Benito Juarez: patriota y Padre de la República

Hermilo González Olivas

“En el panteón de los héroes ¡Juárez preside!”: Alejandro Gómez Arias

Datos biográficos.- El 21 de marzo de 1806, nació Benito Pablo Juárez García en el pueblo de Guelatao, ubicado en la sierra de Ixtlán estado de Oaxaca. Este humilde pastorcito Zapoteca, salió de su pueblito natal para radicar en la ciudad de Oaxaca, donde tuvo la fortuna de conocer a don Antonio Salanueva, quien generosamente lo acogió en su hogar y fue el impulsor de su educación; lo inscribió en el seminario porque quería que hiciera carrera eclesiástica; sin embargo, Juárez tenia vocación por la carrera de leyes y se inscribió en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, donde se graduó como abogado y luego se dedicó a la política siendo diputado y luego gobernador de Oaxaca. Cuando López de Santana fue presidente –una de las 11 veces que usurpo el poder- desterró a Juárez, quien hizo amistad con otros liberales también desterrados en la Ciudad de Nueva Orleans. Juárez fue presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y luego presidente de la república.

Más allá de su biografía, lo que importa destacar de Benito Juárez, son los hechos que protagonizó como patriota y estadista: su liderazgo al frente de la pléyade de mexicanos liberales que forjaron las leyes de reforma, en su lucha contra los conservadores respaldados por el poder eclesiástico, y construyeron la estructura institucional del Estado laico que separó los asuntos de la política  de los asuntos de la iglesia – trasunto histórico protagonizado por Jesus de Nazareth al responderles a los fariceos “dad al César lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”- y que abrió el horizonte a la libertad de creencias religiosas y a la educación laica. Destaca también su liderazgo presidencial frente a la invasión francesa, – promovida por los conservadores apátridas y respaldada por Napoleón III con pretensiones colonialistas – que mantuvo  con integridad inquebrantable y con valor y perseverancia, llevando el símbolo sagrado de la Republica hasta los confines de la frontera Norte del territorio mexicano, en cuya ruta itinerante tuvo la fortuna de encontrar el apoyo de muchos mexicanos leales –como Silvano Torres Flores, originario de Nazas, Durango-. Es importante recordar, que también tuvo el apoyo del presidente de USA Abraham Lincoln – circunstancia histórica en la que nos favoreció la doctrina Monroe-. Juárez, restaurador de la Republica escribió para siempre en los fastos de nuestra historia, su nombre legendario que desde entonces anida en el corazón de los mexicanos bien nacidos y así será hasta el final de los tiempos, a pesar de sus detractores. Si, vio la luz primera el 21 de marzo de 1806 en Guelatao y el anochecer de su existencia en Palacio Nacional el 18 de julio de 1872, justamente en la sede del poder de la Republica que defendió con insobornable patriotismo; por eso fue reconocido en toda América y en el resto del mundo; por eso sus principios de gobierno – establecidos en el espíritu normativo de nuestra Constitución Política – son legado y son inspiración para los verdaderos políticos, los hombres y mujeres que entienden lo que son los deberes de Estado y de patria.

Finalmente, como humilde tribuno que soy, permítaseme compartir estas reflexiones: al despuntar el siglo XX, el ilustre tribuno chihuahuense Jesús Urueta afirmó refiriéndose a Juárez “el polvo que piensa no vuelve al polvo. La idea es fuerza de incalculables resultados: penetra, se difunde, se transforma eternamente…”. Por su parte, el líder universitario de 1929 y brillante tribuno Alejandro Gómez Arias, nos legó este pensamiento alegórico “en el panteón de los héroes ¡Juárez preside!”. Saludos a la comunidad universitaria juarista de Durango, que mantienen la tradición de hacer guardia en el monumento a Juárez que se levanta en el paseo de las Alamedas de esta hermosa ciudad colonial.

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