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Museos y + : “El patrimonio cultural y la experiencia educativa del visitante”


El usuario a los museos tiene varias opciones dentro de estos recintos, las cuales se pueden considerar antagónicas, pero complementarias: la opción ritual y la opción lúdica.

Según el texto “El patrimonio cultural y la experiencia educativa del visitante”, de Lauro Zavala, se concibe que la principal función del museo es educativa, sin embargo, sería muy limitado enfocarlo sólo a lo primero, ya que al ser un espacio privilegiado de legitimación social, también puede ser aprovechado para brindarle al visitante otras alternativas, con la finalidad de que retorne. Actualmente a estos lugares se les tiene que buscar esas otras opciones, tales como: presentaciones de libros, talleres, recitales, la pieza del mes, nuevas exposiciones en las salas temporales, etc., de lo contrario, como la gente conoce las colecciones de las salas fijas, ya no se muestra interesada en regresar.

Se presupone que la función básica de un museo, según el texto, es la de conservar los valores representados por un determinado patrimonio cultural, por lo tanto, éstos se deben legitimar y difundir, con aquellos objetos que mejor los representan.

En los museos tradicionales, el visitante accede, no para tener una experiencia de aprendizaje, sino para confirmar los valores y conocimientos que este lugar produce. El texto dice que en el mejor de los casos, el discurso didáctico termina por imponerse sobre el posible valor educativo de la experiencia de visita.

En cuanto a los nuevos espacios, el visitante tiene las posibilidades de interactuar también con los objetos y conceptos que constituyen el discurso museográfico, abriendo de esta manera, diversos canales de interacción, enfocados a que construya su propio discurso. Aquí resalta el principio de experimentación, a su vez apoyado en la práctica de prueba y error.

El objetivo de algunas de las más recientes propuestas de los museos para niños, a los que acuden acompañados de adultos, es que esta experiencia de visita tenga como objetivo desarrollar un patrimonio intangible: el ejercicio de la imaginación, la curiosidad intelectual y la capacidad de asombro. Esto también se puede experimentar en algunos otros espacios recreativos y centros de aprendizaje, donde se hace uso de la interactividad. Por ejemplo, en Durango, el Museo Interactivo Bebeleche, ha tenido mucho éxito, pues en un año las visitas rebasan los 110 mil asistentes, lo cual confirma que estos museos son muy visitados.

El riesgo de estas propuestas museográficas es que el visitante no reconozca estos valores de carácter lúdico. Se trata de un patrimonio virtual que puede tener o no, significación para el visitante. Estoy de acuerdo con esta observación, ya que considero que en la mayoría de los casos, la significación es el pasar un rato agradable y nada más, por lo que se debe trabajar para hacer que sea una experiencia única, sin dejar el lado divertido.

Una manera de encontrar el equilibrio, según el autor, es integrando los elementos rituales y lúdicos, de acuerdo con el capital cultural, las expectativas, las competencias de lectura y el contexto de cada experiencia de visita. Se puede hablar, simultáneamente, de un doble movimiento de integración de estas tendencias culturales a las que se ha llamado respectivamente la “disneyficación” de los espacios museográficos, y la “museificación” de la vida cotidiana urbana.

El surgimiento de estas nuevas formas de museografía nos lleva a señalar que el visitante debería ser la preocupación central de quienes son los responsables de las políticas culturales que afectan la preservación y circulación de las distintas formas del patrimonio cultural.

El surgimiento de estas estrategias coincide con el del museo como objeto de investigación sistemática en las universidades a partir de los primeros años de la década de 1990. En resumen:

El museo tradicional, ocupado en la conservación de un determinado acervo material, caracterizado por objetos, colecciones y sitios históricos, ofreciendo una experiencia ritual y centrado en el pasado.
El museo como espacio de interacción, que va a generar en el visitante diversas experiencias de naturaleza lúdica y participativa. Su preocupación se centra en el futuro.

El nuevo museo imaginario centrado en el presente. Es el producto de un equilibrio entre los sujetos y los objetos que recorren el espacio museográfico. Es el resultado de una red de relaciones entre el turismo y la información.

Asimismo, es necesario reconocer al visitante como el patrimonio más valioso con el que puede contar cualquier espacio museográfico, pues el museo se debe a sus visitantes. En lo sucesivo, las instituciones responsables de la conservación del patrimonio, ya no solamente atenderán a los museos y las colecciones, sino también a la legítima aspiración de los viajeros o turistas, de ocupar su tiempo libre en la realización de actividades que sean simultáneamente educativas y recreativas.

El incremento de la asistencia a los museos desde la segunda mitad de la década de los 80”s, según el texto, ha propiciado a que haya la necesidad de formar equipos interdisciplinarios de trabajo en el que no solo existan especialistas en los diversos campos de la investigación social, sino también expertos en los distintos momentos de la producción museográfica. Últimamente también se ha hecho énfasis en considerar a los museos como empresas y a los visitantes como clientes potenciales. Por esta razón se ha dejando de ver a los museos como espacios con un enorme potencial educativo, gracias a la dimensión estética y recreativa de la experiencia de vista. Sería importante rescatar la investigación cualitativa sobre los procesos de comunicación en los espacios museográficos.

Por mi parte, considero que sí es factible que los museos sean vistos como empresas y los visitantes como clientes potenciales; esta es una nueva forma de trabajar en este tipo de espacios, como ya está pasando en otros países: son lugares autosostenibles, que no deben de ninguna manera ser una carga para el Estado. Sin embargo, esto implica que el museo debe dejar a un lado la burocracia y contar sólo con personal que tenga el perfil adecuado para poder dar un buen servicio al visitante y que éste lo recomiende, pero también haga uso de todos los servicios que le ofrece: venta de souvenires, cafetería, renta de espacios para todo tipo de eventos, etc., servicios que por supuesto serán para su mantenimiento.

Este ensayo me pareció muy interesante y lo quise compartir porque aparte de rescatar los diferentes tipos de museos, hace énfasis en que los visitantes son lo más importante, lo cual a veces parece olvidarse. También se enfoca al principio en hacer notar que originalmente los museos estaban identificados con la educación y hoy en día también entra en juego lo lúdico, lo interactivo, y el hacer dentro de estos espacios otras actividades complementarias que permitan que siempre tengan vida. Me identifico con el nuevo museo imaginario centrado en el presente por el equilibrio que conlleva y estoy siempre a favor de la constante profesionalización de todo el personal que trabaja en los museos porque ellos son los que dan la cara al público.

Fuentes:
Zavala, Lauro. El patrimonio cultural y la experiencia educativa del visitante. Texto proporcionado por el Mtro. Alejandro Mariano Pérez, docente de la clase de Comunicación de la Cultura, en el Instituto Ortega y Gasett.

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