🖊Opinión | A mis Maestros IV

-Oye we, nos vas a continuar contando de cuando eras más wey que ahora…-; vas a empezar con tus cosas Mequetrefe; te estoy oyendo. – ¡Uh! Qué poco aguantas mi Pequeño Saltamontes; pero está bien, te pregunto: Señor don Marco ¿nos va usted a seguir platicando sus andanzas estudiantiles? -. No creo, habíamos quedado que tú te ibas a refinar el cuarto año porque, según tú, te habías encontrado con un ogro y un…; – ya párale, ya me acordé que te pusiste a inventar un montón de calificativos cuando yo no los había dicho aunque ganas no me faltaron -. Además también saliste con que sí sabías contar y que yo solamente había dado a conocer el 1ero, 2do, 3ro, 5to y 6to…; – ¡Ah! Simona la Olvidadiza -. Pues como tú dices: venga.

– Pues mira, mi paso por la escuela no fue muy interesante. En realidad siempre fui muy malito para determinadas cosas, pero pues siempre fui muy machetero…-; jajaja muy qué…; – machetero pinche pelón, nunca has escuchado eso o qué…-; sí ya sé, no te enojes, quise que sintieras lo que yo siento…; – ya vas con tu “para que sientas lo que siento”. Me dejas continuar o ya no te dejo estar en mi espacio -. Está bien… Sáquese mendigo Parásito, ni este es tu espacio, ni tú me vas a limitar aquí. Así que síguele.

– Bueno pues para no hacerte el cuento demasiado largo llegó el cuarto año y, con él, llegó una etapa muy difícil para este pobre angelito. Resulta que había una maestra de la que muchas mamás hablaban…-; qué bueno que tú no tienes y no te atormentaba eso, me imagino…; – cállate. Con esa maestra pasaba lo que pasa con la tapa del pan Bimbo, con la tortilla de hasta arriba…-; qué pasa…; – pues nadie la quería we. Se escuchaba todo tipo de rumores; que si se comía a los niños, que si los encerraba en un sótano, que si los golpeaba con una vara…-; no manches mendigo Alter, no estés inventando. – No estoy inventando, “deveritas”; yo me la imaginaba como la Bruja del 71 we -. Estoy seguro que cuando la conociste se te quito esa imagen de ella…; – sí se me quito esa imagen que tenía de ella, porque la confirme y ya no era sólo la imagen, fue la realidad -. No te creo, eres bien cuentero, pero síguele.

– Pues mira, llegó el momento en que recibí la mala noticia de que me había tocado con ella y, la primera acción muestra de su autoritarismo era llegar a su mesa de inscripción y escuchar: “les informo que no acepto cambios de grupo, así que los que quedaron conmigo inician conmigo y terminan conmigo”. Se acostumbraba que pudieras cambiar de grupo si uno no te agradaba o preferías a un  maestro o maestra diferente, pues tenías esa posibilidad. Una vez pasada esa mala jugada del destino, comenzó el terror porque, pues a pesar de haber sido sólo un alumno machetero, las maestras que había tenido, pues se portaban bien conmigo; y de repente saber que esa maestra no se quería ni ella misma, pues me comenzó a dar miedo.

No pasó mucho tiempo cuando el martirio comenzó. Tarea, tarea, tarea y más tarea. Algo así como ahora los pobres chavos que ya odian Once Niños y no pueden con tantas tareas que les encargan por la pandemia. Los gritos comenzaron a aturdir mi cabecita, porque para todo gritaba: “Siéntate… Esto no se hace así… Porque eres tan burro… Por qué lloras si no te estoy haciendo nada, te quedas sin recreo por eso…” -; no manches Alter, es neta…; – Simona la Carcelera, era una hija de la chin…-; tranquilo ése, tranquilo. – Cuál tranquilo pinche cabeza de foco fundido, si nada más de acordarme me dan ganas de tenerla enfrente y decirle que era una pasada de lanza.

Gritos a todo el grupo… Castigos colectivos… exámenes sorpresa cada que amanecía de malas… No, no, no; no sé quién le diría que podía ser maestra, y peor aún, no sé porque la seguían dejando dar clases we; pero lo peor no es eso…- ¿todavía hay más? – pues sí we, a poco crees que la odie nada más porque soy hojaldra.

Resulta que yo tengo la facilidad de utilizar ambas manos para…-; eres ambidiestro…; – no wey, uso las dos manos nada más…-; no puede ser posible; continua.

– Pues como yo escribía con las dos manos, me gustaba usar la izquierda cuando me cansaba con la derecha y además hacía una letra muy chiquita; pues no vas a creer que a la condenada no le gustaba que hiciera eso y me hacía que pusiera la mano izquierda en la cabeza o en la parte trasera y me obligaba a estar escribiendo con la mano derecha y haciendo la letra lo más grande que pudiera; y como una vez se me olvido llegó el culmen de su maldá we…-; no inventes mendigo Haragán, de verdad era así tu maestra…; – que sí we, pues qué, solamente tú puedes hablar en serio…-; no, no es eso, pero sólo de escucharte me dan ganas de recordarle  algo a la maestra. Pero bueno, sigue contando. – Pues qué crees, ya se me acabo el espacio; así que te la debo para la próxima, cómo ves -. Pues ya que. Vente, hoy si te voy a invitar…; – ¿unos tacuches de triplay we? -; no, te voy a invitar a hacer ejercicios de relajación para que se te quite lo tenso de estar recordando a tu maestra. – Pinche pelón hojaldra, para eso me gustabas -. “El mundo es una bola de agua y tierra, el mundo es una bola…” jajajajaja ¡Ah que mi

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