🖋️ Opinión | ¿Fin de la corrupción?

El caso de Emilio Lozoya viene a poner en el centro de la atención (de quienes así lo decidan hacer), una escena por demás mediática más allá de lo que pudiese creer.

Nadie está en contra de que todos aquellos que cometen actos delictivos y se demuestre su responsabilidad sean castigados; sin embargo, utilizar esas circunstancias para tratar de desviar la atención de lo verdaderamente importante si resulta ser un tanto cuanto lamentable.

Hace unos días, el mismo López Obrador señaló que la Fiscalía resolvió arreglar la extradición de Lozoya como “testigo colaborador o testigo protegido”, porque según él; la información que proporcione servirá para “limpiar de corrupción a México”.

Hasta aquí, todo suena muy romántico; sin embargo, repasemos un poco esto de los testigos protegidos.

Dicha Ley Federal Contra la Delincuencia Organizada, fue publicada el 07 de noviembre de 1996, en el Diario Oficial de la Federación. En su Capítulo Noveno: DE LA COLABORACIÓN EN LA PERSECUCIÓN DE LA DELINCUENCIA ORGANIZADA, uno de los delitos por los que Lozoya Austin es acusado. El Artículo 35 deja ver claramente las “bondades” a las que el “testigo” podría tener acceso:

“ II. Cuando exista una investigación en la que el colaborador esté implicado y éste aporte antecedentes de investigación para el ejercicio de la acción penal en contra de otros miembros de la delincuencia organizada, la pena que le correspondería por los delitos por él cometidos, podrá ser reducida hasta en dos terceras partes.;

III. Cuando durante el proceso penal, el imputado aporte medios de prueba, suficientes para sentenciar a otros miembros de la delincuencia organizada con funciones de administración, dirección o supervisión, la pena que le correspondería por los delitos por los que se le juzga, podrá reducirse hasta en una mitad, y

IV. Cuando un sentenciado aporte pruebas eficaces para sentenciar a otros miembros de la delincuencia organizada con funciones de administración, dirección o supervisión, podrá otorgársele la remisión parcial de la pena, hasta en dos terceras partes de la privativa de libertad impuesta”.

Todo bien hasta este punto. Como en todo lo escrito. Pero dicen que del dicho al hecho… ejemplos hay varios de la manera en que este programa ha sido vulnerado. Uno de ellos es de un ex integrante de los “Zetas, primera generación” conocido como “Yeraldín”. Su decisión de acogerse a dicho programa dio como resultado, a los pocos días y fueron detenidos tres ex miembros de los GAFE (Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales), señalados por “Yeraldín, de haber protegido al Cártel; dos años después, el caso se “cayó” porque la acusación solamente fue basada en declaraciones de “Yeraldín”; es decir, nada comprobable.

En 2012 otro caso es el del General en retiro y ex subsecretario de la SEDENA Tomás Ángeles Dahuahare y del General Brigadier Roberto Dawe Gónzalez, detenidos por el señalamiento de “haber favorecido el narcotráfico”. El sustento de las acusaciones fueron las declaraciones de los testigos protegidos “Mateo” “Pitufo” y “Jennifer”; el primero nada más y nada menos que Sergio Villarreal, “El grande”; y el tercero, Roberto López Najera, un testigo al que un Juez Federal en Nayarit, calificó de “mentiroso”. Once meses después, Dahuahare es exonerado; y poco más de un año, sucede lo mismo con Roberto Dawe.

Estos casos, son solamente botón de muestra de lo que, hasta hace cinco años, había costado ya al erario más de 200 millones de pesos en manutención a dichos “testigos”.

Por lo tanto, no debemos creer que con Emilio Lozoya Austin, llegó el principio del fin de la corrupción; vamos a dejar de no ver ya tantas series de don Epigmenio y, mucho menos, hagamos caso de todo lo que se dice en el “chou” llamado “La mañanera”; mejor sigamos preocupándonos por la difícil situación en materia económica, de salud y de seguridad en la que nos ha instalado la cuatrote.

– Oye we…-; lo siento mi Alter, llegaste un poco tarde para participar esta ocasión…; – ¡Ah bueno! sólo te iba a decir que ya esta lista la comida; pero como siempre, ninguneándome; ahí te ves culei…- ; espera…; – nel pinche cabeza de aceituna -.

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