馃枈Opini贸n | PEMEX, la gran utop铆a mexicana

ING. OCTAVIO ROMERO OROPEZA,

DIRECTOR GENERAL DE PEMEX:

+Solo pensar en traicionar es

ya una traici贸n consumada

Cesare Cant煤

Se encuentra usted, ingeniero Romero Oropeza, ante la oportunidad de brillar a todo voltaje si entre las diversas soluciones que est谩 obligado a encontrar para revivir a PEMEX, apunt贸 la de convertirla, simplemente, en una empresa de verdad y ya no mantenerla como dependencia de alguna secretar铆a del Gabinete Presidencial.

Millares, quiz谩 millones de errores se han cometido con PEMEX desde que L谩zaro C谩rdenas expropi贸 el petr贸leo y fund贸 la empresa que lo procesar铆a; pero habiendo estado el pa铆s inundado no solo del crudo de sus yacimientos que ya vomitaban el maravilloso recurso, y de expertos en la materia enviados por las mayores petroleras del mundo, decididas a armar conglomerados en sus respectivos pa铆sescon cuanto oro negro lograranextraer, aqu铆 nadie, ni un solo mexicano conoce la historia que haya impulsado alg煤n proyecto tecnol贸gico, econ贸mico y social para un gran pa铆s industrial capaz de competir con su vecino del norte, para comenzar y luego continuar exportando al mundo cuanto producto fuera capaz de fabricar con la marca hecho en M茅xico鈥

Desde siempre, pero sobre todo quiz谩s en aquel instante de este pa铆s llamado M茅xico, las herencias raciales y religiosas que se unieron a las diversas nacionesintegrantes la poblaci贸n mesoamericana y dieron vida a la Raza Mexicana, el conflicto sangu铆neo y culturalresult贸 demasiado intenso y cont贸 con muy escasos conocimientos, experiencia y poder militar para inclinar a su lado una porci贸n mayor de las posibilidades de desarrollo que plante贸 la nueva situaci贸n y usted mismo, ingeniero Romero Oropeza, debe ser consciente del choque posterior que el virreinato de La Nueva Espa帽a comenz贸 a tener con la primera Rep煤blica nacida en el Nuevo Continente Am茅rica, bajo el nombre de Estados Unidos de Am茅rica鈥

No le toc贸 a M茅xico la buena fortuna de un vecino m谩s parecido a s铆 mismo ynos tardamos mucho tiempo en lograr formas de llevar la fiesta en paz, como ahora ocurre ya. La segundamitad del siglo pasado permiti贸 a M茅xico integrar una pol铆tica de vecindad presidida por el respeto que las naciones soberanas se deben entre s铆 para mantener libertad y soberan铆a compatibles. El gran problema, de nuestra parte, sigue siendo la tremenda dificultad que tenemos de cimentar un desarrollo material cimentado en los recursos econ贸micos y las capacidades de nuestra planta empresarial y su vinculaci贸n con el aparato de gobierno. Hoy, como nunca, el conflicto va creciendo como un 谩rbol sobrecargado por su propio ramaje鈥

Si a esta situaci贸n se le permite crecer, nadie puede alquilarle las ganancias al pueblo que integramos este pa铆s. Urge mirar, con rapidez y con muchaceleridad, al pasado para revivir esa historia que tan defectuosamente he intentado compartir con usted y determinar con franqueza si estamos listos, preparados y deseosos de revivirla.

M茅xico nos exige una respuesta decididamente nacionalista, pero consciente de nuestra posici贸n frente al mundo y capaz de usar con buen resultado su libertad, su independencia y su autonom铆a鈥聽 聽

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