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Rezagan lista de sedes artísticas


La presente administración, próxima a culminar, ha colocado sólo un inmueble en la lista de monumentos artísticos: la casa hogar Mier y Pesado, de Orizaba, Veracruz.

De las 50 edificaciones incluidas en la relación que difunde el INBA en su página de transparencia, 17 fueron reconocidas como monumento artístico en el sexenio pasado y 18 en el de 2000-2006.

La titular de la dirección de Arquitectura del INBA, Dolores Martínez Orralde, anticipó a REFORMA que alistan declaratorias con una “mirada nacional, no centralizada”, sin detallar cuáles obtendrían el rango de monumento.

Entre las candidatas al reconocimiento situadas fuera de la Ciudad de México figuran la Benemérita Escuela Normal de Coahuila, la plaza de toros La Petatera, de Colima, y la Parroquia de la Purísima Concepción, de Monterrey, de acuerdo con expedientes públicos consultados por este diario.

La declaratoria de monumento artístico se obtiene mediante un decreto del Presidente de la República o por un acuerdo del titular de Educación Pública -hasta antes de la creación de la Secretaría de Cultura- que reconoce “su representatividad e inserción en determinada corriente estilística, el grado de innovación, así como materiales y técnicas utilizadas en su construcción”, informa el INBA en la referida página.

“La declaratoria establece los criterios de preservación del bien que se declara”, señala el especialista en patrimonio y legislación cultural Bolfy Cottom, quien considera que este decreto provee mayor protección para los bienes culturales.

Manuel Berumen, académico de la Universidad Iberoamérica, recuerda el caso del Súper Servicio Lomas, diseñado por el arquitecto ruso Vladimir Kaspé, que debió ser declarado monumento de manera urgente en 2007 para frenar su demolición, pues el edificio de 1948 sólo estaba inscrito en el catálogo de inmuebles con valor artístico.

Sin embargo, la empresa constructora obtuvo un amparo y lo demolió; sólo permanecieron 320.24 metros -declarados monumento en 2011- junto a los cuales se alza la Torre Virreyes, de 24 niveles, obra de Teodoro González de León.

“Conservarlo así lo desvirtúa totalmente”, opina Berumen.

Expuestas a lo que se ha descrito como “zarpazos del progreso”, las obras arquitectónicas del siglo 20 son las menos protegidas, señala el arquitecto Juan Ignacio del Cueto.

“Se están levantando torres por toda la Ciudad y desaparecen las casas del siglo 19 y de principios del 20. Incluso con la intervención del INAH o del INBA se siguen perdiendo edificios de mucho valor”, añade el académico de la UNAM.

Pero reconocer los monumentos por decreto no basta, previene Del Cueto: deben tener, sobre todo, una valoración social.

“Cuando las cosas se hacen por decreto no tienen el mismo sentido que cuando se hacen por convicción. Que la gente asuma que la obra tiene un valor debería ser suficiente para darle cierto grado de protección. Pero la sociedad no suele apreciar los valores de la arquitectura del siglo 20, porque la ve todos los días”.

Cottom contrasta la cifra de 50 monumentos artísticos con los alrededor de 20 mil inscritos en el catálogo de inmuebles con valor artístico del INBA, susceptibles de ser declarados.

“Este medio centenar refleja la desventajosa situación del INBA”, considera.

“Creo que ha sido relegado por las políticas públicas a nivel federal, porque su presencia en las entidades federativas no ha sido suficientemente fortalecida, a diferencia del INAH, por ejemplo, que tiene una presencia nacional indiscutible. De hecho el INAH, en varias entidades de la República, ha tenido que contribuir a la preservación de bienes que tienen características artísticas

Para lograr una emisión más constante de las declaratorias, se reformó en 2014 la ley en la materia para establecer plazos, destaca Cottom.

“Era muy discrecional, hasta arbitrario el proceso y el tiempo para la promulgación de las declaratorias. Tuvieron mayor auge en los años 80 y 90, y del 2000 para acá han sido menos”.

Ahora, de acuerdo con la ley, una vez que llega el expediente técnico a la Secretaría o a la Presidencia de la República, la expedición de una declaratoria no debe tardar más de cuatro meses.

Berumen espera que la reciente creación de la Secretaría de Cultura repercuta en un mayor reconocimiento de los monumentos artísticos del siglo 20.

“La producción arquitectónica del siglo 20 no se había dando nunca en la historia de la arquitectura en México; es muchísimo lo que hay que proteger”.

Junto con Del Cueto opina que deberían incluirse obras del arquitecto Félix Candela, como la iglesia de La Medalla Milagrosa y la capilla El Altillo, en la Ciudad de México.

Berumen incorporaría también el Edificio Basurto, de Francisco Serrano -primer rascacielos fuera del Centro Histórico–, y el inmueble conocido como Seguros Monterrey, de Enrique del Moral, en Polanco. De esta misma zona incluiría tres iglesias: la de San Ignacio de Loyola, del arquitecto Juan Sordo Madaleno, la Francesa, de Agustín y Enrique Landa, y la de San Agustín, de Leonardo Noriega.

El arquitecto prepara la publicación de un inventario dedicado a Polanco, con 300 obras de 170 de autores de la segunda mitad del siglo 20, exponentes del movimiento moderno. Y sólo es Polanco.

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