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Los retos del periodismo cultural

El periodismo cultural es una zona compleja y heterogénea de medios, géneros y productos que abordan con propósitos creativos, críticos, reproductivos o divulgatorios los terrenos de las “bellas artes”, “las bellas letras”, las corrientes del pensamiento, las ciencias sociales y humanas, la llamada cultura popular y muchos otros aspectos que tienen que ver con la producción, circulación y consumo de bienes simbólicos, sin importar su origen o destinación estamental. (J. Rivera: 1995).

 

Con los avances del trabajo y de la vida moderna, hoy en día, estamos tan saturados de información tanto en los medios impresos como electrónicos, que realmente debemos ser muy selectivos para poder escoger la lectura de alguna noticia. Los lectores privilegian las noticias próximas, es decir, las locales, por el hecho de que es lo que nos afectan de manera directa.

 

Gilles Lipovestky nos dice que en una sociedad donde los gustos estéticos son muy generalizados,  hay algo como una nueva actitud de la gente en relación a la creación o a la belleza. Es por eso que asegura que la educación artística en la escuela es para frenar la cultura de consumo, porque si un individuo puede crear, consume menos porque tiene un gusto por algo. Sus herramientas son aprenderlo porque no es algo innato, digamos que en este caso, se tiene que invertir en cursos afines al infante, lo cual considero son recursos bien invertidos tanto de tiempo como de dinero porque estamos sembrando en tierra fértil.

 

También añade que hay un trabajo enorme que hacer en la Educación Artística en las escuelas y que el arte no va a salvar a la humanidad, pero movilizará las sensibilidades y hará que los seres humanos no estemos reducidos a compradores de marca porque tendremos otros objetos y uno de ellos será la creación.

 

Sin embargo, contrario al planteamiento de Lipovestky, los medios de comunicación no sirven a los lectores, tal como lo planteaba el periodista Javier Darío Restrepo, sino todo lo contrario, sirven a quienes les pagan y ellos son quienes deciden qué es lo que se publica y qué no.

 

En este sentido considero que el periodista debe vivir la cultura, no verla desde la comodidad de su lugar de trabajo, porque un verdadero periodista cultural sale a buscar la noticia, a investigar, a platicar; a hacerse conocido de los creadores para apoyarlos, difundir lo que hacen, escuchar sus quejas, sus sinsabores y denunciar, pedir lo que por justicia les corresponde. Ser la voz de los que no la tienen.

 

Es aquí donde debería prevalecer la ética del periodista cultural, quien ciertamente no puede dejar de publicar lo que le ordenan, pero sí puede tomar en cuenta la opinión del lector, del trabajador de la cultura y del creador o artista, para publicar y movilizar las sensibilidades que harán que los seres humanos no estemos reducidos a compradores de marca.

 

Los retos del periodismo cultural, considero, son que los lectores seamos más críticos y demos a conocer nuestro punto de vista respecto a los temas y el manejo de información que queremos, porque a fin de cuentas, somos los consumidores y el cliente, se supone, siempre tiene la razón.

 

Como trabajadores de la cultura, debemos invitar al periodista a que conozca lo que hacemos, en una relación cercana, no lejana como suele comúnmente ocurrir por comodidad.  Un periodista cultural tampoco debe subestimar lo que se hace en el barrio, en la colonia, en el mercado. Todos merecen ser escuchados y tener un lugar dentro de la publicación. Por más modesto que sea el trabajo del artesano del mercado, como todos los demás, merece un espacio. Y qué mejor oportunidad de servir, que a través de su propia trinchera.

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