🖊 Opinión | El peor vendedor del mundo

-Oye we…-; dime Alter, qué se ofrece. – Sabes, por ahí tengo algunas cositas que ando queriendo vender ¿me las compras o me ayudas a venderlas? Tú siempre traes varo -. Jajaja ¡Ah que mi Alter! A buena sombra te arrimas. – No te rías pinche pelón; ando con una urgencia -. No mi Zángano, la neta, como dicen los chavos, no se arma. Eso de las ventas no te lo vengo manejando.

– Chale we, neta que eres bien culei; yo pensé que éramos cuadernos de doble raya -. Pues lamento desilusionarte como a muchos desilusionados del “proyecto” cuatroteriano mi parasitario amigo; yo no tengo cuadernos ni de doble raya, ni de libretas de taquigrafía; y tampoco soy un buen vendedor. – ¿A poco no le haces a la vendimia we?…-; pues no. No le hago a la vendimia Mequetrefe.

– Y eso por qué, si todos llevamos a un Og Mandino en nuestro interior…-; pues yo no. – Cuéntame por qué no…-; ya vas, pero no vayas a estar jorobando como lo haces siempre…; – nel mi Tío Lucas, venga -. Pues desde muy niño nunca me ha gustado andar ofreciendo nada. Me da mucha pena ofrecer y que me digan que no. Yo sé que nadie está obligado a decirte que sí, pero a mí no me gusta un no como respuesta.

– Y cómo te diste cuenta de eso we…-; pues cuando estuve en la primaria, se organizaba la “cooperativa escolar”, a través de la cual, se obtenían recurso para lo que hiciera falta en la escuela…; – no manches we ¿desde entonces ya se manchaban con eso de las cuotas voluntarias y además te ponían a vender cosas para la causa?…- ; Simona la Abusiva Pelafustán.

Deja decirte que cada que se acercaba el momento que le tocaba vender al salón en el que cursaba, me entraba mucha angustia, muchos nervios, no podía dormir bien y como que me quería ausentar de la escuela mientras pasaba ese martirio…; – y por qué no lo hacías mi cabeza de foco…-; hacer qué ¿Ausentarme? Ni soñando mi Sacrosanta Jefecita lo iba a permitir.

Primero muerta, que dejarnos en la casa de pránganas. Así que, apechugabas todo ese cumulo de emociones y sentimientos encontrados y le hacías frente al problema. Durante una semana éramos víctimas de aquella “explotación infantil” disfrazada de cooperativa escolar.

La primera vez que entré a ese tipo de cobro de piso pues creo que hasta me enfermé; por lo que mi Maestro de vida, es decir mi Jefe, la siguiente ocasión que me tocó ser parte de ese lucrativo negocio, pues me tiro paro y me compró la caja de mazapanes que me habían tocado, que dicho sea de paso, tal vez por eso los mazapanes son mi golosina favorita, hizo el esfuerzo para comprarme toda la caja y llevar integro el dinero.

– ¡Órale! Que chido tu Jefecito we. Con esa acción te libro de ese suplicio…-; este mmmm no mi Alter…; – cómo no, pues te echó la mano para que no pasaras por ese mal rato…-; pues te digo que no, porque desde muy chamaco, pues ya me daba por atarimapendecuarizarme y qué crees…; – no pues inteligente, guapo y adivino no soy mendigo cabeza de aceituna, dime tú…-; está bien, pues resulta que el dinero me lo dio mi Jefecito el primer día que me entregaron la caja de mazapanes a vender, por lo tanto, creí que era menester entregarlo al día siguiente para que ya vieran que había logrado mi objetivo y quedar libre de ese problema; pero no fue así…; – cómo crees, luego que pasó entonces -; ahí te va.

Resulta que llegué muy peinadito como siempre, adornando mis lacios cabellos alguno que otro gajo del limón que nos servía de gel aplaca greñas en ese entonces; aunque mi Sacrosanta Jefecita aún niega ese hecho.

Procedí dirigirme hacía mi salón con el dinero en una bolsita de plástico, con lo justo de la venta del día, ni un peso más, pero ni un peso menos; ya iniciada la clase, la maestra, que por cierto es de la que ya te conté en otra ocasión; nos preguntó que cómo iba la venta de dulces y tómala, que levanto la mano y, con mi vocecita infantil le dije: Maestra, yo ya termine, aquí está el dinero.

Acto seguido me lo pidió y también pidió un aplauso por ser tan dedicado y contribuir con mi escuela. – Muy bien, que buen premio…-; nel mendigo Sátrapa, ese no fue el premio, el premio fue otro…; – ¡Ah no! Entonces cuál fue…-; pues otra bolsa de mendigos dulces para seguir apoyando a la cooperativa escolar; obviamente sentí que mi diminuto cuerpecito era invadido por un torrente de conflictos, pues mi Jefecin, ya me había dicho que guardara el dinero para el final…; – jajajajajajaja si que estabas bien wey desde entonces pinche cabeza de aceituna…-; no te burles we, no te burles.

– Es que neta, que sí te pasabas de ingenuo, y luego ahí andas diciéndome de cosas a mí. Por cierto, si no eres capaz de vender una mendiga caja de mazapanes, no te imagino vendiendo la dignidad como muchos seguidores de “ya sabes quién”, que creen que porque les da una beca o una dádiva a sus jefecitos o abuelitos, se la tienen que estar pasando defendiendo sus estupideces con todo mundo -. Pues está bien que no te lo imagines, porque la dignidad es lo último que se vende mi estimado Pelafustán. – Oye we, el que si es buenísimo para vender es El Cuñao, me invitas unos tacuches de triplay, te escuché sin interrumpirte -; Simona la Taquera, vámonos

Puedes comentar con Facebook