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Los dulces de almendra, artesanías comestibles con arraigo en la entidad

El almendro, emparentado con el cerezo, procede de Asia occidental, hoy en día se cultiva mucho por la madera de color rojizo que produce, muy apreciada en la ebanistería.  El fruto o almendra, es objeto de un importante comercio, en sus variedades dulces y amargas. La almendra dulce, es por supuesto, de un sabor agradable y se emplea en la elaboración de cosméticos  y  como ingrediente esencial en un sinfín de platillos tanto dulces como salados, así como licores.

Seguramente después de la Conquista de México, la almendra fue una de las novedades que trajeron los españoles, y enseñaron a los indígenas acerca de sus diferentes usos; otros métodos de empleo, tal vez se fueron descubriendo con el paso del tiempo, principalmente a través de experimentos que poco a poco fueron perfeccionando.

En el estado de Puebla, por ejemplo, aparte de los tradicionales camotes poblanos, son también típicos de la ciudad los dulces de leche –por cierto, la leche es otro de los productos que llegaron del viejo continente a enriquecer la dulcería nacional- los alfajores; los mazapanes; las cocadas;  las tortitas de Santa Clara y las frutas de pasta de almendra, entre muchos otros, elaborados principalmente por las monjas  que habitaban los conventos de la ciudad. De hecho hoy en día, las religiosas siguen comercializando bajo pedido todas estas delicias que dejan “la barriga llena y el corazón contento”.

En Durango, aún y cuando no tenemos esa tradición culinaria tan extensa que tiene Puebla, los dulces de almendra también los consideramos propios de la cuidad. Una de las personas que empezó a elaborarlos y comercializarlos con bastante éxito fue la señora Arcelia Valles de Vázquez (+). La técnica la heredó de su suegra. La facilidad para cocinar ya la traía en sus manos;  se dedicaba a hacer banquetes y después combinó dicha actividad con la elaboración de figuras de pasta de almendra.

Hoy en día, su legado sigue vivo. En la calle Pasteur 106 sur, zona centro, sus dulces siguen conservando la fama de antaño porque solos se recomiendan: pasta de nuez, pasta de piñón, fudge, rollo de almendra con chocolate, dátil con nuez y hasta pastel de almendra. Quien acude a este lugar, quedará admirado de la gran variedad de artesanías comestibles que aquí se exhiben y expenden.

En las manos de José Gabriel Lira, Alejandra Frías y Conchita Quintero,   ayudantes de  Claudia Patricia Valles Vázquez,  hija de doña Arcelia, la almendra toma forma de todas las figuras en miniatura habidas y por haber: naranjas, plátanos, zanahorias, peras, elotes, coronas navideñas, ángeles, rosas, corazones, tamales, ruedas de queso, entre muchas más, que lucen radiantes en sus diferentes empaques, ya sea en canastas, cajas de madera, domos, o lo que dicte la imaginación. 

La gente de la ciudad considera a los dulces de almendra Valles Vázquez, como se hacen llamar, el lugar idóneo para mandar hacer los recuerdos comestibles para sus eventos sociales como: bautizos, bodas, baby showers, primeras comuniones,  o simplemente como postres en los banquetes de bodas y quinceañeras. Para estos acontecimientos la almendra se convierte en: cruces, flores, recordatorios y lo que el cliente pida.

La creatividad que se emplea para estas artesanías comestibles empieza desde que tienen la nuez en la cáscara o la almendra sin pelar, hasta llevar todo un ritual de preparación, el moldear con las manos cada figura y por último con un pincel pintar cada una, dejar secar y empacar.

Sin embargo, el laborioso proceso vale la pena. El cliente siempre queda satisfecho y regresa cuando lo requiere. El sabor delicado de la almendra no pierde su sabor ni su textura: recién hecho, el dulce es blando y una semana después  se sigue conservando igual.

Al observar tanto las figuras de la almendra como de la nuez, en lo último que piensa uno es en comerlas, pero al probar el primer bocado, es imposible parar. Es uno de los sabores de Durango, con el toque original de doña Arcelia y como un legado a las generaciones presentes y futuras.

A propósito:

Este día en punto de las 18:00 horas, ofreceré la segunda lectura de avances de mi proyecto “El Durango que se va. Oficios en peligro de extinción”, (ensayo literario), como parte del Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico PECDA 2018-2019. La cita es en la Casa de Cultura Citibanamex, en la entrada por la calle Madero. Habrá pulque y aguamiel para degustar. Será un gusto saludarlos. ¡Entrada libre!

Texto realizado con apoyo del PECDA 2009-2010

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