porque todo se politiza y la cultura se ve como un gasto supérfluo, el ejemplo más claro que vemos es que cuando hay recortes presupuestales, la cultura es la primera que dejan fuera.

Creo que mientras no tomemos cartas en el asunto, nada va a cambiar. Se necesita gente que ame las diferentes manifestaciones culturales; que le apasione lo que hace y que lo trasmita también. Mientras no trabajemos en beneficio de nuestras comunidades, poco se puede hacer. Los ejemplos de Querétaro, Oaxaca y Tijuana, nos indican que la ciudadanía tiene un peso importante en la toma de decisiones.

A propósito:

Este miércoles a las 19:00 h, en Casa de Cultura Citibanamex, se presentará la conferencia “Las haciendas de Poanas”, por Blanca Rojas, cronista de Villa Unión, Poanas, y directora del museo comunitario Maika, del mismo lugar. Con esta charla concluimos el ciclo “Diálogos de identidad” y a nombre de la Red Estatal de Museos (REME),  agradezco a la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED), al Instituto Municipal del Arte y la Cultura (IMAC), y a la Casa de Cultura Citibanamex, su valiosa colaboración.

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