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REBECA

Por Marco Antonio Olaguez Bayona

A menudo se dice que en el cine ya todo se inventó, que es difícil innovar y que las historias por lo regular son repetitivas y que ya todo se ha hecho, lo cierto es que hay películas que sin lugar a dudas son grandes fuentes de inspiración para guionistas, actores y directores, los ejemplos sobran: ‘El Padrino’, ‘Tiempos Modernos’, ‘Pulp Fiction’, ‘Vértigo’, ‘2001 Odisea del Espacio’, ‘Ciudadano Kane’ nos han demostrado que contar una historia, no sólo es parase frente a una cámara y decir tus diálogos, películas de esta manufactura, nos demuestran que el cine es un ejercicio holístico. Es el caso de ‘Rebeca’.

Dirigida por el maestro del suspenso Alfred Hitchcock, estamos ante un thriller psicológico con componentes de drama, romance, misterio e intriga policíaca. El relato constituye un prodigio de tensión e intensidad. Contado a manera de flashbacks, un personaje ausente es el motor de la acción. Y es que la película comienza con una empalagosa y extraña historia de amor en Mónaco, pero pasados esos momentos de amor, comienza la dura lucha de la enamorada contra viento y marea para mantener al amor a su lado, sin embargo, todo el transcurrir es incierto hasta que se produce un gran acontecimiento, hecho que cambia toda la visión de la película. Los diálogos y las imágenes hacen presente en la historia a un extraño personaje que no aparece nunca, pero mantiene en vilo la atención de protagonistas y público. Se palpa la presencia insidiosa e inquietante del mal, el asedio que levanta en torno a la inocencia y la mella que hace en ella. Hitchcock maneja con habilidad los recursos visuales, verbales y argumentales que generan inquietud y tensión.

A nivel técnico esta película es impecable, elegante y prodigiosa, ganó el Oscar a mejor película en el año 1940, siendo entonces una cinta totalmente atemporal, y nos deja un mensaje absolutamente demoledor, implicando que siempre los seres nobles tendrán fantasmas contra los cuales luchar. Amores del pasado que se interponen en el porvenir. Y que a veces las sombras pesan más de lo que nos gustaría admitir. Si se animan a verla que disfruten la película.

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