🖊Opinión | Se le acaba el tiempo a la 4T

Un cambio de régimen significa modificar el sistema de leyes y el modelo institucional, la alternancia partidista de los últimos veinte años ha transformado muy poco, precisamente, por el lastre que representa un sistema de leyes excesivo, complejo y contradictorio, además de un modelo institucional prácticamente obsoleto, diseñado para ser exitoso en la primera mitad del Siglo XX.

A México le ha costado muchos esfuerzos avanzar y adaptarse a los nuevos retos, no es ni neoliberal, ni estatista, tampoco socialdemócrata y menos socialista, hay una gran indefinición en el modelo de nación, cada Presidente de la República  llega al poder con sus propios proyectos, sus propias alianzas y en algunos casos, sus propias complicidades; a los gobernantes mexicanos les cuesta mucho visualizar el desarrollo más allá de su sexenio.

Nunca se había visibilizado la corrupción tanto como en los últimos años y la revelación ha sido que ha estado en todos los órdenes y niveles de gobierno, queda claro que la política en México es una de las fábricas de nuevos ricos más eficaces del mundo. Los niveles de impunidad, no solo en cuanto a la corrupción gubernamental, sino en relación a cualquier delito, son alarmantes, casi el 100% de los ilícitos denunciados.

Va ha ser imposible obtener resultados distintos conservando el mismo régimen agotado que en las últimas décadas ha estado fracasando una y otra vez, apabullado y lento para reaccionar; con estructuras de gobierno, tanto ejecutivas, como legislativas y judiciales cada vez más improvisadas, rebasadas y evidenciadas por una sociedad mucho más exigente e informada que en el pasado.

La izquierda mexicana tiene décadas hablando del cambio de régimen, desde que se fundó el Partido Comunista a principios del siglo pasado, más de cien años debatiendolo y ahora que están en el poder, que tienen la mayoría en el Congreso de la Unión y del Constituyente Permanente no parecen tener ninguna intención de modificarlo, independientemente de que muchos de sus legisladores no son de izquierda, tampoco los liderazgos parlamentarios, ni los dirigentes históricos, más allá de Porfirio Muñóz Ledo, parecen entusiasmados con la posibilidad.

En los últimos años México ha estado inmerso en varias transiciones políticas que no han conducido a nada, el Presidente debe ampliar sus alianzas, la mitad del gabinete están pensando en sus bisnietos y el partido que lo llevó al poder se está convirtiendo en un bulto de cemento como resultado de las torpezas que la autodenominada Yeidckol cometió durante todo su periodo de Secretaria General en funciones de Presidente del CEN, el daño está hecho, va a ser muy difícil para la nueva dirigencia rescatar a Morena.

A la izquierda le queda muy poco tiempo para darle una nueva arquitectura al régimen, tomando en cuenta la pandemia y las consecuencias que está teniendo y tendrá en todos los ámbitos, además, de que el partido principal del presidente aún tiene que resolver su elección interna para bien o para mal, ya que pueden salir más fracturados o más fortalecidos y sobre todo, que si siguen sin reaccionar está la posibilidad de que pierdan la mayoría en la Cámara de Diputados y entonces sí, la oportunidad de transformar a México tendrá que esperar para una ocasión más propicia.

@ernestoescobosa

Puedes comentar con Facebook
Anuncios