MINUTO X MINUTO

¿Y los adornos?



Ante la parafernalia de imágenes y productos audiovisuales que priman en el mundo actual, mucha gente se pregunta por qué en las formalidades de la música clásica no se integran características propias de los espectáculos de los actuales géneros musicales, tales como luces, bailarines, secuencias de video, humo, robots, cambios de vestuario, en fin, qué les puedo decir.

En sus primeros acercamientos a los conciertos académicos, a muchas personas les extraña ver un pequeño ensamble de dos o tres músicos, sentados austeramente con sus atuendos negros, delante de sus atriles con sus instrumentos y sin más adornos que las luces blancas de escenario.

Aunque hay emprendimientos, que insisten en dar un mayor dinamismo de imágenes y movimiento a los conciertos de música clásica, la razón de tanta austeridad en la práctica común no responde a una negativa de evolución o adaptación sino que afecta al principio esencial de la música académica, planteado principalmente por el compositor y que es el mayor emprendimiento y máxima del intérprete:
“La música debe expresarlo todo desde el sonido”.

Y decir todo, es todo, es como ese sabio dicho que enuncia que los buenos libros no necesitan ilustraciones. La función de la música clásica es estimular desde el sonido todas las fibras sensibles del espectador, las emociones, la imaginación, la creatividad, la capacidad de abstracción, las pasiones, la concentración, la evasión, y muchas otras.

Agregar elementos que traten de obviar o determinar cerradamente una idea musical, es tan absurdo como que en las exposiciones de pintura agregaran letreros a los cuadros indicando que este color es rojo y este azul, y que tal objeto es un florero y ese animal un perro.

En cualquier arte, si bien un artista, tiene una idea determinada o un concepto claro para representar en su obra, lo que realmente le da sentido a su creación, es la multiplicidad de significados que puede detectar un espectador, que aunque puedan siempre estar vinculados con la idea central, siempre son variados, y son los que enriquecen a la obra misma, y el aporte cultural que esta hace a la sociedad.

De tal manera, más allá que algunos intérpretes animen un poco el escenario con gestos expresivos y emocionantes, siempre y cuando sean involuntarios y no el propósito de una coreografía, su principal función es cuidar la calidad del sonido, si el público no percibe sensiblemente desde el sonido la obra, entonces el problema es de la interpretación.

Pero si se logra que, sin añadidos ornamentales visuales, el público se conmocione notablemente ante un concierto eso quiere decir que la música ha cumplido claramente su objetivo, y es ahí donde logra su principal propósito, entrar al oído de la gente y mover su espíritu.

Dudas y comentarios: miguel.burciaga92@hotmail.com