Aispuro, gobierno activo

Juan Pablo Arreola Torres

Hemos observado cómo gradualmente, el gobernador José Aispuro Torres, ha emprendido diversas acciones tendientes todas a prevenirnos para enfrentar el brote del Coronavirus (COVID-19), pero además ha implantado medidas puntuales  y oportunas para evitar el contagio, sabemos además que el Sistema de Salud estatal está prevenido y cuenta con los enseres necesarios para enfrentarlo, somos pues, los duranguenses los responsables de dar cumplimiento a las instrucciones de las autoridades de Salud han difundido y están difundiendo cotidianamente conminándonos a que las sigamos como nos indican.

El programa que ha emprendido el gobernador con su gabinete, no contiene medidas draconianas, que digamos son muy severas, no, son del sentido común, pero más que todo son oportunas, en contraste, con la actitud que ha asumido el presidente López Obrador, que va en línea contraria a lo que sus propias autoridades de Salud han dispuesto para que los mexicanos enfrentemos esta Pandemia que tiene al mundo sumido en la desesperación sin saber hasta cuando continuará la difícil situación en que nos encontramos.

De esta manera, no se puede entender cómo razona el Presidente ante la situación, veámoslo detenidamente. La actitud del jefe del Estado mexicano respecto de la crisis provocada por la pandemia del COVID-19 resulta todo un misterio: ¿por qué no sigue las recomendaciones que emite su propio gobierno, y por qué, de manera significativa, sigue llevando a cabo giras y participando en eventos masivos, así como viajando en vuelos comerciales?

Una interpretación posible es que el presidente López Obrador está actuando con base en una idea de un “gobierno en acción” en medio de la crisis. Los expertos señalan que este modelo de actuación ante coyunturas críticas lo que se busca es posicionar la imagen de un líder que le da certidumbre a su nación y que se pone al frente de la situación para dar respuestas y mantener al aparato del Estado funcionando.

Lo que advierten es que el problema de esta estrategia no se encuentra en sus supuestos elementales, sino en la forma equívoca en que se ha implementado. Lo más grave, quizá, es que no se modificaron criterios ni prioridades de gobierno, y pareciera que la decisión ha sido simplemente seguir haciendo más de lo mismo.

Pero además, observemos que pareciera que no se están contemplando todos los problemas por lo que estamos padeciendo, pues se aparenta que todo está bien, que la economía va muy bien como insiste el Presidente, lo cual la realidad lo contradice drásticamente y la verdad, es que, no nos encontramos en otro país, pues enfrentamos severas crisis: la violencia homicida se mantiene y los feminicidios y las violencias contra las mujeres continúan; la parálisis y el decrecimiento económico se acentuarán, y todo en medio de un país lleno de desigualdades y una profunda pobreza que, por lo que viene en las siguientes semanas, se profundizará.

Conociendo a López Obrador, en su larga carrera por el poder, consideramos que él está interesado en su imagen y punto, lo demás poco le importa, y ahora que se le atraviesa esto a su proyecto histórico, en donde los escenarios le son adversos completamente, las metas que se había trasado es muy improbable que se cumplan, porque hasta ahora nada le favorece. De Esta manera, la idea que el Presidente tenía de una Cuarta Transformación para el país al inicio de su gobierno debe, ante la complejidad presente, si no abandonarse, sí modificarse radicalmente en sus metas y objetivos de corto y mediano plazos; pues debe recordarse que uno de los supuestos fundamentales de ese planteamiento es que la economía nacional crecería a un ritmo promedio del 4% anual; lo cual, hoy, es llanamente imposible.

Lo que toca en este momento es atender lo urgente: la crisis epidemiológica. Evitar una catástrofe económica con medidas emergentes tanto en la estructura como en las prioridades del gasto público y mediante el diseño de un paquete de acciones para mantener funcionando, en la medida de lo posible, la economía, pero también para reactivarla lo más rápido y con el mayor dinamismo posible, en un escenario de parálisis económica global.

El bienestar generalizado que AMLO desea, debería mejor pensar que en los hogares de los 14.5 millones de personas que viven en la informalidad laboral se profundizarán las carencias; que el desempleo se acrecentará; que las personas en situación de calle enfrentarán muy probablemente los peores efectos de la crisis sanitaria; que los rezagos sociales y las carencias de infraestructura básica se mantienen al alza. En fin, ya veremos.

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