🖊 Opinión | A mis Maestros V

Marco Antonio Espinosa López

Oye we… Que diga… Oye Alter, me tienes intrigado con lo de tu maestra gandalla que comentabas la anterior colaboración…; – qué transita por tus venas mi cabeza de Roll On. Está interesante verdá, pero que crees…-; no vayas a salir con tus tonterías ¿Qué pasó Haragán? – pues mis historias son caras we; si quieres que te termine de contar, qué me vas a dar a cambio -. Vale gorro. Ya se me hacía muy picudo para ser pato; pero te invitó ahora sí unos tacuches de triplay…; – ya rugiste pinche pelón -. Venga.
– El espacio se me terminó cuando te estaba platicando de cómo me obligaba a usar solamente la mano derecha para escribir; me hacía que pusiera la mano izquierda en la cabeza o pasarla hacia atrás para no tener la tentación de escribir con ella cuando me cansara de escribir con la derecha. Y fue una mala mañana en que, mi santo oficio olvidadizo, me llevó a ponerme a escribir con la zurda y ¡Tómala barbón! Que me cae la maestra como caen los inspectores en puesto callejero sin papeles para vender en la vía pública.
“Marco Antonio qué estás haciendo ¿Quién te dio permiso de que hagas eso? ¿Tú no has entendido que tienes una letra muy fea porque te la pasas escribiendo con una mano y con otra? Te vas a quedar si recreo toda la semana…” y dicen que mal empieza ésta, para quien ahorcan en lunes; pero… “además me vas a hacer veinte veces el Himno Nacional con todas sus diez estrofas; y si no acabas aquí me las vas a traer de tarea, aparte de la que les voy a encargar”…-; no manches Alter, no te creo. – Pues no me creas we, no te estoy contando para que me creas. Total, siempre me has tratado como has querido. Pero lo que te cuento es real y te lo firmo ante notario…-; no pues que mal. Pero, y qué hiciste después de esa condena… Digo… Tarea.
– Pues me quedé sin recreo esa mañana. Me envió a la última mesa. Pegado a la ventana para que no la molestara con mi llanto y comencé a realizar la harto difícil encomienda de escribir el Himno Nacional Mexicano. Es ocioso mi cabeza de bombilla, decir que ni por equivocación terminé dos veces el encargo; porque además, ese día, como era su costumbre, le dio por desquitarse con todo el grupo y si por ella hubiere sido, nos dejaba toda la tarde en el salón.
Obviamente llegar a casa, quitarse el uniforme, comer y ponerse a hacer tarea era parte del ritual; y nuevamente “En sangrientos combates los viste…” una y otra y otra vez; hasta que mi Madre, que sí tengo we, salió al quite y me comenzó a preguntar qué había pasado y por qué me habían dejado tanta tarea. Pues le solté lo que sucedió y no sabes la que se le armó a la maestra y al Director el día siguiente -. No lo puedo creer Alter. Y te cambiaron de salón o qué pasó. – Nel, qué va. La maestra se defendió como gato boca arriba y los malos terminamos siendo los alumnos y tuvimos que concluir el año con ella; sin embargo, hubo algo bueno de todo esto…-; no manches ¿En serio hubo algo bueno de todo esto? No creo…; – Simona la Beneficiada we…-; a ver cuenta.
– Pues resulta que todo esto que pasé con esta maestra, sirvió para que mis progenitores se dieran cuenta que tenía un problema cardiaco que me orilló a cambiar un poco mi vida. Tenía prohibido hacer ejercicio; así fue la mitad del cuarto año que me faltaba y hasta el tercero de secundaria; visitas por lo menos dos veces por semana al Hospital de Cardiología que se fueron diluyendo en dos por mes, una por mes, hasta que fui dado de alta –. Ahora entiendo porque eres tan haragán…; – no me hace gracia tu comentario pinche pelón. Además eso me invitó a ser más antisocial, porque al no poder correr como todos, no jugar como todos, no brincar como todos, me obligaba a buscar otras formas de sobrellevar el asunto y, pues me dio por escribir, me gusta mucho aunque me digas que soy un Parásito; me dio por hacer otras actividades que me suplieron esa vida “normal” que todo niño debía tener -.
Órale mi Alter. Me dejas sorprendido con tu historia de terror estudiantil; ahora entiendo el porqué nunca hablas de eso. – Pues así es mi cabeza de globo. Esa es mi triste historia con “La Araceli”…-; así se llamaba tu maestra…; – Simona la Carcelera. Pero pues eso ya paso y afortunadamente pude ser tratado a tiempo y que a los 13 años se tomará la decisión de darme de alta médica y muchas cosas más que ya no voy a decir por una mendiga orden de tacuches. Ya nos vamos, ya me está gruñendo la panza -. Aguanta, yo tengo muchas cosas que hacer…-; oye, te la dejo en dos órdenes, si en la próxima entrega terminas de platicar estos recuerdos estudiantiles…-; ¿Ah caray! O sea tengo que pagarte con dos órdenes de tacuches por yo platicar…; – así es mendigo tacaño, me debes muchas we…-; está bueno. Vámonos. – En lugar del Himno me hubiera puesto a escribir 50 veces la de Laurita Garza, la maestra de la escuela…” -; jajajaja no cambias Mequetrefe.

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