Ciberataque a la 4T

Por Fernando Ramírez Guzmán

Tal y como lo dio a conocer el periodista Carlos Loret de Mola el pasado jueves, la Secretaría de la Defensa Nacional fue víctima de un ataque cibernético (Hackeo, se le conoce) a través del cual sustrajeron informes de inteligencia, fotos, videos y demás tipo de información marcada como confidencial. Entre otros asuntos, deja al descubierto el estado de salud del presidente, importante tema para el interés público. La primera reacción del gobierno, y del propio AMLO ha sido el minimizar el hecho. Sin embargo, entraña un problema con varias aristas que le impactará en el mediano plazo.

Los más de 4 millones 144 mil documentos almacenados en 6 Terabytes los cuales han empezado a ser compartidos entre activistas y periodistas por el colectivo Guacamaya, cuyos integrantes se identifican como hacktivistas y son una organización sin fines de lucro que tiene como objetivo: “Entregar la información a los pueblos para remover la digna rabia, para que las que no hayan visto, vean y para pensar en la liberación de los pueblos y de la Madre Tierra”.

En la conferencia mañanera del viernes 30 de septiembre, el presidente López Obrador confirmó la nota, aceptando que la Sedena había sufrido un ataque cibernético. Reconoció, además, que tiene diversos padecimientos de salud, el más grave de ellos, hipertensión, pero también problemas de la tiroides y gota. Afirmó que, sin embargo, se siente bien, y no piensa que corra el riesgo de perder la vida en el ejercicio presidencial.

Trató de desestimar el tema argumentando, como lo ha hecho en otras ocasiones, que no tiene nada que esconder. Y no solo eso, pidió a su equipo de comunicación que pusieran un video de canción de Chico Che, cuya letra trata de una persona que tiene varios padecimientos, como para desdramatizar y minimizar la gravedad de la sustracción de información.

Se puede decir que una de las causas que originaron el ataque cibernético ha sido el tema de la austeridad del gobierno de la 4T, gracias a la cual no se han cambiado los servidores, el equipo de computo, ni se ha invertido en instalar programas que impidan cualquier acto externo de sabotaje.

Se ha cometido una violación a la seguridad del Estado mexicano, pero AMLO ha quedado preso de sus palabras y sus actos. Le hizo entregar las llaves de la Ciudad de México a los padres de Julian Assange, el hombre que se hizo famoso en 2010 cuando, a través de WikiLeaks, publicó cientos de miles de documentos secretos de Estados Unidos que evidenciaron el abuso que cometió en las guerras de Irak y Afganistán y que obtuvo vía el ataque cibernético.

Además del estado de salud del presidente, o de algunos abusos sexuales cometidos por el ejercito, se han podido saber algunos caprichos que se ha permitido el secretario de la Defensa Nacional como el ordenar que borden con sus iniciales y las de su esposa las toallas de su casa. Será cuestión de tiempo para que periodistas que tengan acceso o les hayan proporcionado la información sustraída puedan armar alguna nota de alto impacto.

Por esa razón, el hackeo del colectivo Guacamaya, ha conseguido lo que nunca nadie en lo que va de la presente Administración federal, quitarle el control de la agenda informativa al gobierno y a AMLO. No tienen idea de como se vendrá la información que se ha sustraído. Deberán de esperar a que se publique y en base al impacto que tenga, responder.

El asunto es más grave de lo que piensa el presidente. No es para poner una rola de Chico Che.

ladoscuro73@yahoo.com.mx

 

@ferramirezguz

 

 

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