🖊Opinión | Insensibles

-Oye we, te veo pensativo…-; Simona la Reflexiva mi Alter. Es que pareciera que aquellos años, aquellos momentos en que a los mexicanos nos unían las desgracias o la solidaridad ante alguien necesitado, pues se han ido acabando. – No manches we ¿Por qué lo dices? -; pues a poco no te has dado cuenta Zángano…; – pues de lo único que me he podido dar cuenta, es que cada vez te pasas de lanceta conmigo pinche cabeza de foco; pero a ver suelta lo que te agobia, porque te me vas a morir de una indigestión emocional -.

Pues en serio no te has dado cuenta que,a raíz del tema de la pandemia, la gente se ha vuelto más agresiva, menos empática, menos solidaria…; – oye we, pero eso lo he notado tiempo atrás; desde que tu prejidente…-; ¿mi prejidente? El tuyo Mequetrefe…; – a poco tú no te habías dado cuenta de eso. Desde que se ha lanzado en contra de todo lo que no le aplaude todas las torpezas que viene realizando un día sí y el otro también, la gente se ha dividido we…-; en eso tienes razón, cada vez hay una sociedad más polarizada; cada vez nos cuesta más trabajo poder aceptar que no todos tenemos porque ser iguales, pensar igual, o creer en lo mismo.

Resulta que cerca del medio día, acudí a una sucursal bancaria para cerciorarme haber recibido mi pago…; – ándale we ya tenemos para botanear…-; aquí la única botana eres tú; y al ser día de quincena, pues ya te imaginarás como se encontraba aquel lugar…; – sí me imagino…-; entonces me formé para poder lograr mi cometido; en tanto, pues como buen observador que soy…; – ¿observador? Eres un mendigo chimoso…-; ¿vas a empezar con tus interrupciones?…; – no empieces de chilletas. Síguele -.

Pues te decía que mientras esperaba mi turno del cajero, pude ver tres o cuatro turnos detrás de mí, a una persona muy identificada con ya sabes quién, muy fanática de dicho personaje. Entonces, en eso hizo su arribo un señor de cerca de 80 años; camisa rayada, una gorrita un tanto cuanto percudida, unos tenis más dañados que los de chamaco que se la pasa echando cascara, de lentes y eso sí, con su cubre bocas colocado como marcan los protocolos.

A todas luces se veía que el personaje frecuentaba poco dicho lugar; por lo tanto, se metió saltándose la fila acercándose a uno de los cajeros en donde había una persona haciendo sus respectiva operación… sin cubrebocas por cierto; – por fin, fuiste al banco o a un hospital we…-; no me detendré a responder tus tonterías…; – no me regañes pinche pelón, oriéntame…-; nel, no soy tu papá.

Al momento en que el señor se acercó a la persona que estaba frente al cajero para preguntarle cómo se metía su tarjeta, la jovencita volteó a verlo con cara de haber visto al delincuente más sanguinario, dándole la espalda cubriendo la pantalla del cajero; acto seguido, la fulana que te digo es amloista hasta las cachas, también sin cubre bocas, osó levantarle la voz al señor diciéndole que no molestara a la “señorita” y que si iba a hacer algo que se fuera a formar. – ¡Ah! Que culei we -. El señor sólo agarro su tarjeta y la metió en su bolsa diciendo, que no sabía cuál era la fila. Pero más que el hecho de no saber cuál era la fila, creo que le avergonzó el trato despótico que, en menos de un minuto, dos personas le ofrecieron.

– Pero tú eres mi gallo we; no te quedaste con las manos cruzadas ¿o sí? -. Claro que no. Le dije al señor que esperara a que me tocara turno para enseñarle como hacer su movimiento; cosa que a la doñita no le pareció pero pues la neta, me valió un reverendo cacahuate. Tocó el turno y el señor me daba su tarjeta, cosa que le dije nunca anduviera haciendo, le dije en dónde tenía que meterla y de qué forma. La ingresó y le dije que tenía que marcar cuatro números. Abrió su mano y dejo ver un pedazo de papel, humedecido, que reveló su NIP; me lo volvía a dar y le pedí que él mismo lo marcara, diciéndome que no sabía cómo. Le pregunté cuánto iba a retirar y en voz baja me dijo que su esposa le había dicho que solamente sacara para completar “su medicina y un pancito”. Lo digite y apareció la cantidad que tenía en su cuenta. Aún siento coraje de ver cómo hay personas que han perdido esas ganas de ayudar a quien lo necesita; al mismo tiempo sentí unas ganas de no llegar a esa edad, porque si ahorita que hay trabajo, que se pueden hacer muchas cosas, la economía es nuestro Talón de Aquiles.

– Oye, pero qué pasó con el señor…-; eso mi estimado Alter ya es un asunto que no te importa. Sólo quise decirte que el día que yo te vea tratando a quien lo necesite como las personas al señor, hasta ese día vives mendigo Zoquete; tenemos que ir abatiendo esa falta de humanidad. – Esta bien we; entonces apelando a tu humanidad invítame unos tacuches de triplay; al fin que ya nos pagaron…-; eso no es humanidad, eso es parasitismo de tu parte, pero está bien, vámonos.

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