🖊Opinión | Vitacilina

-Oye we…-; dime mi Alter…; – ¿Te puedo contar una cosa? -. Simona la Confesora, Mequetrefe; venga.

– Bueno, pues ahí te va. Cuando era yo más morrito… -; ¡uhhhhh! Hace añales…; – ¿me vas a empezar a molestar? -; ¡Ah verdad wey! qué se siente que te estén molestando. Síguele contando tus chocoaventuras.

– Te decía que cuando era más morrito, tenía una amiga que estaba muy guapetona la chamaca. A dos o tres los traía derrapando en la banqueta… Arrastrando la cobija, como dicen en mi barrio…-; y ¿a títeres también? ; – nel, yo era de otros gustos mi cabeza de aceituna; además yo no era pulga que brincara en su petate…-; ¿tan jodido estabas desde chiquillo?  – el comal le dijo a la olla. Pero ya, déjame seguir -. Vas.

– Conforme fue creciendo pues se fue volviendo cada vez más atractiva y, por supuesto, esos dos o tres, se convirtieron en diez o veinte; sin embargo había uno en especial, que ella decía sería la última persona en la que podría fijarse o, con la última que saldría a dar una vuelta siquiera.

Déjame decirte que ambos se trataban con el látigo de su desprecio. Ambos hablaban mal el uno del otro. Ni uno ni otro daban su manita a torcer, como dicen los que dicen. Era la edad en que pues, nos daba por andar de pachangueros. Allá en la capirucha, disfrutábamos de los bailongos en donde ponías tu lona, sacabas tus mesas, adornabas los postes y las casas, llegaba el “Disco Móvil Canad, o PolyMarchs o Patrick Miller o ya, jodidamente, el sonidero del barrio con sus equipos hechizos con una esfera de unisel llena espejitos dando vueltas de un cable de luz, emitiendo destellos de colores sobre la pista improvisada; un juego de luces  que se movían al ritmo de los dedos de algún chalán, que las operaba desde una caja de madera con un sinfín de botones de timbre…-; no manches Alter ¿Esas eran sus luces robóticas?…; – Simona la Bailarina we, yo era más de barrio, tú siempre fuiste más popof, más acá; desde entonces eras mamila mi Pequeño Saltamontes…-; nel, es que había niveles, yo prefería las discoteques, y tu preferías andar entre emociones fuertes. Ahí terminando correteado por la tira. Yo no estaba para eso we; pero síguele.

– Pues así fuimos creciendo. Y ella cada vez se obsesionaba más atacando al susodicho que, dicho sea de paso, pues se empezó a poner medio mamey; pero ni así cedía la condenada chamaca. Decía que jamás iba a ceder a sus encantos, que ella no estaba acostumbrada como las demás que eran muy presta pronto…-; tan qué…; – presta pronto, tan ligeras en su proceder we; estás muy verde Tío Lucas, ya ves por no andar en el barrio. Ella decía que todas acababan rendidas a los encantos del mamey y que ella no tenía que ser igual a las otras; es más decía que esperaba el día para quitarle lo sabroso…-; ¿Se lo iba a comer? – no baboso…-; ¡eytale! Tú no me puedes decir así…-; ¡ah Verdad we! Qué se siente -; síguele.

– Pues para no hacerte el cuento demasiado largo. Resulta que un buen día, ya más creciditos, pues empezaron a coquetearse, a hablarse bonito y, pasó lo que tanto decía mi buena amiga que nunca iba a pasar…-; ¿Qué paso Tú? –  pues lo que tenía que pasar…-; pues no sé qué tenía que pasar, yo no tenía tus amistades de dudosa procedencia. – Pues se empezaron a mirar bonito, a tratarse bonito, a darse cariño y pu´s ambos terminaron dándose sus encontrones de vez en vez – ¿Y luego? – no pues ya fue todo -. ¡Chale!  Mendigo Haragán, hasta para contar historias eres maleta; – aguántate cabeza de globo, es que lo que te quise explicar es que tú prejidente, acaba de hacer lo mismo que mi amiga de infancia…-; ¡Ah caray! De qué demonios me hablas…; – pues de eso. Tú prejidente desde hace años ha estado fastidie y fastidie con que los ex Presidentes se iban a rendir a los pies de Estados Unidos; se la ha pasado años y años atacando al neoliberalismo y ha estado gritando por todos los templetes que lo vieron como candidato que casi, casi le gritaría en su cara al Trump por todo lo que ha hecho en contra de nuestros paisanos, y que no había necesidad de andar viajando al extranjero y por eso se le ocurrió la flamante idiota…-; ideota será…; – quién está contando we. Ya sé que eres bien Julián, pero yo digo que se le ocurrió la idiota idea de rifar el avión presidencial; y velo, terminó haciendo lo que repetía como merolico que jamás haría: Rendido ante el Imperio Capitalista y cediendo ante los encantos del wey más mamey del barrio -; no manches Alter te pasas de listo…; – por cierto ¿me dejas hacer una recomendación? -; venga…; – a todos esos que dicen que quienes no estamos a favor de su prejidente nos pongamos Vitacilina cada que reclamamos o señalamos algo, les recomiendo que junten unos cuantos tubitos y dénselos a su príncipe macuspano, porque después de regresar de su viajecito de los yunaites, va a necesitar ponerse bastante por la empinada que le va a dar el trumpetas…-; ya vámonos mendigo levanta falsos…; – me invitas unos tlacucahes we…-; nel por manchego – ¿Quieres Vitacilina Julián? Por cierto, viste que como buen paisano, para ir al otro lado sí se puso el cubre bocas y aquí anda muy sabroso diciendo que el Coronavirus le hace los mandados; sabe que allá si se lo tuercen y aquí hace lo que sus detentes le permiten  –. Ya vámonos.

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