Aprendiendo a vivir

Por: Alma Rosa Sarabia Méndez

 

El tiempo pasa y contamos los días, los meses y los años transcurridos en nuestra vida a través de experiencias buenas y malas que forjan el carácter, enriquecen el alma y nos traen nuevos retos y satisfacciones, además de tristezas y lágrimas.

Y aunque es más común asociar el paso del tiempo en el cuerpo humano con la falta de energía, el deterioro físico e intelectual, las enfermedades y la incapacidad laboral, entre otros, es innegable que la madurez, la sabiduría y la experiencia vienen con la edad. Casi todos aprendemos experimentando la vida día a día y etapa tras etapa. .

El salmo 90 fue escrito por Moisés y es el más antiguo de todos en la Biblia, nos exhorta a aprender de la sabiduría de Dios, reconociendo su grandeza en la creación y su eternidad descrita por la traducción hebrea como:

<Desde el punto que se pierde en la lejanía del pasado hasta el punto que no se distingue en la lejanía del futuro>.

“Señor, Tú nos has sido refugio de generación en generación. Antes que naciesen los montes y formasen la tierra y el mundo, Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios. Vuelves al hombre hasta ser quebrantado y dices:

Convertíos, hijos de los hombres. Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó y como una de las vigilias de la noche.

Los arrebatas como un torrente de aguas; son como un sueño.

Como la hierba que crece en la mañana, en la mañana florece y crece;

A la tarde es cortada y se seca.” (Versículos 1-6)

¿Cómo nos relacionamos usted y yo con la grandeza de Dios?

Hay tres factores que marcan los límites de la vida del hombre y el primero es que debemos vivir dentro o bajo la soberanía de Dios, pues es él el Creador de todas las cosas. A pesar de los esfuerzos de la ciencia para alargar la vida y mantener la salud y la belleza en el cuerpo humano, no tenemos ningún control sobre el tiempo que viviremos y la historia nos confirma el hecho de que los seres humanos podemos desaparecer de repente de la escena.

Un ejemplo de la vida del hombre es la hierba que se renueva cada mañana.

Tenemos que estar preparados para enfrentarnos con el problema del mal.

¿Por qué ocurren todas esas tragedias, injusticias y catástrofes que lo mismo ocurre a los justos e injustos?

 

La vida tiene un carácter agridulce que compensa cada alegría con un momento triste, trágico o infeliz.

Según las Escrituras, la ira de Dios no se refiere a violentos arranques sin control cada vez que los seres humanos desobedecemos su voluntad, sino a su integridad moral. El salmista coloca en el mismo marco el pecado del hombre y la ira de Dios

 

<La ausencia de Dios es destructiva para la vida humana y esa ausencia es la ira de Dios imposible de detener. En su integridad moral, Dios insiste en que estas cosas deberían pasar como resultado de la elección del hombre.>

 

En estos tiempos, todavía los hombres buscan una respuesta para los problemas de la humanidad: Sobrepoblación y hambruna, enfermedades y pestes que no se han podido erradicar, pleitos y guerras entre las naciones y entre los hombres, la lucha por el poder político y económico, la creciente ola de inseguridad y violencia en nuestras ciudades y colonias, escuelas y hogares.

¿Cuál es la causa de los problemas en el mundo? En los foros nacionales e internacionales se ha llegado a la conclusión de que es la falta de educación de la gente, la repartición desequilibrada de la riqueza y las oportunidades de crecimiento, la falta de recursos para el campo y el sistema de salud pública, etc.

Sin embargo, la palabra de Dios es muy clara al respecto. En el principio de la creación todo era hermoso hasta que el pecado apareció en la vida del hombre.

¿Por qué ignoramos la realidad de la ira de Dios? ¿Por qué tratamos de pretender que no existe? ¿Por qué no aceptamos la soberanía de Dios sobre el hombre y su justicia?

El salmista responde orando a Dios:

“¿Quién conoce el poder de tu ira y tu indignación según, que debes ser temido?

Por último, el salmista escribe sobre la más grande relación de Dios con el hombre: Su misericordia y su amor.

“Vuélvete, oh Señor; ¿hasta cuándo? Y aplácate para con tus siervos.

De mañana sácianos de tu misericordia y cantaremos y nos alegraremos todos los días.” (Versículos 13 y 14)

No podemos experimentar el amor de Dios a menos que estemos dispuestos a tener una relación personal con El.

<Entra en mi corazón y apiádate de mí, tu siervo.> Es el lamento y la petición de Moisés, que fue un hombre llamado “amigo de Dios”.

El amor de Dios es misericordioso. Es un amor continuo y que no cambia; en otras palabras, es una aceptación sin calificaciones.

 

“Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16)

¡Hasta pronto!

 

Informes: almarosa_sarabia@hotmail.com y a los teléfonos (866) 6340050 y 6352877

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