Apuntes sobre la reelección en Durango

Desde hace aproximadamente 15 años, surgió en México un movimiento pro reeleccionista de legisladores e integrantes de ayuntamientos. El argumento fue que tres años eran insuficientes ya sea para hacer carrera legislativa o para consolidar los planes de un gobierno municipal.

Felipe Tena Ramírez, hacía hincapié en que el principio revolucionario de la no reelección era totalmente antidemocrático, pues limitaba la voluntad de los electores por mandato constitucional.

A la par de esta postura, los promotores de la reelección en nuestro país, afirmaban que en el caso de los parlamentos, era indispensable implementar esta figura para tener legisladores de carrera, puesto que en tres años no se alcanzaba a entender el entramado parlamentario. Lo mismo sucedía con los presidentes municipales en la ejecución y continuidad de sus planes de desarrollo.

Igualmente, se comentaba que esta figura permitiría a los ciudadanos calificar el desempeño de sus presidentes municipales y legisladores, ya fuera premiándolos o castigándolos mediante el voto popular.

Sin embargo, también existieron voces encontradas como aquellas que hablaban de la perpetuación en el cargo, en el caso de los legisladores de carrera que dejarían en desventaja a aquellos que se presentaban por vez primera a una elección así como crear la restricción de esta figura para los legisladores elegidos por el principio de representación proporcional.

En esta ocasión, quiero hacer un recuerdo de mi querido maestro don Enrique Arrieta Silva, quien era el más convincente opositor de la reelección, pues consideraba que era el primer paso para que después se diera en gobernadores de los estados, -que dicho sea de paso, el Dr. Edgar Alán Arroyo Cisneros, en su obra de Reforma del Estado, una propuesta para Durango, propone que los periodos para los ejecutivos estatales sean de cuatro años con derecho a una reelección- hasta llegar a reinstaurarla en la Presidencia de la República; y si hacemos una reflexión, los fantasma de Benito Juárez y don Porfirio, rondan por Palacio Nacional. 

No obstante, en la práctica, en las pasadas elecciones de 2018 y 2019, dimos testimonio de cómo se pervirtió esta figura, quedando muy lejos de lo que se soñaba, en que fuera un instrumento de evaluación para los ciudadanos. Veamos por qué:

En el caso de la reelección legislativa, vimos el caso de un diputado local que se volvió a postular, pero por un distrito totalmente diferente al que había llegado al Congreso del Estado en 2016. Es aquí en donde no se cumple el espíritu de la reelección, pues los electores del cuarto distrito, no tuvieron la oportunidad de calificar a su representante mediante el sufragio; por lo que se debe adicionar al artículo 70 de la Constitución Política del Estado de Durango, la precisión de que la reelección debe ser por el mismo distrito por el que se compitió e igualmente, dejar claramente establecido el tratamiento que recibirán los legisladores elegidos por el principio de representación proporcional. Muchos dirán que los diputados legislan para todos, no obstante, no los exime de estar cerca de su distrito y someterse a la evaluación popular.

En lo que se refiere a la reelección de presidentes municipales, en la contienda electoral del año pasado, atestiguamos que se le dio vuelta a los principios constitucionales de la reelección, ya que el entonces alcalde de la capital del estado se postuló por un partido distinto a quienes lo llevaron a la victoria en 2016 e invocando precedentes judiciales, no se retiró del cargo, dejando en desventaja a los demás candidatos. Previo a eso, se había separado del puesto de manera definitiva para ser candidato a senador y regresó sin que nadie pusiera objeción. Por ello es que también se requiere adecuar el artículo 149 de la Constitución de Durango, para que los presidentes municipales, síndicos y regidores que pretendan reelegirse, se separen 90 días antes de la elección y procurar así, condiciones de equidad en las elecciones venideras.

Todo esto, en afán de que no se siga pervirtiendo el origen de la reelección de legisladores locales así como de integrantes de los ayuntamientos, pues reitero, el espíritu era premiar o castigar a nuestros representantes por medio de esa arma tan valiosa como letal, mejor conocida como sufragio.

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