Observatorio Ciudadano

Por Juan Pablo Arreola Torres

Restricciones frente a más contagios

Ante el incremento de contagios y la presencia en Durango de la sepa del virus Beta, el gobernador José Aispuro Torres reacciona de inmediato y en reunión con el Consejo Estatal de Salud se determina la inmediata aplicación de medidas restrictivas fin de contener la ola de contagios que origina la nueva sepa Beta, primordialmente, se suspenden los eventos masivos, como se sabe, esta nueva modalidad del virus está afectando en mayor porcentaje a los jóvenes y en general a las personas que no han sido vacunadas. El fracaso de la estrategia para combatir el virus que inició tardíamente el gobierno de López Obrador desde su aparición, negándose a escuchar otras opiniones de los investigadores que criticaron los criterios oficiales, ahora después de experimentar una nueva oleada e incluso con mayor fuerza en varias entidades, el gobierno federal la ha minimizado, poniendo así una cortina que no soporta ocultar la verdad.

Hay que advertir, que la irresponsable e impudente actitud de un sector de la sociedad, primordialmente en las colonias populares, muestra el desenfado que rechaza el uso del cubrebocas, el cual algunas personas lo sacan del bolsillo al entrar a un comercio que cuida celosamente el cumplimiento de esta medida sanitaria. Pero insistimos que esta medida no puede ser más oportuna y ya había muchos indicios que creaban la necesidad de adoptar medidas más severas.

Precisamente, esta medida se une a las que ya han sido aprobadas para el fortalecimiento del sector Salud para mantener una sociedad sana e igualmente para que todos los sectores productivos sean reactivados y la economía se reestablezca con bases sólidas.

En el laberinto de decisiones erróneas a la que esta administración que encabeza AMLO a sometido a los mexicanos, una de las más dañinas es la falta de medicamentos, hoy muy tardíamente festeja el secretario de Salud como un triunfo que en 37 días haya podido comprar las medicinas que la  Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS), no pudo comprar en 10 meses, de una licitación internacional diseñada por la propia Secretaría de Salud, es uno de los mayores ridículos de un área que no ha parado de hacerlos en los dos años y medio que va de gobierno, escenificados casi siempre por el subsecretario López-Gatell, aunque hoy le tocó el turno al ausente secretario Jorge Alcocer.

Si desde hace dos años y medio hay desabasto de medicinas fue por una decisión que se tomó por la actual administración, cuando decidió, desde agosto de 2018, antes de asumir el poder, pedir que no se renovara la compra de medicamentos consolidada que debería proveer de medicinas desde inicios de 2019. La argumentación, como hemos explicado muchas veces, fue que se quería romper con las cadenas de corrupción en el sector, que identificó con tres empresas contra las que nunca se presentaron denuncias formales, más allá de vetarlas, lo que rompió la cadena de distribución y de producción que tenía el país, la más eficiente de América Latina, que incluía cerca de mil laboratorios nacionales que abastecían tanto al sector público como privado.

Desde entonces hasta hoy, nunca se ha podido completar la compra de medicinas y mucho menos restablecer la distribución. La compra que ahora hicieron en el sector salud, que sólo se mantiene en pie por los esfuerzos del IMSS, fue algo así como una compra de pánico, por adjudicación directa, y sin que, hasta ahora, se haya podido restablecer la cadena de distribución: se olvidó lo complejo que es distribuir esas medicinas, sobre todo para alcanzar lo que llaman la última milla de la distribución, y que lleguen no a un centro de almacenaje, sino a todas y cada una de las clínicas, consultorios, farmacias que hay en el país, por más aisladas que estén, lo avanzados que son esos sistemas y la profunda interrelación que existe entre los distribuidores y los productores.

Como esta, así celebra esta administración la ineficiencia, otras áreas están en igualdad de circunstancias por ese afán sin control de borrar todo lo realizado en el pasado, estrategia que ha consistido en cambiar de nombre a las dependencias y a los programas por los nuevos, además de reducir sustancialmente sus presupuestos que originalmente tenían asignados, dizque porque todo estaba corrompido, después, a esos enormes sumas de recursos, se le dio por llamarlas “ahorros”. Otra mentira.

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