🖊Opinión | Crisis de políticos

En general la clase política atraviesa por una severa crisis, los profesionales ya se retiraron o están a punto de hacerlo; la trayectoria y las tablas adquiridas con el transcurso del tiempo parecen ser cosa del pasado, la mayoría de los políticos de hoy son sustituibles, pocos están al nivel de ser académicos; están tan improvisados que no hacen la diferencia unos respecto a otros; la falta de preparación y de experiencia es notoria en los gobiernos y en los poderes legislativos federal y de los estados.

En los últimos años ha quedado en evidencia que cualquiera puede ser Gobernador, Presidente Municipal, Diputado o Senador; los grandes discursos y los debates de fondo gradualmente han desaparecido de la agenda pública y de las cámaras legislativas de ambos niveles; los partidos políticos han perdido mucha credibilidad precisamente por su falta de responsabilidad social al postular candidatos cada vez más ignorantes e intrascendentes.

La política no se hace contratando un buen manejador de Redes Sociales ni haciendo declaraciones “políticamente correctas” a los medios de comunicación o explayándose en entrevistas pagadas con un entrevistador generoso; tampoco induciendo a los articulistas a que publiquen comentarios que los magnifiquen o los adulen; la política va mucho más allá.

Los partidos se están caracterizando por su exceso de pragmatismo y su marcado extravío ideológico, en todos es bastante evidente que la cohesión se da a partir de intereses compartidos entre sus grupos internos y no en torno a ideas y proyectos políticos que promuevan las transformaciones de fondo que cada vez son más urgentes; no parecen tener objetivos superiores que vayan más allá de ganar el poder para participar de los grandes negocios que se hacen con el gobierno y desde el gobierno. La administración pública lo que más está produciendo son nuevos ricos.

A México le hacen falta muchos “Porfirios” Muñoz Ledo para empezar a encontrar una ruta que permita tener un poco de claridad de hacia dónde se deben dirigir los esfuerzos, la ausencia de grandes liderazgos ha propiciado un estancamiento en las formas y en los fondos del ejercicio gubernamental y un retroceso en los usos y costumbres de la política; ya ni siquiera hay buenos oradores que desarrollen un buen discurso, la mayoría tienen que leerlos y ni siquiera saben cómo hacerlo.

El pueblo tiene los gobernantes que merece, no en todos los casos por las mismas razones, aquí se debe a que los electores se ven obligados a votar por los menos malos ya que en muy pocos casos tienen las posibilidades de hacerlo por los mejores; esta realidad se ha traducido en productos legislativos ridículos y socialmente inútiles, así como en administraciones públicas sin vocación de gobierno, erráticas e incapaces de hacer cosas distintas a las que han hecho sus antecesores.

La arquitectura legislativa y la innovación gubernamental son conceptos incomprensibles para buena parte de los políticos; en una democracia a “la oposición” le corresponde desempeñar un papel sumamente importante en la construcción de equilibrios y en la correlación de fuerzas; en la actualidad el rol opositor está cayendo en desuso, están automarginados o sin calidad moral para señalar los errores y excesos de los gobiernos en todos sus niveles o están amordazados por los pactos que hacen con el poder; circunstancia que también es recurrente en algunos medios de comunicación.

En este contexto en el que los ciudadanos cada vez son más exigentes y tienen mayor acceso a la información diferenciada para construir su propio criterio los políticos improvisados cada vez estarán más acotados; antes asumían las candidaturas personas con trascendencia social, hoy adquieren la trascendencia social cuando asumen las candidaturas; así de deteriorada está la política. Ya están muy presente en el imaginario colectivo las elecciones de 2021 y 2022.

@ernestoescobosa

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