Abuso de autoridad

La semana pasada, dos temas en particular marcaron el rumbo de la agenda mediática. En ambos casos, fueron  “manotazos en la mesa” del presidente López Obrador que parecen estar más orientados a mandar la señal de que solo sus “chicharrones truenan” y no, como debería de ser, para gestionar políticas públicas enfocadas en conseguir el bienestar de los mexicanos.

El lunes 22 de noviembre, por la tarde, se publicó en el Diario Oficial de la Federación un acuerdo que generó, por su peculiar y atípico planteamiento, todo un debate a favor y en contra del mismo. Se trata de un instrumento que declara de “interés público y seguridad nacional” la realización de los proyectos y obras del gobierno que, por su objeto, características, naturaleza, complejidad y magnitud, se consideren prioritarios y/o estratégicos para el desarrollo nacional. Y, por otro lado, instruye a las secretarías de estado y demás organismos de la administración pública federal a otorgar, en un plazo de cinco días hábiles, autorizaciones provisionales para iniciar las obras sin necesidad de completar los trámites que establecen las leyes.

En principio, el documento puede ser visto como un necesario apoyo para evitar burocratismo, o las trabas legales que sus opositores interponen para frenar o retardar la realización o culminación de sus obras insignia (Tren Maya, Dos Bocas, Aeropuerto Felipe Ángeles). Sin embargo, el “decretazo” también entraña una cuestión de abuso de poder ya que esta desregulación sólo aplica para las obras del Presidente y, sobre todo, se fundamenta en la opacidad ya que no tendrán que estar sujetas a las  leyes de adquisiciones, obra pública y transparencia. En síntesis, evade la rendición de cuentas.

El “decretazo” nació en respuesta a un reportaje de Latinus que señala una serie de irregularidades en la construcción del aeropuerto Felipe Ángeles en donde el Ejército no ha licitado los contratos con los que se ejercen recursos públicos. El acuerdo presidencial viola preceptos constitucionales, legales y normativos, pero sobre todo, devela el talante autocrático del presidente.

En otro tema, se dio a conocer también la semana pasada, que desde el mes de agosto, AMLO retiró la nominación del ex secretario de Hacienda, Arturo Herrera, para gobernar el Banco de México y en su lugar propuso a la subsecretaria de Hacienda, Victoria Rodríguez Ceja. El anuncio, recién dado a conocer provocó reacciones adversas en los mercados e influyó para que el peso sufriera una caída frente al dólar. Cobró tonos de realidad la frase que dice: “La incertidumbre es veneno para los mercados”.

Cuando en su momento AMLO dio a conocer que Arturo Herrera era su propuesta para ser nombrado gobernador de Banxico, la noticia generó confianza y tranquilidad en los mercados. Sin embargo y de acuerdo a información que dio a conocer el columnista y director de El Financiero, Enrique Quintana, se encomendó a Herrera un manejo de las participaciones federales antes del proceso electoral que no correspondía a la Ley de Coordinación Fiscal. Las versiones señalan que Herrera no acató la instrucción recibida, sino que procedió conforme a la Ley. Esto se habría detectado semanas después del proceso electoral, lo que motivó la molestia presidencial y el retiro de la nominación.

Al día de hoy, se le ha otorgado el beneficio de la duda a Rodríguez Ceja pero deberá mostrar y hacer valer la independencia del Banxico ante los deseos presidenciales. Se dice que López Obrador la eligió a ella para de algún modo tener ascendencia con ella y hacer que su labor sea más en función a lo que él pretende o necesita de la institución. Ante la amenaza de una alza de la inflación de más de dos dígitos, esperemos que la funcionaria se comporte a la altura y se sepa manejar con total autonomía e independencia. La independencia de un banco central es uno de los pilares fundamentales para el adecuado funcionamiento de la economía.

Con este tipo de acciones, el primer mandatario del país manda señales de desesperación y de tener prisa para poner en marcha la pretendida cuarta transformación. De igual forma, de manera involuntaria manda señales de hacer sentir el poder que le da sus altos índices de aprobación, tomando decisiones sin consensuar o poner a consideración con su círculo cercano. O bien, quienes lo integran son personajes sin el carácter para hacerle ver cuando algo no está bien.

Por el bien de México el presidente deberá de entender que para hacer cambios profundos, de raíz, se necesita tiempo. Y, además, haciendo las cosas apegado a las leyes, con transparencia y rindiendo cuentas.

De no hacerlo así, seguiremos teniendo más de lo mismo.

ladoscuro73@yahoo.com.mx

@ferramirezguz

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