🖊Opinión | “Yo lo ordené”

La confesión hecha por el presidente López Obrador, el viernes anterior, en donde aseguró que “Iban a perder la vida si no suspendíamos el operativo más de 200 personas inocentes en Culiacán, Sinaloa, y se tomó la decisión, yo ordené que se detuviera ese operativo y que se dejara en libertad a este presunto delincuente”, contradice lo dicho por él mismo el 18 de octubre del año pasado, cuando aseguró que la liberación de Ovidio fue decisión de su gabinete de seguridad.

Aquel día, en conferencia de prensa aseguró: “La decisión (de liberar a Ovidio) la tomó el gabinete de seguridad, de manera conjunta, los secretarios de la Defensa, de Marina, de Seguridad Pública. Yo respaldé esa postura porque considero que lo más importante es la protección de las personas”.

Sobre esta rectificación se abren varias lecturas de este hecho. En primera instancia, López Obrador tomó una decisión de estadista, privilegiando la protección de la ciudadanía, que vivió una tarde de pesadilla en Culiacán, Sinaloa y que pudo arrojar un saldo mucho más trágico. También es cierto que esa misma decisión lo hizo ver, al gobierno de México, en el imaginario colectivo como un Estado arrodillado frente al narco, un gobierno claudicante.

Por otro lado, el secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, juró, bajo protesta de decir verdad, ante el pleno del Senado de la república, a principios de noviembre de 2019, señaló que “la decisión fue del gabinete de seguridad de manera conjunta”. Con esta situación se viola el artículo 150 del Código Penal Federal que prevé de 7 a 15 años de prisión “a quien favoreciere la evasión de algún detenido… inculpado por delitos contra la salud”, con la agravante de que siendo servidor público, deberá ser destituido de su empleo e inhabilitado hasta por 12 años, por citar algunos.

La revelación hecha por AMLO también será tomada para dar fuerza a la versión de que alsoltar al hijo de El Chapo y saludar en una gira a la mamá del afamado narcotraficante, siente inclinación para un grupo en específico del crimen organizado. El fin de semana anterior, por ejemplo, se realizó un operativo en el estado de Guanajuato en el que se capturaron a varios integrantes del cartel de Santa Rosa de Lima, entre ellos a la mamá y a una hermana del líder de este grupo, José Antonio Yepez, “El Marro”.

En una gira presidencial  en Veracruz, hace un par de semanas, algunas personas pertenecientes a familias de desaparecidos en aquella entidad le espetaron al primer mandatario del país: “Sólo atiendes a la mamá de El Chapo”.

La determinación mostrada en el exitoso operativo realizado en Guanajuato contrasta con los lamentables resultados que arrojó el operativo en Culiacán. La revelación de AMLO y asumir la responsabilidad de soltar a Ovido Guzmán, ocho meses después, no hace sino vulnerar la investidura presidencial, mostrar una selectiva mano dura con algunos grupos criminales y ponerse en el filo por no cumplir y hacer cumplir preceptos legales y constitucionales. Pero sobre todo, por mostrarse, una vez más como alguien que miente y que se asume como el dueño de la verdad (“tengo otros datos”).

Gran parte de su capital político electoral lo obtuvo porque su movimiento encarna lo contrario de lo que todo mundo se harto: la corrupción, la mentira, la simulación, el engaño. Es algo, que en estos días tan complicados para su gobierno, no debe olvidar.

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