Trece maestros en una familia

Juan Carlos Chávez

  • Vocación total de la familia Soto López por la docencia

La maestra Martha López Carrillo, egresó de la Benemérita y Centenaria Normal del estado como maestra, y por 50 años se dedicó al ejercicio de la docencia, como todos los maestros “de antes” tuvo que salir de la capital para empezar a trabajar, lo hizo en un campamento maderero ubicado en la sierra, “La Guacamaya” en el municipio de Mezquital, en donde estuvo por espacio de siete años, de ahí la trasladaron al municipio de Pánuco de Coronado y posteriormente regresó al Mezquital, en donde permaneció  otros ocho años, algo que hoy en día “ni en sueños” se puede realizar.

En el marco de la celebración del “Día del Maestro”, la maestra Martha nos compartió sus experiencias de vida como maestra, con su esposo, (ya fallecido) Jesús Soto Soto, procreó siete hijos, y todos se dedicaron a la docencia, Víctor Alfonso, Jesús Alfredo, Juan Carlos, Martha Isela, Luis Fernando, Martha Patricia y Martha Leticia, pero esto no es todo, cuatro de sus nietos siguieron por este camino y hoy ya empiezan con su labor en el mundo de la docencia.

La maestra Martha tardó 15 años de su carrera en obtener un lugar en esta ciudad, algo que “ni de chiste” ocurre con las nuevas generaciones, años atrás los maestros hacían su vida en las comunidades en las que eran enviados, algunos nunca pedían su cambio, y hay quien ya nunca regresó, para ella, su gusto por los niños marcó su destino, pues además de casarse con un maestro, legó su vocación a sus siete hijos y también a sus nietos, quienes hoy son maestros de comercial,  de secundaria y de primaria.

En sus inicios, la maestra Martha recuerda que se ponía a jugar con los demás niños, es decir con sus alumnos, ya que, empezar desde muy joven le permitió ser parte activa en estos juegos, posteriormente sus hijos jugaban a “la escuelita”, algo que influyó en su decisión de seguir el camino de la educación, algo que le ha dejado un sinnúmero de satisfacciones, a pesar de esta influencia, asegura que nunca trató de influir en las decisiones de sus hijos, nunca impuso su voluntad, hoy entregan el alma la vida y el corazón para continuar creando mejores niveles educativos.

  • Los cambios en el sector educativo

Hoy en día, la educación ha ido a la baja en cuanto a la calidad, hace algunos años, la enseñanza era integral, las actividades complementarias formaban una parte fundamental en el desarrollo de los estudiantes, actividades manuales con las cuales aprendían a coser, a tejer y una gran diversidad de trabajos que daban el sentido de la responsabilidad a los alumnos, en lo que se refiere a lo estricto de los maestros, consideró que cada quien tenía un estilo muy particular en donde tal vez había algunas prácticas que hoy en día es imposible que continúen, ponerlos en un rincón con una piedra en cada mano es impensable.

La maestra considera que el apoyo de los padres hace algunos años era invaluable, existía pleno respeto hacia los maestros, no solo de parte de los alumnos, sino de la comunidad completa, no solo era respeto, el sentimiento llegaba al cariño, de los niños, de los padres de familia y de todos los habitantes de los poblados, hoy la relación es un poco más fría, pues el hecho de que ambos padres trabajen provoca que en muchas ocasiones no conozcan a los maestros de sus hijos, lo mismo sucede con la calidad educativa, pues antes los niños que no asimilaban los conocimientos se quedaban otro año en el mismo grado, algo que se ha eliminado hoy en día.

  • La satisfacción de ser maestra

Una de las principales satisfacciones de ser maestra, es encontrarse con profesionistas a los que les impartió clases, a hombres ya con una carrera prospera y con una familia, cuando décadas atrás los conoció siendo unas “pirinolitas”, que la reconozcan y que la saluden con un efusivo abrazo y un beso de agradecimiento es uno de los momentos más satisfactorios para un maestro.

  • La caída en la calidad educativa por causa de la pandemia

Una de las hijas de la maestra Martha,  Martha Patricia Soto, directora de la escuela Ramiro Arrieta en esta capital, explica que la disminución en el número de horas en la jornada a escolar, aunado a la necesidad de trabajar a distancia por motivos de la pandemia, ha disminuido de manera considerable la calidad educativa,  a esto hay que agregar que los alumnos ya no pueden ser reprobados,  el hecho de que estudien desde sus casas, sin el respaldo de los padres de familia, impide que exista una educación de calidad, no hacen trabajos ni tareas para afianzar los conocimientos, a esto hay que agregar la falta de entrega de los padres d e familia, quienes al saber que sus hijos tienen seguro pasar de año, no se esfuerzan en apoyarlos para que adquieran los conocimientos propios de esa edad, inclusive hay quien a pesar de que las disposiciones de la Secretaría de Educación indican que el regreso presencial a clases es total, hay quienes los quieren mantener en sus casas por decisión propia, o acudir solo uno o dos días por semana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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