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La nueva generación

Por Miguel Ángel Burciaga Díaz.

 

Durante el esplendor veloz que tomó la nueva ópera francesa,  en 1867, llama la atención en París el estreno de la ópera Le Grand Tante, una obra escrita por un joven compositor llamado Jules Massenet (1842 – 1912). Con un éxito moderado, la sociedad da un voto de confianza a este músico que entonces tenía 25 años, y le abren espacio para presentar nuevas propuestas en el escenario operístico.

Este compositor, venía con una carrera prominente desde su temprana formación como pianista, e incluso fue laureado con algunos premios de composición, además de haber tenido la posibilidad de estudiar las nuevas tendencias de la música con el famoso compositor húngaro Franz Liszt.

Massenet compuso casi 50 óperas, y entre ellas destacan títulos verdaderamente célebres hasta el día de hoy como Manon, Werther o Thais. Y es considerado como uno de los más grandes compositores líricos de toda la historia.

Pero alcanzar esa posición y lograr el éxito en sus obras no fue gratuito, a pesar que las ideas de Gounod ya eran innovadoras per se, Massenet se dio cuenta, tal como Tchaikovsky lo hizo en Rusia, que para que la tradición se fortaleciera y fuera valorada universalmente necesitaba tomar los elementos de las grandes escuelas existentes y de la música que en ese momento estaba causando gran impacto.

Fue así que al concepto monumental y simbólico de la ópera francesa, incluyó por un lado elementos de la ópera italiana que dieran un poco de mayor vivacidad a la acción, con lo cual la línea de los cantantes aparte de su belleza lírica, se enriqueció con un contenido dramático que le daba mayor personalidad a los personajes. Y por otra parte la riqueza orquestal típica de la escuela francesa, involucró un sinfonismo que soportara la acción y le diera mayor personalidad a los sentimientos y situaciones que describía la ópera.

Por otra parte, en función de la unificación del discurso, Massenet toma de Wagner el concepto del Leimotiv, con lo cual marca las ideas principales del argumento de modo musical, así como rasgos específicos de cada personaje.

Hasta entonces uno de los problemas de la ópera francesa es que la necesidad de generar climas estáticos marcaba mucho la segmentación de las escenas, y eso le restaba fluidez a todo el planteo de la obra, que no iba poder compensarse eternamente utilizando los grandes efectos escénicos. Fue por ello que Massenet, genera un discurso continuo tan especial que haría que sus óperas pudieran conservar una larga extensión sin volver lento el discurso.

Al final de cuentas Massenet no solo lograría darle una mayor calidad y personalidad a la ópera francesa, sino incluso fuera de sus intenciones, terminaría influyendo a las generaciones posteriores de la ópera italiana, generando un intercambio cultural muy interesante siendo que mientras el primero se influyó de Verdi o Donizzetti, terminaría siendo un referente importantísimo nada menos que para Mascagni, Leoncavallo y Puccini.

Dudas y comentarios: miguel.burciaga92@hotmail.com

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