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Museos y + … Las bondades de los viajes

Por Liliana Salomón Meraz
Cada vez estoy más convencida de que la única forma de que el humano trascienda y asimile experiencias, es aparte de la lectura, los viajes. Bien dicen que los viajes ilustran porque nos abren la mente y el espíritu a otro tipo de posibilidades, que siempre serán inimaginables, hasta que no ocurran. Y traigo esto a propósito de una salida que hice acompañada de mis alumnos del diplomado en guías turísticos hace algún tiempo.
Aun y cuando la salida sea dentro de tu misma ciudad, siempre habrá lugares por conocer; con más razón si se trata de tu estado, el cual por sus dimensiones no es fácil recorrerlo, pero tampoco imposible. El lugar elegido para visitar en esa ocasión, fueron las colonias menonitas de Durango y el itinerario consistió en una cena de recepción para el grupo, una visita a una fábrica de queso, un taller de elaboración de pan y un recorrido por los negocios tradicionales.
Día y medio fueron poco tiempo, pero se aprovechó lo más que se pudo. De entrada, la cena de bienvenida, fue la posibilidad de viajar a otros países a través de la gastronomía. Los menonitas, tienen raíces holandesas. El grupo nació en las islas Friesianas, ubicadas entre Holanda y Alemania, y liderados por Menno Simmons, emigraron huyendo de las persecuciones religiosas, a diferentes países europeos. Posteriormente llegaron Canadá, y luego a México. Por lo tanto, los menonitas tienen mucho por compartir con quienes les rodean, sin embargo, poco conocemos de ellos porque son reservados, pero no por eso dejan de ser amables y generosos.
La cena consistió en la degustación de caldo de repollo, acompañado de un exquisito arroz, bollos y repostería de diferente variedad, así como unas empanadas de cuajada originarias de Prusia; pero considero que lo más significativo, aparte de la degustación, fue la calidez con que nos recibieron y compartieron los alimentos con el grupo de aspirantes a guías turísticos. Las mujeres, excelentes cocineras, por cierto, al término de la cena, nos ofrecieron un cántico religioso en alemán, cuyo mensaje era de agradecimiento a Dios, por los alimentos recibidos.
En verdad que incluso el tiempo transcurre de manera diferente en aquellos lugares; el cielo lleno de estrellas refulgentes; el canto de los grillos; el fresco de las noches, le dan ese toque mágico a esta región de Durango, convirtiéndola en un sitio ideal para alejarse de las preocupaciones, principalmente laborales que siempre acarrea la ciudad; sin dejar de mencionar el hechizo de los paisajes llenos de un color oro o verde esmeralda, según la estación.

Indudablemente que viajar es sinónimo también de expandir los afectos. Noté que el grupo se integró más, cada uno se fue identificando con su nombre y se hicieron otros grupos con temas afines a la espiritualidad, al trabajo cultural, a la bohemia, por supuesto, coincidiendo todos en seguir viajando por la geografía de Durango. Todo esto, sin dejar de lado, esa parte lúdica que hace que este tipo de dinámicas sean más agradables y placenteras.
Seguramente que en cada una de las cuatro regiones de Durango encontraremos al igual que identificamos con los menonitas, cuestiones irrepetibles y asombrosas. Una de las razones por las que vale la pena seguir viviendo, es no perder nunca nuestra capacidad de asombro. En este tenor, los viajes nos ayudan a seguirnos sorprendiendo, a seguir experimentando, a seguir viviendo…y por qué no, a seguir creciendo.

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