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Una historia más que contar



Durango tiene lugares mágicos e interesantes que es necesario visitar para conocer más de su historia, tal es el caso de la Ex Hacienda La Ferrería de Flores y Parque Fundidora que de acuerdo a un recorrido ofrecido por María Gabriela Canales Sánchez, administradora del sitio perteneciente al Centro Cultural y de Convenciones Bicentenario, determinó que en 1824 era sólo casa vivienda de obreros e ingenieros que trabajaban en el alto horno, pero en 1828 Don Juan Nepomuceno Flores compró el alto horno y la hacienda, y él es quien la acaba de asentar para 1830.

Durante el recorrido guiado por Canales Sánchez se pudo observar un salón de música con el original piano de cola de la familia Flores, donde se encuentran dos retratos, a la derecha a Doña Rosita, una de las hijas de la familia, heredera del alto horno y de la Hacienda cuando murió Nepomuceno, y en el otro extremo Doña María de la Luz Quijarde Flores esposa del hacendado.

“Nemopuseno fue uno de los hacendados más destacados para el Porfiriato, tuvo más de 59 haciendas en México, tres en Durango, esta era una hacienda industrial con la fundición del hierro, que se sabe, que mucho de ese hierro fue transportado a París para realizar la Torre Eiffel”, informó Gabriela Canales.

En otra de las salas la joven destacó la pianola como pieza original de la familia Flores, al igual que en las habitaciones se encuentran camas, roperos, tocadores de la época, algunas con pabellones, los cuales se usaban para proteger a la gente de la picadura de alacrán.

Del exterior mostró el estacionamiento de las carretas que actualmente por una intervención arquitectónica hace 8 años se encuentra un jardín que conecta a la sala de costura con la recámara principal donde se ve la cama, la cantina, los espejos de cuerpo completo, los tocadores con un estilo francés del siglo XIX, ya que la familia Flores tenía un vínculo muy cerca con Carlota y Maximiliano.

Sobre la restauración de la Hacienda la administradora dijo que la duela no es la original, recordó que cuando se abre este proyecto como visitas guiadas de la Hacienda para mostrar cómo vivieron los primeros dueños en el siglo XIX, se realiza una intervención importante, donde se restauran pisos, vigas, el patio principal, el cual en su origen era un jardín y hoy se encuentra un domo.

“Es difícil mantener un edificio de 1830 intacto”, agregó.

Al continuar con la visita guiada Gabriela comentó sobre la colección de libros del último dueño que fue Gerardo Mertins, un ex militar nazi, que llegó de Alemania para comprar la Hacienda en 1970 en donde vivió hasta 1986 para posteriormente ser patrimonio de Durango.

De las capillas de la Familia Flores destacó que tienen como patrona a la vírgen del Refugio, la que en nuestros días se encuentra en la Hacienda fue donada al pueblo y funciona independiente.

En una de las recámaras se mostró una maleta de Don Nemopuseno en la cual se observan más de 300 timbres postales, ya que en la época no existían los pasaportes.

Luego nos llevó por el comedor de la familia Flores donde la vitrina, el comedor y la ventana de servicio son originales, en él comían y cenaba personalidades en el rubro minero, ganadero y político.

Durante el recorrido la funcionaria aclaró que la cantina y el desayunador fueron de Mertins. Mientras que la obra “Ánimas del purgatorio” que se encuentra en el comedor principal y una alberca fueron parte en los años 60 del americano Roberto O. Anderson, quien vivió en el lugar.

Para cerrar con broche de oro, en la última sala que era en sus orígenes el cuarto de las nueces, se encuentra una pieza muy peculiar, bonita y valiosa, es un tapiz denominado “La fuente del unicornio” que llega a Durango en los años 70 con el alemán Gerardo Mertins, el cual fue restaurado en España, fue tejido en Bélgica a finales del siglo XV, sólo quedan tres ejemplares con este tipo de telares en el mundo; en este espacio se hallan obras de gran formato de arte sacro del siglo XVII, con la técnica de óleo sobre tela.

Cabe mencionar que el inmueble sirve como salón de renta para eventos y como museo.

A unos pasos pudimos observar la Fundidora, la cual se estableció con la finalidad de explotar el rico yacimiento de hierro del Cerro de Mercado, a mediados del siglo XIX, que aprovechaba el agua del Río Tunal y el carbón vegetal que se obtenía en las laderas de los cerros cercanos, en este momento es un bello paraje ecoturístico, pues dejó de ser rentable cuando aparecieron otras que trabajaban con carbón mineral.

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