🖊Opinión | ¿Y ahora qué hizo… ?

¿Y ahora qué hizo este p… residente? es la pregunta obligada cada día. En el mundo ya no es sorpresa, como dejó de serlo en México hace tiempo, que el modelo de la Cuarta Transformación, el nuevo régimen, se basa en las ocurrencias; cada día nuevas ideas que en voz del primer mandatario se convierten en doctrina para sus fieles y en programa de gobierno para sus colaboradores.

En una de sus ocurrencias más recientes salió a pontificar un ¡decálogo para salir del coronavirus! Poco antes había predicado que las familias mexicanas solo necesitan comer arroz, frijoles y maíz; y previamente había instruido sobre lo innecesario de tener más de un par de zapatos. Esa es su política.

Al mismo tiempo, ha anunciado su intención de meterle mano a las Afores y como en otras ocasiones, su diagnóstico parece certero, el sistema de ahorro para el retiro de los trabajadores no garantiza que los mexicanos puedan recibir una pensión justa; el temor es que, como en otros asuntos, conozca bien el problema pero sea incapaz de ofrecer una solución. Y ese es un peligro real.

Es cierto; algo tiene que hacerse para asegurar que cada jubilado pueda vivir con dignidad; el problema es que se necesitaría estar muy tonto para poner en manos de los ineptos de la 4T o los corruptos del Morena, los recursos, la administración o la reforma de las Afores.

Con la seguridad, la economía, la salud, el empleo y otros asuntos de interés nacional, López como candidato parecía tener diagnósticos claros de cada problema; sin embargo sus propuestas de solución ya desde entonces se evidenciaban demagógicas y aún así muchos creyeron en él y lo hicieron presidente. Hoy al intentar poner en práctica las soluciones ofrecidas, ha quedado claro que son inviables y que él es absolutamente inepto para administrar y para gobernar.

Pero cuando la opinión pública se le complica siempre tiene un recurso a mano, lanzar alguna acusación contra alguno de sus villanos favoritos: Calderón, Salinas, el Reforma, los intelectuales orgánicos, algún periodista incómodo o algún empresario que no se haya sometido.

Ahora los problemas con la economía, el desempleo, sus obras faraónicas y la corrupción en su gobierno estaban poniéndose tan feos, que tuvo que lanzar su último ataque no contra uno de sus adversarios sino contra y todos juntos: intelectuales, periodistas, empresarios, gobernadores, expresidentes y varios enemigos más.

Los unió a todos en un imaginario frente al que él, AMLO, bautizó como el Bloque Opositor Amplio, pero su equipo fue tan torpe al poner en escena esta trama, que su autoría fue rápidamente evidenciada, la BOA fue creada por la propia 4T, un distractor como tantos otros, y también una forma de atacar, como tantas otras. El documento, a todas luces apócrifo, le permite a López seguir haciendo lo que tanto le gusta: seguir fomentando el odio.

El presidente López Obrador tiene muchos adversarios, pero el más poderoso de ellos es la realidad y contra esa realidad tan terca como él, ha emprendido su cruzada; necesita, le urge cambiar cambiarla, aunque sea de nombre; a su estilo.

Cuando lanza su “decálogo”, no es solo porque sean diez puntos, sino porque AMLO está convencido de que serán apotegmas, que marcarán la pauta y la conducta de la sociedad y quedarán para los anales de la historia.

Cree que deben ser memorizados, impresos, distribuidos, incluidos en los libros de texto, en los manuales de salud; que deben ser considerados doctrina y catecismo. Después de todo un decálogo solo puede ser dictado por “el” líder espiritual, el mesías, el salvador, el profeta, el redentor…

@MCervantesM

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