🖊Opinión | A mis Maestros III

-Oye Tío Lucas, me vas a seguir platicando sobre tus andanzas en las escuelas verdad…-; claro mi Alter, no sabes qué bien me ha hecho recordar aquellos años tan lejanos, pero tan cercanos en mi memoria; además, estoy seguro que muchos de mis estimados lectores han traído, a la suya, aquellos años en que lo único que nos preocupaba era que la o el maestro, con voz maquiavélica nos dijeran: “guarden libros y libretas, dejen pluma y lápiz y saquen una hoja porque hay examen sorpresa. – No manches ¿eso hacían we? -; Simona la Despiadada mi Alter. Y había unos que eran mas gandallones pero, eso para la próxima te lo cuento, porque son de la secundaria. – Bueno pues soy todo oídos mi cabeza de bola de boliche -.

Pues la entrega anterior daba cuenta de cómo me había ido en la llegada a mi nueva escuela; de cómo Dolores casi me saca un ojo con el pizarrón, y de cómo, por ese pasaje de bienvenida a la nueva institución me llevó a ser nuevamente de los “protegidos” de la Maestra.

Algo que recuerdo muy bien es que, ya te decía, siempre me ha gustado, hasta la fecha, no llevar una vida socialmente activa; es decir, no me gusta andar en reuniones, no me gustan mucho las fiestas, me gusta tener pocas amistades, me cuesta mucho comenzar alguna relación de amistad con las personas y, eso, en aquellos años, parecía que era mi peor maldición. – ¡Ah no manches! Y ¿Por qué? Mi Coco Liso, si parece todo lo contrario -; el león no es como lo pintan Haragán, pero esa es otra historia.

Decía que esa forma de ser tan mía, me llevó a ser “el bailarían exclusivo” de la Maestra Olivia…; – Órale we, qué te llevaba a bailar o qué onda…-; no seas baboso, pues cada año, precisamente por estas fechas, se hacían los festivales del Día de la Madre y del Día del Maestro. Entonces se hacían bailables por cada grupo de cada año. Eran festivales interminables pero eran agradables para aquellos a los que les gustaba el folclor.

Pues resulta que estuve con la Maestra Olivia, en tercero en quinto y en sexto; pues en los tres años, al ver mi poca participación cuando preguntaba “quién quiere participar en el bailable, levante la mano”; yo no sólo no levantaba la mano, sino que trataba de esconder mi diminuto Ser detrás de la silla para que no me escogieran…; – ¿y no te escogían?…-; mi Alter, desde entonces deje de creer en la suerte, porque parece que en ese tiempo me hostigaba y era al primero que elegían: “no puedes dejar de participar como los demás; es para que tu mami pase un lindo día”; como si a mi Sacro Santa Jefecita le alegrara ver a su retoño haciendo el ridículo pintado de la cara con bigotes y patillas, con huaraches, botas o vestido de manera sicodélica.

– Jajajaj que cajeto te has de haber visto pinche Coco Liso…-; tú también me vas a fastidiar mendigo Zángano. Síguele y ya hasta aquí la dejo…; – No we, síguele. Pero no sé por qué presiento que tu Jefecita era la cábula y ella era la que le pedía a la Maestra que te escogiera para que se te quitara lo medio wey que estabas…-; ¿Sigues punzada? ¿Cuál medio wey? Además no creo que mi Jefita me haya jugado esas malas pasadas. – ¿No we? pregúntale; pero es verdad antes estabas medio wey… Ahora estas bien wey -.

Pues esos años, pasaron realmente sin pena ni gloria. Hice más amigos. Aunque una circunstancia me obligaba a seguir fomentando que prefiriera permanecer solo. Como no podía andar de chiva bronca, pues me dedicaba a ir escribiendo cualquier cantidad de cosas que, a la larga, se fueron convirtiendo en algunos de mis escritos. Quizás el no ser un chamaco como la mayoría, me obligaba a ver la belleza de todo lo que me rodeaba. Y Por ello me volví en el romántico empedernido que ahora soy. Aunque en esos últimos dos años de primaria, llegó la sombra de un “compañero” que me hizo la vida imposible. – ¿Y nos vas a platicar? -. Si pero en otra oportunidad porque por ahora se termina MI espacio.

– Oye, Pelochas…-; dime Alter. – Pues yo seré un Barbaján, un Zángano, un Parásito y todos esos calificativos tan denigrantes que me dices; pero sí sé contar we y si mal no hice las cuentas, solamente mencionaste el 1ero, 2do. 3ero, 5to y 6to ¿Y el cuarto? -. Pues de ese vas a hablar tú Zoquete; no dijiste que ibas a hablar de un monstruo horrible, malvado, que se pasaba de lanza y que era bien gandalla contigo…; Mendigo cabeza de blanquillo; yo nunca dije todo eso, sólo dije que, si me dejabas, te platicaría del monstruo del que yo me acuerdo; pero nunca dije todas esas tonterías que dices que dije y que no dije…-; ya no sea chillón. Eso es para que sientas lo que siento…; – ¡Ahí sí! “eso es para que sientas lo que siento”… Pinche Pelón mamila; por eso no tienes amigos, has de haber sido un higadito…-; te vale mendigo Haragán, ya vámonos…; – ¡Ahí sí! “Te vale… ya vámonos” -. ¿Qué estas refunfuñando? No me hagas renegar…; – nada we, no estoy diciendo nada, te vas a morir de un coraje y me vas a echar la culpa; hablando de echadas; échate un clavado en la bolsa y invítame unos tlacuaches de triplay…-; “E” invítame animal…; -sí también vas a ir, pues tú los vas a pagar…-; ¡Ay no! Ya vámonos.

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