🖊Opinión | Indolencia oficial hacia el Sector Salud

En homenaje al personal

del ISSSTE que lloran

por su vida y los muertos, pero no bajan la guardia

Ethel Riquelme

El 1 de Octubre, en Lindavista, es uno de los cuatro hospitales más importantes del ISSSTE a nivel nacional. Desde hace dos semanas está rebasado por derechohabientes contagiados de Covid-19 y por funcionarios infectados de ineficiencia. Este domingo es posible que muera ahí su primer cirujano infectado, un cirujano que apoyó en terapia intensiva y que detonaría para el lunes la protesta, el cierre de calles, la indignación y las exigencias contra un Sector Salud que no suministra ni cubrebocas, que miente con reportes de neumonía atípica y un sindicato pasivo que no los defiende.

Lo que ahí sucede es lo mismo que pasa en muchos hospitales del país, aunque la esperanza de los trabajadores era que la influencia de Félix Salgado Macedonio, senador de la República, presidente de la Comisión de Defensa, miembro selecto de Morena y cercano —dice él— al presidente Andrés Manuel López Obrador, evitara que se cometieran abusos, que llegara material de protección o por lo menos que no se perdiera, pero no.

Justo en el Hospital 1 de Octubre trabaja, gracias a recomendación, Zulma Salgado Carbajal, sobrina del senador por Guerrero, Salgado Macedonio, como subdirectora de Administración, y apenas la semana pasada se descubrió que la entrega de un paquete con mil cubrebocas del tipo N95, especiales para personal médico, había desaparecido del almacén y que sólo después de una tremenda protesta de los trabajadores y la exigencia de investigación, aparecieron unos 300 de ellos.

La ausencia de equipo adecuado entre médicos, enfermeras, trabajadores de admisión, miembros del equipo de protección civil, administrativos y demás ha generado varias reuniones de inconformidad que amenaza con crecer, lo mismo exactamente que en otros hospitales, entre ellos el 20 de noviembre, el único del sector autorizado para hacer pruebas de Covid-19, pero sin medidas que garanticen igualdad o equidad, a quiénes se les hará y por qué.

Las decisiones administrativas del ISSSTE hacia su personal también son una pequeña muestra de la inacción, de la pasividad, del grado angustiante con que el problema rebasó al Sector Salud.

El Hospital Regional 1 de octubre está lleno de pacientes catalogados con neumonía atípica e influenza, no Covid-19, dicen sus autoridades; sin embargo, hace dos días el Sector Salud lo decretó Hospital Covid y en cuestión de horas se desbordaron los pisos 6 y 7 para estos pacientes, pero no vaciaron los pisos 2 y 3 de pediatría y ginecología. Como Hospital de Tercer Nivel ha recibido enfermos pulmonares del López Mateos, del Gustavo A. Madero, de Zaragoza, Del Bicentenario, de Pachuca, Hidalgo, entre otros, pero oficialmente, las actas de defunción no admiten el Covid-19.

Y sin embargo, los enfermos y sus familiares se arremolinan en la entrada, donde una pareja de empleados de “protección civil”, que nunca recibieron entrenamiento ni capacitación especial, apenas un par de chalecos rojos, deciden si aceptan o no a los enfermos, sólo derechohabientes,  que ruegan ser atendidos.

Adentro, en el área de admisión, sólo mediante un teléfono, los familiares proporcionan datos y síntomas para darles un número de folio con el que serán atendidos y conminados a esperar. Dependiendo la gravedad entrarán a urgencias o a tratamiento, Planta Baja o Segundo piso, pero la disputa que se generó esta semana entre trabajadores de una y otra área por la ausencia o equivocado diagnóstico, amenaza con generar una parálisis en el hospital. La solución: realizar pruebas de Covid-19, algo que nunca llegará al 1 de octubre.

Como muestra de lo que sucede en todo el sector público de salud, la falta de material de protección en el 1 de octubre ha hecho que no puedan revisar a los enfermos. Un paciente internado en el quinto piso no pudo ser revisado por el personal de enfermería por falta de un cubrebocas que no ha sido dotado por la autoridad. Se logró su revisión sólo por presión de los familiares.

Y es también gracias a esta misma presión de familiares la única forma en que se puede obtener un reporte médico de fallecimiento que señale un posible coronavirus, porque los doctores tratantes, enfermeras y personal de urgencias, temen desobedecer la orden de reportarlos como neumonía atípica o decretar un coronavirus cuando no se llevó a cabo la prueba y no está confirmado.

El asunto de ética en estas condiciones es complejo para los médicos que no pueden asegurar un diagnóstico o motivo de muerte porque no hay pruebas, pero tampoco se está ante condiciones comunes de infección pulmonar. Así están hoy unos 100 pacientes, pero sólo 35 considerados “como” Covid-19 y apenas tres confirmados, entre éstos el cirujano que lamentablemente podría fallecer en cuestión de horas.

Él, cuyo nombre reservo en respeto a los familiares, podría significar la bandera de una protesta mayor, porque en los hospitales del Sector Salud convertidos en Hospitales Covid, esta semana empezarán a irse los residentes y practicantes, no tendrá caso tener a cirujanos, los administrativos no cuentan con apoyo ni equipo y el cuerpo de enfermería se enfrenta cada vez más a un infierno, en plena vulnerabilidad, soledad y desprotección oficial.

Y por el mismo salario o menos, según la indolente amenaza presidencial.

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