Fallece exgobernador Ángel Sergio Guerrero

Juan Ángel Chávez Ramírez

Se sabía del deterioro gradual de su salud en los últimos años, acelerada por un par de accidentes domésticos que le fueron restando movilidad al avezado político de Tierra Blanca que, sin embargo, siempre conservó la prestancia en sus escasas apariciones públicas.

Ayer nos despertamos con la triste noticia del fallecimiento de Ángel Sergio Guerrero Mier. Con él se va una buena parte de la historia política de Durango en la segunda mitad del siglo pasado y principios de la centuria que corre.

Miembro de una brillante generación de jóvenes duranguenses que irrumpieron con fuerza en el panorama político de la entidad durante los gobiernos de Alejandro Páez Urquidi y Héctor Mayagoitia, Guerrero Mier pronto destacó en el quehacer político y en los cargos públicos, al lado de otros personajes de similares timbres, como Maximiliano Silerio Esparza, José Ramírez Gamero, Máximo N. Gámiz Parral y César Guillermo Meraz Estrada, este último fallecido prematuramente y de forma trágica.

Todos ellos, excepto el llorado “Chícharo” Meraz, fueron candidatos a gobernadores de Durango y titulares del Ejecutivo, pero Máximo, quien lamentablemente murió años después, no alcanzó el triunfo, contendiendo como candidato de un partido político ajeno a aquel que lo vio crecer y desarrollarse.

Para quienes observábamos el desempeño y las características personales y profesionales de esta camada de nuevos políticos, oriundos genuinos del estado e identificados con los duranguenses a través de sus historias particulares y familiares, ellos representaban la oportunidad de contar con un gobernador auténticamente local, por primera vez en la era moderna del estado.

En la lógica de la generación que los tenía como ejemplos paradigmáticos de la “nueva política” que ellos inauguraron, se pensaba que el primero en llegar sería Guerrero Mier, por su madurez, experiencia, preparación y dotes oratorias y empáticas; luego seguirían Maximiliano Silerio, y Ramírez Gamero o Máximo Gámiz, pero teníamos la convicción de que todos llegarían a la gubernatura.

Pero nuestra lógica no regía las decisiones y cambiantes circunstancias de la política nacional, el primero en llegar a gobernador fue Ramírez Gamero, seguido de Silerio y, finalmente Ángel Sergio.

Me queda la impresión de que el ansiado cargo le llegó un poco tarde y a destiempo. Gobernaba el país el PAN con Vicente Fox en la presidencia y a Guerrero Mier, estructurado en el nacionalismo revolucionario que había esplendido por décadas con el PRI, no parecía acomodarle la cohabitación ideológica con el adversario doctrinal de su partido.

Más allá de la visión anecdótica local sobre su gestión gubernativa, la carrera partidista de Ángel Sergio es impresionante en el ámbito nacional; como delegado de su partido en casi todos los estados de la República, por sus manos pasaron infinidad de decisiones que determinaron el destino de gobernadores, diputados, senadores, y campañas electorales de todo tipo y grado de dificultad.

Igual que con sus compañeros de generación, en torno de Guerrero Mier se consolidaron infinidad de cuadros políticos locales y servidores públicos de renombre y relevancia, muchos de los cuales siguen activos en la administración y en el quehacer comunal.

Personalmente lo recuerdo siempre con afecto, él extendió, en el lejano 1972, mi primer nombramiento como funcionario del gobierno de Páez Urquidi, al que Guerrero Mier entró como parte de la solución a la problemática derivada del icónico movimiento estudiantil de 1966, contribuyendo destacadamente a atemperar las agitadas aguas de la inconformidad popular que aún se cernían sobre el gobierno de don Alejandro.

Alguna vez, siendo Ángel Sergio presidente estatal del PRI, me invitó a formar parte de una planilla en la dirigencia de la entonces CNOP, tal vez pensando que me dedicaría a la actividad política y, posteriormente, a integrarme como secretario del patronato para la construcción del edificio del PRI.

En los años siguientes nos vimos pocas veces, incluyendo el período de su gobierno, pero siempre nos tratamos con respeto y, diría yo, con aprecio.

Unos días antes de su toma de posesión nos reunimos a desayunar, para comentar brevemente mi visión sobre el poder judicial, que me había solicitado explicarle; además de eso, le informé de que a partir del primero de octubre me incorporaría al equipo de trabajo de Pepe Ramírez Gamero, quien generosamente me brindó la oportunidad de regresar a la Ciudad de México.

Con Ángel Sergio Guerrero Mier en la gubernatura terminó la era de una generación de políticos que cambió el panorama doméstico de nuestro estado, pero con él también se rompió el relevo generacional que seguía.

Nadie de mi generación gobernó o ha gobernado Durango; en cambio arribó al poder público la que se dio en llamar, a sí misma, la “nueva generación”, de cuyos resultados gubernamentales ya tenemos los duranguenses elementos para juzgar si han estado a la altura, o no, de ese distinguido grupo de coterráneos.

Descanse en paz don Ángel Sergio, y ojalá que no se pierda su legado ni la huella profunda de su generación.

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