Aprender la lección

Pablo Hiriart

Un buen amigo me comentó una serie de reflexiones atribuidas a Bill Gates –y seguramente lo son, o de su equipo– a raíz del virus que todos sabíamos que iba a venir y no nos preparamos. Ojalá aprendamos la lección.

Las ideas son universales, así es que cito casi de memoria lo que creo que dice Bill Gates y pongo entre paréntesis las que son opiniones propias.

Esta epidemia, que nos mantiene reprimidos por un corto periodo, nos recuerda a quienes pasan toda su vida oprimidos.

(Una semana de encierro en nuestras casas o departamentos nos tiene alterados y con ganas de desafiar a la epidemia para salir y ver la primavera, hacer vida social, reunirnos con los amigos…. Es buen momento para ponernos en el lugar de los refugiados, por ejemplo. Hay niños que nacen y viven por siempre en una tienda de campaña en los campamentos palestinos. Envejecen sin haber visto un árbol. No pueden siquiera visitar la tumba de sus abuelos, que fueron libres… Nos sirve para recordar lo que es capaz de hacer la especie humana al recluir por años a mujeres y hombres porque eran judíos y se les encerró con alambradas, amontonados, semidesnudos en la nieve, casi sin alimentos, hasta que murieran de frío, inanición, o los mataran… Debe recordarnos a los refugiados haitianos y africanos en nuestra frontera sur, que llevan meses encerrados, apretujados en condiciones insalubres, y no pueden salir… Recuerdo haber visitado hace 30 años el ejido Núñez, en el altiplano potosino, donde entrevisté a un adolescente que no había visto jamás la lluvia. Ahí se quedó, encerrado en la planicie reseca donde sólo sobreviven las ratas –su alimento–, y ellos).

Nos recuerda que todos somos iguales, independientemente de nuestra cultura, religión, situación económica. La pandemia nos trata a todos por igual… como deberíamos tratarnos entre nosotros. Lo que afecta a unos afecta a otros. Existen falsas fronteras que hemos trazado y no tienen ningún valor para el virus que no requiere pasaporte.

(Los pasaportes surgieron con la Primera Guerra Mundial, por lo que a casi todos los emigrantes del Oriente Medio se les conocía como “turcos”, sin serlo, pues venían de la dominación otomana. Para cruzar a Estados Unidos no se requería papel alguno. Tampoco si uno quería ir de Francia a Alemania, donde –narra Umberto Eco en El cementerio de Praga– te dabas cuenta que ya estabas en territorio germano por el enorme tamaño de las heces a la orilla del camino… Para ir de Chile a Argentina sólo se necesitaba un caballo y un poncho… ¿Qué nos pasó? ¿No que muy globales?)

La pandemia nos recuerda que debemos tener nuestros egos balanceados. Nos recuerda que no importa cuán grandes o importantes pensemos que somos. El virus puede detener al mundo entero… Nos recuerda que el poder de la libertad está en nuestras manos. Podemos escoger la cooperación y la ayuda entre nosotros, compartir, dar y apoyarnos, o podemos escoger ser egoístas, avaros, ver nada más por nosotros mismos. En verdad estas dificultades hacen que se vea de qué estamos hechos.

Nos recuerda que la Tierra está enferma. Observemos la deforestación. Estamos enfermos porque nuestro hogar está enfermo… Si bien muchos ven al coronavirus como un gran desastre, se puede ver como un gran corrector.

(Ahora el mundo recibe las señales de alerta y nos dice dónde están los correctivos, en qué deben gastar nuestro dinero los gobiernos: en lo básico, salud… Días después de los atentados a las Torres Gemelas y al Pentágono en 2001, funcionarios mexicanos fueron requeridos de urgencia a Washington para una reunión con la plana mayor de la

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